Ludovico, el pangolín y la libertad

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Hay un mito recurrente cuando se habla de corrientes políticas esbozadas con brocha gorda. De hecho, la mayoría de los esquemas mentales en los que basamos nuestras vidas son mitos y se esbozan no ya con brocha, sino con rodillo. Y es normal, porque cuando se tiene uno que preocupar del trabajo, pagar la hipoteca y subir a decirle al vecino que llame al seguro porque le está mojando la cocina, no siempre quedan ganas para dedicar tiempo a un análisis fino de la realidad social y política que nos rodea. 

Pongámonos en ese esquema, tan sencillo como falso, con el que resumimos la política como una dicotomía entre izquierda (todos los partidos y grupos que expresamente dicen serlo) y derecha (el resto). El mito al que me refiero es el que atribuye a uno u otro bando una defensa parcial de la libertad, centrada en un aspecto determinado. 

Así, según la leyenda popular, la derecha defendería la libertad económica pero no la, llamémosle, moral. En cambio, la izquierda se caracterizaría por una defensa de esa libertad moral junto con la restricción de la libertad económica.

Sin embargo, como puede descubrirse a poco que se rasque debajo de la pintura, nada de esto es cierto en absoluto. En primer lugar, acotando las denominaciones y de forma algo más precisa, podríamos llamar socialismo (o comunitarismo, intervencionismo, antiliberalismo…) a ese batiburrillo que conocemos popularmente como izquierda y darle el nombre de conservadurismo (o tradicionalismo, antiliberalismo…) a lo que comúnmente se nos aparece como la derecha.

Y así, respecto de la parte de la libertad que ambos bloques considerarían (según siempre la creencia popular) como importantes, un mínimo análisis bastaría para derrumbar el mito.

No me extenderé demasiado en el plano económico, puesto que ya tenemos suficiente experiencia y hay mucho y muy bueno escrito en este mismo foro. En realidad ambas posturas abogan por un intervencionismo acentuado, y sólo difieren en qué gastar el dinero que extraen de los ciudadanos y a qué grupo concreto privilegiar frente al resto. Por mucho que nos pueda parecer paradójico, tanto derecha como izquierda defienden hoy en día su propio modelo de intervencionismo económico, y en ambos casos la libertad es un valor que no ocupa un lugar apreciable en su lista de prioridades.

Y lo mismo podríamos decir del aspecto moral. En lo referente a las decisiones vitales, las opciones sobre la propia felicidad de cada persona.  Aquí, tanto el socialismo como el conservadurismo son igual de coercitivos, y tratan de imponer su visión del mundo, de lo correcto y de la felicidad a cuantos viven bajo su amoroso puño de hierro.

¿No me creen? Veámoslo con un ejemplo, que quizá haga estas elucubraciones algo más amenas:

Les presento a Ludovico. 

Ludovico es perito tasador, con algo de presbicia, habla dos idiomas y colecciona calcetines temáticos por orden alfabético. Pero nada de eso es importante para nuestra historia, ni realmente para los planificadores socio-políticos que parasitan nuestras administraciones. Lo interesante es que nuestro protagonista pertenece a una minoría. Él se siente un pangolín vegano, y esa circunstancia, a pesar de ser lo que lo llena como persona, le produce en ocasiones un gran desasosiego ante la incomprensión de sus conciudadanos, la burla de desaprensivos y la indiferencia de las administraciones.

Ante esta situación, las posturas de los dos grandes bloques políticos serían más o menos estas:

1- Para la derecha, Ludovico es sin duda un ser humano, porque es lo que determina la biología, y sus sentimientos son irrelevantes, al igual que las decisiones que él pueda tomar sobre su estilo de vida. La acción de los poderes públicos debe centrarse en impedir que su pintoresca excentricidad moleste a los demás, o incluso pueda inducir a otros, quizá en situación de vulnerabilidad, a imitarlo. De hecho, es posible que se le llegue a ofrecer un tratamiento para que acepte su condición homínida y deje de sufrir por causa de su desviación mental.

En resumen, la postura del conservadurismo sería la represión de la libertad de conciencia de Ludovico.

2- Para la izquierda, en cambio, lo importante son los sentimientos de Ludovico. No sólo habría que permitirle comportarse como un pangolín vegano, sino que esa decisión vital se convertiría en una postura política y social, que trascendería la decisión personal para designar a un colectivo. Y como la tolerancia hacia el sentimiento de Ludovico es primordial, hay que ejercer todas las acciones posibles para que el resto de la sociedad vea a Ludovico como él quiere verse, promoviendo políticas públicas para ello. Desde campañas de publicidad y educación (incluso a los menores), hasta de ser necesario, imponer castigos a quienes se nieguen a aceptarlo. Y no olvidemos subvencionar sucedaneos veganos de hormigas para que no falten en su dieta.

En resumen, la postura del socialismo sería la represión de la libertad de conciencia de quienes no ven a Ludovico como él quiere verse.

Una muestra de la degradación de la sociedad en el mundo occidental es que todo el debate se centra en esos dos tipos de represión. En discusiones bizantinas sobre quién debe ser reprimido y con qué intensidad. No hay voces que hablen de libertad. Tan sólo de qué modalidad de su ausencia es la que debe imponerse y hasta qué grado.

