Por una nueva conciencia ciudadana

Por una nueva conciencia ciudadana
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Da igual que la bofetada te caiga por la izquierda o por la derecha. Una bofetada es una bofetada. Y poner la otra mejilla es un ejercicio de masoquismo que solamente se pueden permitir los santos, que no aspiran a otra cosa que a su propia santidad, en su santo egoísmo. Como alguien dijo solo hay dos cosas seguras en la vida: la muerte y los impuestos. Un aristócrata chiflado de la novela El Bastardo Recalcitrante, de Tom Sharpe, llamaba a la muerte “la gran certidumbre”, pero yo diría que la gran certidumbre que tiene más peso en la balanza es la fiscal. A fin de cuentas cuando uno está muerto ya no tiene constancia de nada, y la balanza está trucada para que siempre gane….la banca.  Oh, no, no me estoy poniendo antisistémico. No padezco fobia a los ahorros de mis padres o de los jubilados daneses, a eso que llaman mercados, y menos a sus intermediarios. Tampoco es que ame a estos últimos. Son autómatas fríos que cumplen su función sin ira ni parcialidad, tácitamente. La verdadera banca en este juego de suma cero es el Estado.

Ahora que el nuevo gobierno liberticida del PP decide poner freno a los excesos de la libertad de expresión -cuando toma forma de kaleborrokismo posmoderno catalizado por las tecnologías de la información- y juega con el fuego de la ley, abriendo la caja de Pandora de futuras arbitrariedades del poder, yo me pregunto qué es eso de la conciencia ciudadana. Ya el propio término ciudadano, heredado de las polis griegas y de la gran urbe imperial romana, me chirría un poco. Es difícil acotar, pero es lo que hay que hacer para definir. No quiero mirar el diccionario, quiero pensar sobre ello sin bastones en los que apoyarme. Ciudadano: ciudad. Si, pero vivimos en la ciudad global. Desde luego la expresión “aldea global” es de auténticos analfabetos funcionales: ¿Qué carajo aldea? Eso ya está superado por la complejidad de las interacciones que se dan dentro de los sistemas complejos llamados sociedades humanas. Ya no somos ciento cincuenta tíos que se miran a la cara unos a otros y cultivan sus hortalizas o hacen pastar a sus rebaños. Somos miles de millones de habitantes de la plaga humana. Noooooo, tampoco me estoy poniendo ecolojeta. Digamos que lo de creced y multiplicaos no es un mandato de la Biblia (no, al menos, únicamente), es un imperativo de la naturaleza. Y cuántos más seamos mejor tendremos que gestionar nuestros recursos, los propiamente humanos y los naturales, que nos apropiamos para poder vivir -como cualquier otra especie ¿o es que aún están en la etapa Disney del pensamiento acerca de la naturaleza?

Un ciudadano hoy es una persona, es decir, un ser humano, que vive dentro de una sociedad humana compleja, y que asume una serie de roles como actor (y pagador de tributos) dentro de ella. Un chimpancé, por mucho que los del Proyecto Gran Simio echen sus lagrimitas, jamás será una persona. Persona es un concepto humano que se refiere a los humanos como seres eminentemente distintos al resto de los otros seres. Seres que forman sociedades, seres políticos, seres que crean normas, seres que miran a un futuro mucho más allá del inmediato, seres que hacen planes, tácticas y estrategias, incluso seres maquiavélicos, seres que deciden constantemente entre numerosas alternativas presentes o ausentes de sus sentidos. Los del Gran Simio y otros simios similares insisten en nuestras similitudes con los otros simios. Bien, bueno está. Pero lo que indica la palabra persona, y todo lo que la rodea, es humanidad, algo que nos distingue de forma tajante. Ya está bien de ñoñerías para justificar libros, papers y conferencias, así como superioridades morales en base a igualdades morales ficticias. Echémos todos unas lagrimitas por los monos y los gatos con los que experimentaron Hubel y Wiesel, y subamos de paso al altar a estos dos científicos por ayudarnos a curar los ojos vagos.

