Homo ignorantis formicum

Homo ignorantis formicum
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¿Le mira mal su vecino cada vez que sale al jardín a fumar? ¿Ha discutido alguna vez con los padres de la amiga vegetariana de su hija adolescente sobre lo “insano” que es comer un asado de cordero? ¿Es usted de los que ha decidido limitarse al small-talk en las comidas de trabajo, no sea que su opinión termine siendo la pala que cave su tumba laboral?

Bienvenido al mundo feliz de los neoconvencionalistas.

HombreshormigaVivimos en un mundo lleno de neoconvencionalistas prohibicionistas, locos en su carrera por  controlarlo todo, por ver quién inventa y aplica más leyes, más prohibiciones, más reglamentaciones y, lo que es peor, cargados cada mañana de una gran porción de miradas acusadoras y gestos de desdén para los que osan abandonar el terreno de lo normado. Denunciantes vocacionales cuya meta no es el “bien común”, sino  excluir al diferente, marcarlo, señalarlo, para satisfacer lo que ellos creen su ego y su sensación de pertenecer a algo. Es decir, ellos no son como esa gentuza que conduce coches, fuma, habla castellano en la Ramblas, bebe dos vasos de vino, come bocatas de tortilla, va a misa los domingos, lanza piropos espontáneos o defiende la necesidad de las centrales nucleares. No, ellos pertenecen a una de las miles, millones de minorías incomprendidas que deben ser salvadas de la desaparición para así poder salvarnos a todos los demás.

Yo les recomiendo que busquen una minoría a la que adherirse: ¿es usted zurdo? ¿tal vez gordo? ¿pelirrojo? … casi no me atrevo a escribrlo… ¿es usted incluso… liberal? Algo encontrará, no se preocupe. Lo único que no debe decir nunca en público, jamás de los jamases, es que pertenece al grupo de personas que usa el sentido común, que se informa y recapacita antes de hacer nada o decidir nada.

¡El sentido común está completamente pasado de moda! Le ocurre lo mismo que al libre albedrío, esa cosa que hemos olvidado entre canciones románticas, amor a los gatos y horas interminables de televisión. Ya no sabemos lo que hacemos y es por ello que necesitamos leyes y normas que nos digan cómo alcanzar la felicidad que nos es propia. Nosotros los humanos somos simplemente destructores de la naturaleza, fundamentalmente dañinos, malos e indignos de confianza. Mientras creemos que estamos disfrutando un magnífico plato de ternera asada, estamos en realidad destrozando los paisajes argentinos sobrecargados de vacas maltratadas. Cada vez que dejamos la luz del pasillo encencida estamos destrozando el futuro de nuestros hijos, provocando el apocalipsis climático. No, no tenemos ni idea de lo que hacemos. ¡Menos mal que están “ellos” para salvarnos!

Los profetas neoconvencionalistas ya nos dicen lo que es bueno y lo que es malo, y estas son las categorías del mundo en que vivimos. Ya no existe lo “apropiado”, mucho menos lo “meditado” … olvídense de lo “justo”. Nos lo han puesto fácil: existen lo bueno y lo malo, punto.

Lo bueno es: protección del medio ambiente, protección del clima, protección de la infancia y protección de la salud, que conforman los cuatro mandamientos principales. Luego también es bueno: ir a todas partes en bicicleta, poner nombre a los árboles del barrio, denostar a los católicos (o los judíos), comprar siempre productos bio y/o de mercado justo, celebrar fiestas veggie y la homeopatía. ¡Ah! Y prohibir. Prohibir es muy bueno. Prohibir es fundamental, ya que las libertades individuales son indiscutiblemente obra del demonio. ¡A dónde íbamos a llegar si cada uno pudiese pensar, incluso decidir, qué es lo bueno para él! ¡Pero si todos somos unos enfermos mentales incapaces de protegernos de nosotros mismos! No, el demonio se oculta – siempre lo hizo – tras esa cosa terrible llamada libertad individual. Nosotros los humanos somos parte de un colectivo en comunión con la madre Gaia y hemos de estar eternamente agradecidos a aquellos entre nosotros que han sabido identificar el diablo que todos llevamos dentro, enseñándonos a desconfiar de nuestros bajos deseos, mostrándonos aquello que es realmente deseable para todos.

