La genialidad de nuestros políticos

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Un billón de euros. Cuesta escribirlo. En el caso español, son 100.000 los millones de euros los que se van a meter para salvar a los bancos. Lo más chistoso es que estos cachondos a los que tenemos por políticos quieren vendernos ahora que semejante dineral no va a salir del dinero de los contribuyentes. Menos mal que ellos están pendientes de nuestras necesidades. Por suerte, resulta obvio que con el 60% del PIB que tienen de media los contribuyentes europeos para disfrutar de sus innecesarios lujos tales como la hipoteca y demás cosas relacionadas con llegar a fin de mes, hay margen más que suficiente para conseguir eso y mucho más.

Pensarán, queridos lectores, que un servidor es un malpensado que siente una fobia absoluta hacia todo lo que provenga del Estado o que padece una carencia de originalidad a la hora de buscar alternativas. Eh, eh, eh… eso de privatizar y reducir el gasto público no vale. En estos tiempos en los que el liberalismo ha demostrado que aún no ha nacido pero es el culpable de todo hay que ser creativos. A fin de cuentas, 100.000 millones de euros es casi un 7% del PIB español. Y hay un reto más: no lo puede notar el bolsillo de los contribuyentes.

La primera idea que se me pasa por la cabeza es la de que el estado ponga a la venta deuda pública. Los 15.000 millones de déficit no son nada comparados con la que se nos avecina, pero esto puede tener una contrapartida interesante: El Estado da dinero a los bancos, estos a los inversores y estos compran los bonos. Un maravilloso círculo que no genera ningún valor, pero que a bancos e inversores les vendría de perlas.

Otra posibilidad es la de emitir dinero. Es decir, darle a la maquinita de hacer billetes, devaluar la moneda como los campeones, generar una inflación que llegue a los niveles de Venezuela y estar tan felices. Salvo por el hecho de que eso empobrecería a la ciudadanía y que, además, sería un impuesto encubierto, no habría ningún problema. Además, tiene la ventaja de que se complementa muy bien con la primera idea.

La siguiente opción consiste en aumentar el PIB ese 7% a base de producción, pero eso implicaría que todos nos pusiéramos a trabajar a destajo en una economía que tiene una segunda crisis subyacente y encubierta, como es la de la construcción. No obstante, el optimismo que me dan los datos sobre falta de cerebros y talento en general no consigue que sea capaz de deshacer las maletas que había pensado llevarme para cambiar de país.

No podemos olvidar la receta mágica de los políticos: la nacionalización. El socialista de derechas Bush ha demostrado que el pragmatismo está muy por encima de la razón, y si de lo que se trata es de no ser recordado como uno de los políticos más desastrosos de la historia, los del gremio europeo pueden ver su gran sueño hecho realidad: “Como los liberales han decidido nacionalizar los bancos, nosotros no vamos a ser menos. ¡Nos están dando la razón!” No le costaría “nada” al contribuyente, se crearía la falsa ilusión de que el sistema es seguro porque detrás está el Estado y todos felices. Un sistema semipúblico e intervenido de bancos es el sueño de todo banquero. También es cierto que eso sería algo así como repetir el modelo de Freddie Mac y Fannie Mae, pero aquí toda la culpa la tenía el capitalismo salvaje y los sueldos de los altos ejecutivos, aunque tales cosas no tuvieran nada que ver. No conviene olvidar la posibilidad de que las nacionalizaciones impliquen que el Estado asuma los créditos basura (que, recordemos, no le costaría a nadie) para sanear un sistema que no se lo merece.

Esto es lo que se les ha ocurrido a los políticos. Todas ellas medidas fracasadas en el pasado. Si el Estado fuese una empresa que compitiese en un mercado libre, tendría los días contados. Cualquier empresa que esté atravesando una situación de crisis debe intentar ser flexible y creativo a la hora de buscar soluciones. Sin embargo, lo único que han propuesto es intervenir aún más en la vida de la gente. Brillante.

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6 Respuestas a “La genialidad de nuestros políticos”

  1. Vamos Burrhus, el elefante neocón. Bush no es ningún socialista ni de derechas ni de nada. Lo de Bush es conservadurismo rancio que no llega a ultra porque no lo permite la Constitución Estadounidense.

    La política de Bush fue de proteccionismo de la economía e intervencionismo a favor de la industria petrolera y del armamento pero con fuertes reducciones del gasto social como consecuencia de fuertes reducciones de impuestos a grandes fortunas. Es decir, fue quitar dinero a los de abajo para dárselo a los de arriba, todo lo contrario de la distribución equitativa de la riqueza que pretende el socialismo independientemente de que los grupos de presión se lo permitan o no.

    Y esas ganancias desmesuradas de banqueros y directivos de altas empresas y banca fueron un saqueo que se pudiera haber evitado si no hubiera habido tanta desregulación efectuada por Bush.

