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Un puñetero esperpento, eso somos

escrito por Manuel Fernández Ordoñez 18 noviembre, 2011

¿Cuántas veces lo he escrito? ¿Cuántas veces lo he dicho? ¿Cuántas veces lo he pedido a voces? Lo más importante en el tema energético (y en todos los demás) es un marco regulatorio estable, una seguridad jurídica clara que permita las inversiones. No se pueden cambiar las reglas a mitad del partido. No se puede jugar con unas reglas y, una vez que los inversores han puesto su dinero, cambiar las mismas y dejarlos tirados. Ese es un comportamiento propio de repúblicas bananeras, ex-repúblicas soviéticas y otro tipo de dictaduras. No es propio de un país europeo, no es propio de países democráticos y, lo que es más importante, los españoles no nos merecemos este bochorno internacional que destruirá empleo, riqueza y hará que nos señalen con el dedo durante años.

¿Qué ha pasado? Se preguntarán. Pues lo que ha pasado es que “Inversores extranjeros demandan a España por los cambios en la tarifa fotovoltaica“. Hemos escrito sobre este tema hasta la saciedad, pero resumamos rápidamente los puntos clave. Allá por 2004 se publicó en el BOE un Real Decreto que establecía el régimen de subvenciones que iban a recibir los productores de energías del régimen especial (la mayor parte energías renovables). Los grandes beneficiados eran los productores de energía solar fotovoltaica, que recibirían subvenciones del 575% sobre el precio medio de referencia. Repitan conmigo: ¡¡¡¡¡575%!!!!! Eso no es una subvención para incentivar la inversión. Eso es, directamente, un timo. No sé cuántos artículos habré escrito (y no solo yo) avisando sobre el timo fotovoltaico y la burbuja que se iba a formar. Ni caso, claro: “neocon, antiecologista, antiprogeso, negacionista, a sueldo del lobby nuclear, a sueldo del lobby del petróleo”. Todo esto me han llamado… por cierto, a estas alturas debería ser ya multimillonario por pertenecer a tanto lobby. Desgraciadamente sigo con mi nómina, mi hipoteca y levantándome a las 6 de la mañana para ir a currar.

El caso es que la burbuja fotovoltaica creció, creció, creció, se nos fue de las manos y explotó. Cuando entonamos el “ya os lo dijimos” se nos acusó de promover una conspiración contra las energías renovables, de querer destruir el planeta, etc, etc, etc. Vamos, el pataleo clásico de los que estaban equivocados y no lo admiten. Hasta el propio ZP (ya saben, “la Tierra pertenece al viento”) declaró públicamente que la solar había sido una burbuja. Así, cuando vieron que las cosas se les iban de las manos y que la sangría de millones en subvenciones era inaceptable, decidieron rebajar las primas de forma unilateral. En diciembre de 2010 se inventaron nueva legislación en uno de esos Consejos de Ministros que tanta gloria han dado a este país. Es decir, se cargaron el marco regulatorio de un plumazo y la seguridad jurídica se fue al carajo. No es la primera vez que pasa esto y, curiosamente, son siempre los mismos los que lo hacen. Esto ya sucedió en 1984 con la moratoria nuclear y todavía hoy, en cada recibo de la luz, todos los españoles seguimos pagando religiosamente el capricho socialista de aquel momento. No solo eso, sino que se frenó en seco la inversión en energía nuclear en nuestro país… y lo bien que nos vendría en estos momentos.

Ahora resulta que 14 fondos de inversión internacionales y compañías energéticas han presentado este jueves una demanda contra el Estado español. En esa demanda reclaman indemnizaciones de cientos de millones por haber recortado las primas a la solar fotovoltaica. El Gobierno español se comprometió con esos inversores al establecer una retribución estable mediante un Real Decreto y, una vez que ellos ya habían invertido unos 2.000 millones de euros, recortaron las primas. Esto es una canallada en toda regla y nos costará muy caro, no sólo por las multas que nos van a imponer, sino porque los inversores van a decir: “la próxima vez va a invertir en España tu p….”.

Según la oficina de abogados que va a llevar la demanda de estos inversores: “gracias a ese régimen tarifario y a inversores como nuestros clientes, España posee a día de hoy uno de los parques de generación fotovoltaica más modernos del mundo. Sin embargo, ahora que España se ha beneficiado de las inversiones de nuestros clientes, ha decidido desactivar el sistema de tarifa regulada. En resumen, España indujo a nuestros clientes a invertir miles de millones de euros en el sector fotovoltaico, y una vez que obtuvo el beneficio de tales inversiones, incumplió su parte del trato“.

Las primas a la solar fotovoltaica eran una ignominia, eran tan aberrantemente escandalosas que encuentro verdaderas dificultades para entender qué pasaba por la cabeza de los que desarrollaron esa legislación. Pero los inversores no tienen la culpa de ello. No se culpa al jugador, la culpa la tienen las reglas del juego. ¿Quién ha hecho las reglas del juego? Ese es el culpable. ¿Dónde está la riqueza generada por la solar fotovoltaica? ¿Dónde están las fábricas españolas para hacer paneles solares? ¿Dónde está la empresa insignia española: Isofotón? Pregunten, pregunten dónde está. Pregunten para qué sirvieron las primas.

En definitiva, nos comportamos con el niño que va perdiendo el partido y se lleva el balón. Hacemos y deshacemos leyes a nuestro antojo (y cada cual peor que la anterior), espantamos a los inversores y no respetamos nuestras propia legalidad. La cosa ya está bastante mal como para hacernos nosotros mismos el nudo de la soga… cada vez nos parecemos menos a Alemania y más a Venezuela.