Aquí están los tiempos interesantes

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Pues sí, ya hay gobierno, o al menos las Cortes han elegido a un Presidente y los ciudadanos se alegran. Bueno, se alegran los que piensan que es algo bueno que haya gobierno; y entre ellos, los que tienen fe en que un gobierno soluciona problemas; y concretamente, reduciendo más el rango, los que creen que estos grupos políticos en especial, o bien les van a soltar pasta o bien van a hacer uso de la Fuerza (sí, es mi chiste del día sobre Star Wars) para traernos la felicidad de forma mágica.

Escribo prematuramente quizás, pero en mi descargo diré que no lo hago de algo que desconozca. Todos sabemos, en realidad, de quienes estamos hablando. Todos tenemos unos añitos y memoria (o no: «por desgracia, la perdición del hombre es el olvido», se lamentaba certeramente Merlín en la película de John Boorman). 

De modo que no hablaré aquí hoy de lo que ya he hecho reiteradamente: De esa coalición extraña de fascistas (que se creen estar creando algo nuevo y diferente) y comunistas (que se creen socialdemócratas escandinavos) que son Podemos y su escisión herética milhousiana de Más País, o su versión rústica regionalista de Compromís; Ni de ese resto arqueológicamente digno de estudio, superviviente de las corrientes místicas y racistas decimonónicas, como es el PNV; Ni de ese fósil superviviente de la guerra fría que trata de ser el PNV de izquierdas (el BNG); Ni del catetismo llevado a Madrid con la misión de suplicar subvenciones, de Teruel Existe (claro que existe, y resultó ser Jar Jar Binks); Ni por supuesto de ese cártel mafioso que hemos tenido la desgracia de sufrir cuatro décadas en Andalucía, que se hace llamar PSOE. Como digo, ya tenemos suficiente experiencia, de modo que no me extenderé en ello.

Escribo sólo para pedirle a usted, amable lector, que se lo tome con calma y paciencia, porque salvo que acaben apuñalandose entre ellos (cosa nada descartable, ni figurada ni literalmente), la cosa va para largo. Así que calma y paciencia.

Y va para largo porque la experiencia nos enseña que cuando facciones con estas ideologías llegan al poder, se agarran a él como garrapatas y allí siguen mientras puedan sacar sangre del huésped. Ya sé, ya sé. Me pueden echar en cara lo de «con estas ideologías». Que no es lo mismo un tradicionalista místico que un fascista, o un social-mercantilista que un comunista. Vale, sí, pero en el fondo son detalles. Les une lo esencial, que es su afán por usar el dinero de los demás para lo que sea que pretendan (hacer el Bien Universal, llevar a su raza a su versión particular de Agartha, llenarse sus bolsillos o crearse una red clientelar que los eternice en el poder).

Todos sabemos en realidad el resultado final, pero a corto plazo pueden vender como un éxito lo que no es sino uno de los síntomas de la enfermedad. Todos los regímenes estatistas siempre han tenido buenos resultados económicos durante sus primeros meses. Resulta algo lógico, porque al dedicarse al saqueo del tejido productivo de un país, tienen a su disposición suficientes medios para llevar a cabo un programa de gasto expansivo. Este espejismo de bienestar va durar más o menos dependiendo de la riqueza previa del país, de lo encarnizado que sea el expolio y del nivel de gasto.

Por supuesto, una vez estrangulada la gallina de los huevos de oro, arrasado ese tejido productivo, se aguantará algo más a base de deuda, aunque no durará mucho (¿nadie se acuerda de la prima de riesgo con la que abrían los telediarios en la época de Zapatero?), y por último, llegará el momento de maquillar los datos. Así una masa de parados sin recursos se alegrarán frente al televisor, cuando un presentador de noticias les explique sonriente que somos la primera potencia económica de la galaxia. Todo este proceso, previo a que empiecen a arder las calles, puede dar a sus responsables suficiente margen para una segunda legislatura, ayudándose con el siempre socorrido cuento de las malvadas conspiraciones internas y externas, y con el inestimable apoyo de los medios de comunicación.

Con suerte, llegado el momento en el que un número suficiente de ciudadanos se hayan dado cuenta de que los han estafado, puede que ya sea demasiado tarde.

Demasiado tarde, porque ya nos habremos convertido en una Democracia Avanzada.

Tendremos que ir acostumbrándonos
Tendremos que ir acostumbrándonos

Iba a dejarlo aquí, pero he pensado que quizá no se entendiera el tono de esa última expresión. Me explicaré bien, porque la desventaja de este medio es que no se me ve la cara mientras usted me lee: si de algo han sido dolorosamente conscientes los totalitarios de todo color, es que las dictaduras han perdido su glamour. Salvo algunos tiranos con solera, en el resto de sociedades decir que se va a acaparar el poder absoluto, aunque sea para hacer el bien, ya suena mal. De modo que todo dictador de este siglo se esfuerza por mantener una apariencia de democracia.

