Bulos, fake news, periodismo de calidad e información oficial

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En homenaje a quienes dieron su vida por decir la verdad.

¿Alguna vez nos hemos planteado la importancia que pueden tener en nuestras vidas las fake news en esta crisis? ¿Y si las fake news fuesen en esta crisis el menor de nuestros problemas?

El objetivo de los bulos y fake news es influir en la percepción de la sociedad. Son “útiles” (para la causa que los utilice) en momentos relativamente cortos de tiempo. Un ejemplo puede ser un atentado terrorista. O el 1 de octubre en Cataluña, donde cualquier desalmado puede poner una noticia y dar la sensación de que aquello es Kiev. También, si no se detectan, pueden sedimentarse en la gente, creando nuevas tendencias de comportamiento, pero éste es más un trabajo de hormiguita y muchos inputs.

Este tipo de fake news pueden tener un éxito puntual porque, al darse en momentos concretos y en los que se recibe muchísima información simultáneamente, el impacto de su información puede tener más éxito. Si además causa que alguien cometa una estupidez, las repercusiones pueden ser importantes (confiemos que no pase como en Homeland).

Dicho esto, un elemento clave que se está ignorando en esta crisis es el rol de la libertad de circulación. Una persona puede grabar algo con su móvil y difundirlo por las redes en base a que es libre para moverse y grabarlo. Hoy esto no existe, y de existir tendría un impacto limitado.

Otra variable que incide en su éxito es la capacidad de verificar la información. Cuando no sucede nada, los factcheckers (cuyo primer requisito no es pertenecer a un medio de comunicación sino la honestidad) tienen tiempo para analizar la información y cuestionar su veracidad. En un contexto donde la gente está encerrada en sus casas, esta premisa no es real. Es decir, no hay ni velocidad de la información ni hechos verdaderamente relevantes que justifiquen un temor relevante contra las fake news porque no pasa nada.

El caso que mejor ejemplifica la inoperancia de las fake news en este contexto es el de Alvise Pérez, personaje con 120.000 seguidores en Twitter, al que se le ocurrió decir que Manuela Carmena, ex-alcaldesa de Madrid, había recibido un respirador en su casa. Demanda al canto. Pero es que la noticia la desmontó la propia Manuela Carmena.

Hay otros casos en los que se le pretende dar difusión a una información que te conviene para cambiar tratar de compensar otras opiniones.

Aquí tenemos el caso de la señora Almudena Balongo. En el momento de capturar las imágenes tenía estos seguidores. Y, por el tuit siguiente, consiguió más de 18.000 retuises en pocas horas.

¿Alguien puede decirme cómo esta persona puede alcanzar con esa popularidad más repercusión que una petición de auxilio de algo útil?

El tuit original se refiere a un estudio de control que no habla del éxito o de fracaso de las medidas, sino del nivel de implantación de dichas medidas según los países. Para que nos entendamos, si se aplican tests, se aplican medidas de confinamiento… Ni de coña puntúa a España desde el punto de vista de mejor o peor. Pues ahí lo tienes. Eso es una campaña de bots, y no lo de VOX.

A las pocas horas, y no en su descargo sino en su honor, debe decirse que rectificó y eliminó el tuit original.

Pero qué curioso. Se habla de un millón y medio de cuentas falsas para difundir informaciones interesadas sobre el coronavirus, y resulta que todas son de extrema derecha… Así pues, ¿de dónde consiguió tanta repercusión espontánea?

Frente a laso muy puntuales repercusiones de las fake news, bastante similares a encender una cerilla, las consecuencias de las manipulaciones y de los errores en los medios de comunicación se asemejan a llenar el almacén con bidones de gasolina, dinamita, queroseno y algo de napalm. No obstante, como todo, también depende del talento del artista.

A veces, como en el caso de Carlos del Castillo, crees que tienes un momento de inspiración y te sale un chiste que publicas en eldiario.es y al que titulas:

Los terraplanistas del coronavirus: la red para contarte “la verdad” está impulsada por conocidos difusores de bulos

El artículo, cuyos primeros párrafos contienen una falacia del hombre de paja, un ad hominem y… en fin, fusilo vilmente el primer párrafo y una “gráfica” y saquen ustedes sus conclusiones.

Al margen de los tres mencionados a la izquierda, ¿pueden ustedes leer algún nombre? Pues en el artículo original tampoco se lee un pimiento en la imagen, descuiden.