Antes, bajo la influencia del demonio, las personas aprendían equivocándose, y actuaban en consecuencia. Hoy, gracias a los neoconvencionalistas, las personas ya no necesitan aprender, les basta con hacer exactamente lo que las normas y prohibiciones les permiten. Ni el sentido común, ni el libre albedrío, esas dos patologías de la humanidad, son ya necesarios. Ha nacido el Homo ignorantis formicum.


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16 comentarios en «Homo ignorantis formicum»

  1. ah, se me olvidaba, detesto la religión liberal con la misma intensidad que la socialista, la cristiana,la fascista, la budista la del Pato Lucas – y por supuesto el Islam, ahí me vuelvo un auténtico loco furioso, destilo odio químicamente puro- y la que se ponga a tiro. Por cierto, salvo un par de catarros, jamás me pongo enfermo, y parezco 10 años más joven que todos los de mi edad. Ventajas de la carne y la ira alegre, sin duda.

  2. “dos vasos de vino, come bocatas de tortilla, va a misa los domingos, lanza piropos espontáneos o defiende la necesidad de las centrales nucleares”. Joder, pues lo llevo claro, salvo el bocata de tortilla, que siempre me ha parecido cosa de maricaplayas. A mí me gusta de jamón o chorizo. En las comidas y cenas tomo no dos, sino tres o cuatro copas de vino. Fumo un paquete al día. Tomo siempre aperitivo antes de almorzar o cenar, y un gin tonic o dos al día. Detesto toda la comida verde, salvo la lechuga y el tomate. Soy un carnívoro total. Digo tacos y blasfemias constantemente. Y, por encima de todo, me gusta discutir lo más salvajemente que se pueda. No dialogar, sino guerrear a muerte y a ver quién gana. Y quiero mucho a las hembras, pero tengo claro quién entra y quién se limita a recibir. Y si insulto al Dios de siempre y combato con él imagínaos lo que me parecen todos esos diosecillos de quinta regional tipo Gaia, El Planeta, Zeus, el Tantra, El Futuro y la Madre que les parió a todos. En fin, que soy un auténtico monstruo. Pero, oh, sorpresa, tengo un huevo de amigos y caigo bastante bien.Y las hembras, por cierto, encantadas de oír a alguien que no las está adulando servilmente todo el día.

  3. Magnifico articulo Luis.
    Muy acertado aunque politicamente incorrecto y te puede llevar a la hoguera de los ecoinquisidores como te descuides.

  4. Los “neoconvencionalistas” que usted menciona parecen los antagonistas de los liberales. No defienden por tanto nada “raro”, sino sencillamente lo contrario que usted y por lo tanto solo pueden ser tan extremistas con sus ideas como usted con las suyas.

    Salud y republica

    1. Efectivamente, como decía en el artículo, defender el sentido común y la responsabilidad individual es considerado un ejercicio de extremismo. Gracias por el ejemplo, Homo