Muchos lo consiguen, al menos frente a una masa que cree que la única condición de una democracia es que haya elecciones. No se rían, que son sus vecinos. Los que han llevado al poder a nuestro flamante presidente y a sus socios.

Para ello, el primer paso es hacer digerible ante sus fans la destrucción de las bases del Estado de Derecho. Una buena campaña dirigida a pudrir la imagen del poder judicial (al legislativo le llegará más tarde y sólo si los planes no salen bien). Sin duda nos acordamos de lo que ocurrió en Venezuela: Se empieza con esas declaraciones lamentándose de que los jueces son viejos chochos, fachas desorejados, y que se empeñan en no permitir que el gobierno haga el Bien, porque sí, porque son así de malos. Una vez convencida la población, se puede purgar a la judicatura sin piedad, y sustituir a quienes no se plieguen a las exigencias del gobierno por otros obedientes. ¿Quién va a impedirlo? ¿Los jueces despedidos? ¿Y van a quejarse ante los afines al gobierno, que evidentemente darán la razón a sus amos?

Una vez destruida la separación de poderes, el gobierno tiene sus manos libres para perpetrar cualquier barbaridad. ¿De nuevo quién se lo va a impedir? ¿La Constitución? No necesitan ni modificarla. Un Tribunal Constitucional obediente y unos tribunales sumisos desestimarán cualquier intento de los pocos optimistas que queden, de defenderse según las reglas de un país civilizado.

Paralelamente, el control de los medios de comunicación es un paso esencial. En España ya hay mucho camino andado en ese sentido, pero aún se puede ahondar en ello. Y se hará sin duda. En Andalucía sabemos que incluso el diario más conservador y de derechas puede salir en defensa de una presidenta socialista cuando es necesario. Como digo, no es nada sobre lo que no tengamos ya experiencia. Sólo es una cuestión de grados.

Por supuesto, la instauración de una censura está mal visto. Pero si se viste con otros ropajes, traga incluso el más pintado. La moda ahora es lo de la lucha contra las fake news, y claro, ¿quién podría estar en desacuerdo con que se impida la mentira? Por supuesto, será el gobierno o alguna entidad independiente leal al mismo quien decida lo que es mentira y lo que no.

Y así, junto con la destrucción de la separación de poderes, se pondrá fin a esos incómodos y fastidiosos derechos humanos como el de la libertad de expresión o el de propiedad (recordemos que hay que financiar el gasto, que todos esos expertos bienhechores independientes y jueces progresistas no salen baratos). Y a continuación, el resto de ellos.

Me pueden decir ahora que no, que cómo van a censurar una publicación por una opinión contraria al gobierno. Se iría a los tribunales y… claro, un juez puesto a dedo por el gobierno o uno que no quiere que le hagan la vida imposible, seguramente van a ser muy comprensivos con usted. Por supuesto.

De todo esto ya se han dejado suficientes pistas. Desde el PSOE y Podemos (y sus apoyos) ya se ha atacado a los malvados jueces, se ha prometido impedir que los malos mientan sobre política, y se ha alardeado de una inminente subida de impuestos y aumento del gasto público. Ya estamos avisados.

Pero aún así, la situación tiene marcha atrás. Podemos caer en una crisis económica e institucional de las que tendrán su capítulo propio en los libros de Historia futuros, eso es casi inevitable, pero aún así, de ahí se puede salir con esfuerzo y sacrificio. Empiecen a preocuparse en serio cuando dentro de un tiempo se anuncie la creación de una… ¿cómo lo llamarán aquí? ¿Guardia de Defensa de la Gente, Milicia Popular, Grupos de Protección..?

No siempre ocurre, pero cuando un régimen de una Democracia Avanzada teme un posible descontento en el ejército o en las fuerzas de seguridad (normalmente cuando la carestía comienza a hacer mella en ellos), se tiende a crear una fuerza armada del partido. Las Guardias Rojas, las SS, La Guardia Nacional Bolivariana… Lo bueno es que suelen ser unos inútiles, llegado el momento (el mito de las SS se lo crearon avanzada la guerra, cuando adquirieron experiencia), aunque lo malo es que suelen ser un medio represor descontrolado y violento.

De modo que échense a temblar si empiezan a escuchar declaraciones sobre la necesidad de un cuerpo de voluntarios bondadosos y amigables.

Por supuesto, vivimos en un mundo muy complejo. Lo anteriormente descrito va a depender de muchos factores, pero sobre todo, de la resistencia entre la opinión pública (al menos al principio) y de lo bien avenidas que estén en el gobierno fuerzas tan poco dadas a cooperar entre ellas.

La emoción de tener la vida resuelta para siempre

La maldición china, fruto de su experiencia de siglos, decía algo así como «ojalá vivas tiempos interesantes». Bien, pues ya estamos en tiempos interesantes.

¿Y Europa?, me dirá alguno. ¿No iba a decir nada Europa si algo así ocurriese? Venga, hombre. No me haga reir.

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Miguel A.Velarde

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