    Ahora todos pagamos los platos rotos y los políticos partidarios de tantas desregulaciones ahora tuvieron que hacer lo contrario, con nacionalizaciones e intervencionismo con el dinero de todos porque si nó la caida de dichas entidades financieras supondrían una crisis de liquidez crediticia y financiera tan catastrófica que el derrumbe económico actual es un juego de niños en comparación con lo que ocurriría.

    El Estado necesita controles fuertes y rigurosos para que no robe ni abuse y por eso somos partidarios del Estado de Derecho. El poder económico también los necesita, si no, roban y abusan también, como ocurrió y ocurre.

  2. No pretendo crear ansiedad ni echar por tierra la motivación de ningún bloguero. Lo que digo es que es hora de releer el libro de Job, echar una ojeada alrededor y decidir si se está dispuesto a echar p´ adelante. Porque hay que hacerlo. Es un deber cívico, con independencia de los retornos que ofrezca.

    Me inquieta en esos programas vespertinos de TV cuando gente joven (bueno, a veces más que yo) y en apariencia lúcida razona y motiva una acción altruista o incluso heroica de haberse arriesgado por álguien, exclusivamente en la reciprocidad:

    “A mí también me gustaría que me ayudasen, de verme en una situación parecida…”

    O con argumentos tipo “Sin tetas no hay paraíso”

    “…Me dio pena verle sufriiiiirr, mi amol”,

    …cosa que puede suceder con un perro o con unos caracoles antes de hervirlos.

    Naturalmente que tiene que haber otras razones motivadoras más concretas en el fondo, pero es una buena señal de madurez ética el que lo primero que sienta la conciencia sea el deber como tal, no blandos afectos por identificación.

    Y es que uno de nuestros problemas de fondo consiste en que ya no se toma en serio el deber por el deber. La seriedad del deber parece no captarse. Y por eso añado esto.

    La motivación del deber parece haber consistido siempre en la autoridad, en una autoridad cualitativamente superior al orden de los estepaisanos corrientes. Lo dice Bruselas! Lo dice Alcorán! Lo dice Florentino Pérez!

    Pero ahora el sentimiento del deber ha perdido mucha fuerza, han quedado algunos esquemas mentales o moldes vacíos de antiguos deberes vivamente sentidos, hoy seguidos por rutina o por no quedar mal o por miedo al radar, pero sin convicción. Es cada uno por su cuenta.

    Bueno, pues que cada uno se palpe su fuste torcido y decida cuáles son sus convicciones.

  3. El pollo financiero global ((c) Roger Senserrich) ha servido de catalizador para un cambio de actitudes que se venía gestando desde hace tiempo. La gente estaba ya un poco harto de la retorica y la práctica liberal, del vive y deja vivir, del globalismo, de la pazzz y la concordia.

    Hemos llegado al tiempo de los aventureros, de los niños mimados, sin la menor idea de dónde se meten, que malversan el legado de sus padres. Y lo malo es que las razones de Rodríguez Braun, Rallo, Sala y Martín o Von Hayek les suenan a viejo, a viejísimo. Es difícil de aceptar, pero va a dar lo mismo que Gozalbo, Rato o Kantor se desgañiten. El liberalismo, independientemente de sus valores de verdad, está pasado de moda.

    Y a su debido tiempo, el laicismo.

  4. Crear algo de inflación depreciaría al € y favorecería las exportaciones europeas, también empobrecería a la sociedad europea que debería trabajar más para mantener el nivel, quizás entonces la productividad creciera…

    En todo caso, un plan desesperado para evitar que quien tiene liquidez -chinos y arabes- acaben de comprar las últimas empresas cotizadas de occidente, mismamente los bancos.

  5. “Para poder triunfar, la insurrección debe apoyarse no en una conjuración, no en un partido, sino en la clase más avanzada. Esto en primer lugar. La insurrección debe apoyarse en el auge revolucionario del pueblo. Esto en segundo lugar. La insurrección debe apoyarse en aquel momento de viraje en la historia de la revolución ascensional en que la actividad de la vanguardia del pueblo sea mayor, en que mayores sean las vacilaciones en las filas de los enemigos y en las filas de los amigos débiles, a medias, indecisos, de la revolución. Esto en tercer lugar. Estas tres condiciones, previas al planteamiento del problema de la insurrección, son las que precisamente diferencian el marxismo”
    El marxismo y la insurrección. V. I. Lenin

    ¿Suena a algo de lo que está pasando, no? Aprovechando el palo que se ha llevado el pueblo llano con la caída del sistema y el clamor de éste pidiendo soluciones, ante el desconcierto de las fuerzas establecidas que han fracasado en el modelo de intervención, los socialistas agarran e imponen un nuevo modelo más “progresista”, más “controlado”, más intervenido, más socialista… A fin de cuentas, lo mismo que ha fracasado pero multiplicado por mil. No importa la lógica, no importa la historia. Sólo importa la oportunidad.

    Y el pueblo dejándose llevar una vez más a un régimen de recorte de libertades y de pobreza. Como esto siga así, Luis, te recomendaría que empezaras a plantearte en el blog una nueva categoría en plan “lugares atractivos para emigrar”.

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