El artículo es un truño infumable que se basa únicamente en que el Luis del Pino defendió la teoría alternativa de los atentados terroristas del 11M y el ya mencionado Alvise Pérez y su aportación en la vida privada de Manuela Carmena. Con eso, se pretendería dar la sensación de que todo viene de una banda criminal que tiene por objetivo desestabilizar al Gobierno. No es que tengamos 15.000 muertos sobre la mesa y la economía esté al borde del colapso con el cabreo social que ello implica. Tampoco crean que hay recopilaciones de tuits, pruebas de que alguien controla los bots… Nada. El artículo era tan infumable que unos graciosos se dedicaron a hacerse pasar por bots rusos… Hasta que Elisa Beni se lo creyó. La broma, si bien rápidamente desmontada (tampoco tenía otra intención), fue posteriormente devorada por Ana Pastor. En su defensa sólo les diré que las hay peores. [No, no se menciona ni a Juan Ramón Rallo, ni a Juanma López Zafra, ni a Bidatzi, ni a Matthew Bennett, ni a nuestro querido Daoiz, a lo mejor porque ellos no son fake news].

De acuerdo. Y ahora pregunto: ¿cuánto daño puede causar la estupidez de los medios de comunicación? ¿O incluso que los medios de comunicación se basen en premisas equivocadas?

En un programa de televisión, en 2 de marzo, los dos presentadores abrazaron a todos los asistentes, a sabiendas de que uno de ellos era portador del coronavirus [**]. Y sí. Lo hicieron con toda su buena intención. Pensaban que no tenían consecuencias graves. Se guiaron en las consecuencias de los expertos. Y el resultado ha sido… Díganme. ¿Cuántas vidas puede costar esa decisión basada en las buenas intenciones? Se han apostado toda su credibilidad y su prestigio pensando que tenían una mano ganadora, de mínimo riesgo y de máximo beneficio, y no solo es que hayan perdido, es que resulta ser lo de menos en comparación con el impacto sanitario.

[**] Actualización 10/04/2020, 14:18. Risto Mejide afirma que se omite un fragmento en el que después se afirmaría que no había ningún caso de coronavirus entre el público. Por la parte que me toca, rectificación y petición de perdón. Nos queda la parte donde se minusvalora el problema.

[Antes de que me vengan con el Capitán A Posteriori, me gustaría decir que mi comprensión de que teníamos un problema muy serio fue el 25 de febrero. Si tu portavoz afirma A y al poco tiempo resulta B, es que no controlas la situación en absoluto (fueron cinco casos aquel día, pero en lugares distintos)].

Esta misma apuesta se ha reproducido en otros medios de comunicación. Y aquí no es cuestión de decir que los de izquierdas son peores que los de derechas. En el mismo saco podemos meter a Carlos Herrera. Escuchando a “los expertos”, han hecho apuestas seguras jugándose su credibilidad y han perdido. Lo de La Sexta merecería un libro aparte con prólogo de los señores García Ferreras y Ana Pastor.

Hasta ahora, la mayor fake news de la historia del periodismo español (que no la mayor mentira de nuestra historia*) fue la de un señor que, no sabemos de dónde diantres sacó la información, afirmó un par de días antes de las elecciones generales de 2004, un 12 de marzo, que se había encontrado a un terrorista suicida con tres capas de calzoncillos en los trenes de Madrid. Ya conocemos las consecuencias de tener a José Luis Rodríguez Zapatero en el poder.

Y, finalmente, tenemos las decisiones de los Gobiernos y sus expertos™.

Veamos la comunicación de diferentes Gobiernos y dejaremos de lado la postura británica basada en la idea de la inmunización de grupo, que a estas alturas no parece la más eficiente (fue una decisión equivocada con resultados desastrosos, no una manipulación de la información).