  5. Señores, he pecado. Sí, confieso que he pecado. La otra noche estaba en la cama desvelado y me puse la radio para ver si me soltaban algún rollo que me hiciera conciliar de nuevo el sueño pero, horror, el aparato se había quedado sin pilas. Así que a las 3 de la madrugada me tuve que ir a la cocina, al cajón donde guardamos las pilas, a poner otras nuevas. Pero el problema vino con las gastadas…¿Dónde coño habría metido mi mujer la bolsita de plástico habilitada para almacenar las usadas? Sí, esa que luego llevamos al super para dejar las pilas en unos receptáculos específicos para ello. Pues bien, ahí estaba yo, como un imbécil, en pijama, somnoliento y en penumbra buscando la puñetera bolsita.
    De repente ví la luz, o mejor dicho, vi el cubo de basura y no pude aguantar la tentación. Comprobé que no hubiera testigos, ni vecinos cotillas y, de un movimiento rápido y certero, lancé las dos pilas a lo más profundo del recipiente. Removí algunas mondas, desechos varios para ocultar los cuerpos del delito y regresé a la piltra.
    Lo más curioso fue que no tuve ningún sentimiento de culpa por más que me me hubieran amenazado con los innumerables castigos que la diosa Gaia podría hacer caer sobre mi cabeza.
    Es más, estoy pensando en volver a tener un solo cubo para todo tipo de residuos, y no como ahora, que tengo uno para basura ordinaria, otro para plásticos y envases, otro para vidrio, almaceno los papeles y cartones y los llevo al punto limpio, pilas…
    Y lo triste es que lo haría, no por haber perdido mi conciencia ecológica, sino por JODER a tanto salvamundos, prohibicionistas y ecofascistas sueltos.

    1. Ah, y estoy planteándome volver a fumar, tirar la bici, cenar fabada, cocido o couscous, y practicar sillónbol…

      1. No… no… La fabada no… que provoca emisión de gases de efecto invernadero… (Lo siento, es una ordinariez, pero con el día que llevo, tenía que decirlo).

    2. Lo del reciclaje merecería un estudio aparte. Hace unos años, en el centro de Sevilla, el ayuntamiento retiró todos los contenedores y obligó a cada casa y cada edificio a tener uno, que se debía sacar a una hora y recoger a otra. La mujer de un amigo llamó al ayuntamiento (por entonces aún más progresista y concienciado con el ecologismo, si cabe, que el actual) y les preguntó si debía tener un contenedor de cada color.

      Le respondieron que no, que sólo uno, y que con eso valía.

      Ella volvió a preguntar: “¿Entonces qué hago con los envases, el cristal, el papel…?”

      Y le respondieron con cierta vergüenza y titubeo que “no se preocupe… bueno… ya.. si no, ya… usted lo echa todo en la misma bolsa y ya nosotros lo reciclamos…”

      Así que no pierdas el sueño. Sin remordimientos: los mismos que te dicen en la radio que “los brick de leche hay que lavarlos antes de echarlos al contenedor correspondiente” luego obligan a tirarlo todo junto. Y son los sacerdotes del ecologismo y la corección, así que si lo dicen ellos…

    3. Se que se sale del tema, pero al final, el reciclaje es un negocio donde nosotros participamos en él de manera forzada. Si no fuera negocio, no verías la cantidad de gente que hay llevándose el cartón de los contenedores, porque aunque parezca mentira, se gana mucho dinero con el reciclado.

      No se lo voy a negar, yo no reciclo y no me da ningún cargo de conciencia, y en parte lo hago no porque me guste contaminar, sino porque esto no es mas que otro chiringuito donde hay concesionarias forrándose y tú haciéndoles el trabajo. Y no, no me digan que a cambio recibo un mundo “más limpio”.

      Llevo a los puntos limpios lo que entiendo que si debo de llevar (muebles, restos de pinturas o algunas cosas que si entiendo su peligrosidad química).

      Si se hiciera como en Canadá, donde si llevas los cascos o las botellas usadas, te descuentan el correspondiente impuesto, pues al menos, tendrías un incentivo económico propio.

  6. Sólo que espontáneo se escribe con s, no con x. Hay que escribir sin faltas ortográficas en un medio público. No soy una neoconvencionalista.

  7. Está estupendamente descrito en 300 (en el comic y en la película), cuando Jerjes le dice a Efialtés aquello de: “Leónidas es un rey cruel: Te pide que te alces. Yo, en cambio, soy compasivo y sólo te pido que te arrodilles”.

    De todas formas, la gente no se da cuenta que al renunciar a la libertad y la individualidad (y al pensamiento independiente), no lo hacen realmente por seguridad y tranquilidad, sino por una apariencia de ellas. Y cuando se percatan del timo se enfadan, se indignan, y claman por algún líder bondadoso que los sojuzgue más a cambio de esa protección que creían tener.

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