Hay una tercera opción, claro. Sé que es sorprendente, pero existe. Que cada cual tenga derecho vivir según las legítimas decisiones vitales que cada uno tome libremente respecto de su propia existencia, sin que se le pueda impedir, pero sin que ello afecte a las igualmente legítimas decisiones de los demás respecto de sus propias vidas. Tenemos la opción de que Ludovico viva como quiera, y que el resto también lo haga. 

Así, ningún poder público podría imponerle o prohibirle a Ludovico una forma de ser o sentir, a la par que tampoco podría imponerle o prohibirle al resto que vieran a Ludovico ni de la forma que él quiere verse, ni de la contraria. Tanto derecho tiene Ludovico a verse como un pangolín vegano como su vecina a verlo como un flipado que pone la televisión demasiado alta. Se llama libertad de conciencia. Pero esta vez sí, de verdad. Libertad de conciencia para todos, no sólo para quienes desde el poder se piensa que están en lo correcto o, peor aún, que es conveniente para un determinado programa político o social.

Cuando digo estas cosas (sí, soy un provocador y un radical, qué le vamos a hacer) no falta quien protesta escandalizado porque eso lleva, tarde o temprano, a que dos concepciones vitales contrarias choquen entre sí, generando una disrupción en lo que debiera ser una sociedad ideal sin tensiones y llena de felicidad y armonía. A lo que no tengo más remedio que responder que sí, efectivamente, y que a eso se le llama vivir en sociedad y no en un zoo humano.

La libertad, especialmente la de conciencia, es incómoda, lo admito. Genera roces entre individuos, que deben ser sobrellevados de la forma en la que cada uno sepa o pueda. La alternativa, en cambio, es la imposición por parte del poder de un modo de vida y una moralidad concretos. Se puede defender esa opción, pero por favor, que no ensucien la palabra libertad poniéndosela como lacito para adornarla.

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Miguel A.Velarde

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6 Respuestas a “Ludovico, el pangolín y la libertad”

  1. Mi comentario anterior no iba en la dirección de ” la sociedad tiene la culpa” ¿eh? Puede ser que esté hasta los huevos de vagos y liberales encantados de haberse conocido, y uno que ni es vago ni liberal, cuesitionándose si esta bien o mal hasta la mas trivial decisión personal…O quizás sea un simpre ejercicio de resentimiento estándar…

    1. Como te digo, tus planteamientos personales son tuyos, igual que tus dudas sobre lo que está bien o mal. Yo prefiero seguir planteándome esas dudas respecto de mis decisiones, y que no me las imponga alguien que crea que sabe más o es mejor. Por eso soy liberal. Hay otros que prefieren la simplicidad de la obediencia. También es una decisión personal y legítima. Tan legítima como lo que pueda opinar yo de ellos.
      Y respecto a lo de vago, no conociéndote, no puedo opinar sobre ello. Imagino que si tú lo dices, será verdad que no lo eres ¿qué quieres que te diga?

  2. No se , no se…Suena un poco a superioridad moral: “¿cómo puede ser que unos conceptos tan básicos no sean entendidos con la misma facilidad que que los entiendo yo, por la chusma paleta?”
    El liberal también hace trampa: Es fácil serlo mientras le van bien las cosas. Generalmente olvida que quizás un montón de paletos contribuyeron a su comodidad esencial para desarrollar su esfuerzo individual y con él, su libertad de conciencia.
    ¿Pero aguanta estoicamente el liberal cuando las fronteras de las libertades individuales no se distinguen bien, y, por ejemplo, es reemplazado por un programa informático que creó otro librepensador, o su liberal mujer, se va con su liberal butanero por sus liberales cojones? ¿Nunca lo veremos llorar, preguntándose simplemente por qué la gente hace cosas injustas y malas? ¿ O solo le importará, como buen liberal, cuando lo perjudican a él?

    1. Podría decirte que no es superioridad moral, sino una sorpresa ante la inferioridad intelectual de personas que debieran, por su cargo y puesto, conocer determinados conceptos elementales y básicos. Y sobre todo, porque no es que no los conozcan, sino que teniendo la fuerza, prefieren ignorarlos porque están muy a gusto obligando al resto a vivir como a ellos les gusta.
      En cualquier caso, como cualquier liberal te podrá decir, y como creo que se deduce del artículo, los problemas personales de cada cual y cómo los afronte, son una cuestión de cada persona.
      Si prefieres que otra persona te solucione esos casos en que, como llamas, “las fronteras de las libertades individuales no se distinguen bien”, estás actuando como un niño que llora a su padre.

  3. Gracias por el artículo. Completamente de acuerdo. Muy buena explicación de lo que significa el liberalismo, en el sentido de lo que es la libertad individual de que cada cual pueda vivir su vida a su manera. Y efectivamente, tando la derecha como la izquierda intentan imponer sus particulares visiones de la vida. Lo malo es que la mayoría de la gente también es así. Por eso el liberalismo está de cada caída, por desgracia. Un saludo.

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