  1. ¿Alguien puede creerse los datos del Gobierno chino? ¿En qué medida la confianza en los datos chinos ha causado que aquí no se fuese más agresivo contra el coronavirus?
  2. ¿Alguien puede tomarse en serio a la OMS cuando avala la postura del Gobierno chino?
  3. ¿Alguien no enfermizamente enamorado o salarialmente dependiente del actual Gobierno de España cree que la apuesta del Gobierno de seguir con el 8M cuando días antes había enviado una lista de conductas a evitar a causa del coronavirus le ha salido bien?
  4. ¿Alguien cree sostenible el retraso en la recomendación del uso de mascarillas?
  5. ¿Qué gobernantes han sido los más irresponsables del planeta? ¿Los estadounidenses, los mexicanos o los iraníes? ¿Se puede hacer el ranking con el listado de gobernantes más idiotas en base a su gestión?
  6. ¿Las informaciones de los expertos estatales suministradas a los medios de comunicación les han llevado a mantener una posición inicial frente al coronavirus más débil?

Pues no sé ustedes, pero a mí me salen muchos más ceros en la cifra total de muertos que todas las causadas por las fake news acumuladas a lo largo de la Historia. Y no estoy entrando en las cifras económicas, que van de las horrorosas a las apocalípticas y cuyas consecuencias no se pueden ignorar. Me limitaré a señalar que si la naturaleza es implacable, la contabilidad no lo es menos.

No, nos hemos guiado por las indicaciones de los expertos™, afirman expeditivos los políticos cuestionados. Fantástico. Nombres y apellidos de los expertos™, por favor. Porque esos expertos™ no pertenecían ni a la Organización Mundial de la Salud, ni a la Unión Europea, ni a los responsables de prevención de riesgos laborales de la Administración, ni a la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid ni a las propias Consejerías de Sanidad de las Comunidades Autónomas.

Lo que comento a continuación es una apuesta personal. No me sorprendería que los medios de comunicación hubiesen consultado a las mismas expertos que los gobernantes. No me sorprendería que los gobernantes hubiesen impuesto sus criterios políticos sobre los expertos, buscando ese “punto intermedio” entre “la cruda realidad” y “lo que me conviene”. Y así, sin quererlo, se crea una apuesta segura en la que la probabilidad de que un evento devastador suceda es bajísima y que resulta perdedora.

El error humano relevante en esta historia consiste en que sobrevaloramos nuestras capacidades y minusvaloramos nuestros riesgos. Es un sesgo cognitivo que permite grandes logros y permite que también sucedan grandes desastres. Claro, que cualquier empresario cuyo trabajador sufra un accidente laboral con estas permisas acaba en la cárcel.

Sin embargo, persistimos en la importancia de las fake news. Pues yo creo que la amenaza contra este Gobierno no son las fake news. Creo que la mayor amenaza para Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y sus lacayos es el Gobierno de Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y sus lacayos dando una rueda de prensa y sembrando el terror a base de incoherencias e insultos a la inteligencia de unos ciudadanos que necesitan certidumbre y esperanza, no ya sanitaria, sino económica. Y creo que, después de toda la montaña de basura propagandística que nos hemos tragado y de 15.000 muertos, la mayor fake news es la de un Gobierno que no tiene las agallas de pedir a la gente que se ponga mascarillas porque han destrozado las posibilidades de abastecimiento para la población desde el día 1, el mercado se ha vuelto imposible y las pocas que hay (a excepción de las del mercado negro o empeñando un hígado) son las que necesitan nuestros sanitarios para seguir salvando vidas.

Mientras esto sucede, no nos queda seguir aguantando la campaña de intoxicación por parte de unas buenas personas cuya única motivación real, lamentablemente, parece ser la desesperada necesidad de mantener su empleo ante lo que tiene toda la pinta de ser una futura debacle electoral. Como decía Pablo Iglesias, “en política no se pide perdón, en política se dimite”.

* Hasta los últimos tres meses, la segunda mayor mentira de nuestra historia reciente fue ver a Zapatero y Solbes negando la crisis económica que se avecinaba. La mayor, la de Aznar afirmando que los responsables del 11M fue ETA. Nótese que en ambos casos les pudo la cabezonería y, especialmente, la conveniencia de que fuera así. Los mismos sesgos.

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2 comentarios en «Bulos, fake news, periodismo de calidad e información oficial»

  1. El Gobierno mandó a “confiscar” mascarillas a la Guardia Civil a un fábrica que suministraba a la Junta de Andalucía.
    No hizo lo mismo con la que suministraba desde Zamudio al PNV, perdón a las Provincias Vascongadas.
    Ahora, los del PNV, vuelvo a pedir perdón, los que mandan en las Provincias Vascongadas, han montado una fábrica que ya tiene pedidas SESENTA MILLONES DE LAS MÁS CARILLAS.

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