No me iré por las ramas -bastante simio soy ya. La conciencia ciudadana, creen muchos, se está agudizando. La gente, creen muchos, es más crítica. Pero señores, la gente en esto parecen más bien   palomas de Skinner: sí, son críticos, pero es que la situación es CRÍTICA. Pero distingamos, por favor, una conciencia ciudadana crítica de una conciencia ciudadana pretendidamente crítica. La última ya la conocemos: a bombo y platillo se hace notar a todas horas y los medios, que forman parte de ella, la amplifican. Vale. Pero hay un movimiento subterráneo de personas formadas, personas que empiezan a estar HARTAS del sistema. Nooooooo, volvamos a insistir en que no soy un antisistema. No son personas que culpen al sistema financiero ni al neoliberalismo mundial (¿alguien lo ha visto? creo que se parece mucho a un gamusino, pero tampoco he visto uno de esos). Son personas que se están percatando de que las bofetadas vienen por la izquierda y por la derecha,  y que  la desinformación más-iva es el pan nuestro de cada día (no el ganado con el sudor de nuestras frentes). Son personas que se percatan de que los impuestos son lo único seguro, al menos lo único seguro de lo que vamos a ser dolorosamente conscientes (porque mientras agonizamos estamos vivos) y de que el Estado es un Gigante Monstruoso al que la palabra Leviatán ya le queda pequeña. ¿Serán capaces esas personas verdaderamente críticas, y no los payasos que se ponen uniformes y siglas en el pecho o cuentan cuentos y dan espectáculos en los medios, de salir a la superficie y cambiar el rostro de estepais y del mundo? ¿Cómo podemos, desde nuestra crítica poderosamente individualista, luchar contra los que forman rebaños? No, no queremos el rostro amable del socialismo de todos los partidos, del Estatismo. Queremos ver el rostro de nuestro vecino en la ciudad global, que, aunque desconocido, y quizás precisamente por eso, implica una oportunidad de acuerdo voluntario, de intercambio de ideas, productos y servicios. No queremos el rostro humano del monstruo estatal. Ese es el bello rostro de Dorian Gray, una farsa hermosa de juventud y belleza. Y ya sabémos cómo está el cuadro en el que está pintada la corrupción del verdadero Dorian. ¿No es así Mr Wilde?

Yo abogo por esa nueva conciencia ciudadana que culpa al Estado y a los medios, en lugar de a los mercados, a los bancos y a la libertad económica. Pero esto no es un manifiesto, ni me pienso manifestar en rebaño. Simplemente manifiesto mi punto de vista.

Germanico

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25 comentarios en «Por una nueva conciencia ciudadana»

  1. Aunque me salgo del tema, quería comentaros una “curiosidad”, a ver qué pensáis. Tengo un tío de más de sesenta años muy beligerante, muy anarcocapitalista, y que se pasa el día haciéndose eco de noticias, fundamentalmente de LD, en su Facebook. Hoy ha puesto un comentario suyo que, con muy malos modos, criticaba al rey. Al rato le ha aparecido en su escritorio una carpeta, que se ha abierto con un visor de imágenes y por si esto no fuera suficiente sorpresa, las imágenes son de su vida, desde pequeño, con fotos que ni él tenía, y por supuesto aparecemos toda su familia, los lugares en los que ha estado de pequeño, los sitios en los que ha trabajado, sus hijos, las mascotas de sus hijos…
    Suena a SITEL + CNI, pero no quiero ser conspiranóico. Tenía el firewall abierto en “compartir escritorio”, no sé si estaba de antes o no, pero ya lo hemos cerrado.
    ¿Qué os parece? ¿Alguna experiencia similar?

    1. Tres hipótesis antes de llamar a Mulder y Scully:
       
      1.- Lo de Mario Antonieto, pero lo dudo.
      2.- Lo de Mario Antonieto, pero andan tan sobrecargados de trabajo que se lo han mandado por error.
      3.- La navaja de Occam?

      1. PGAS, como seas tan críptico me dejas con más dudas aún.
        ¿Quién es Mario Antonieto?
        ¿Cómo ves la aplicación de la navaja de Ockham u Occam a este asunto?
        Yo sigo sin entender nada, sigo alucinado.

        1. Mario Antonieto, s.a.r. JC, aka cazador blanco. La 3ª hipótesis es más una pregunta, ¿descartamos a priori una explicación más sencilla que la de la Okrana?, por ej. alguna broma.
           

  2.  
    Creer que el poder está en manos de un estado impersonal e hipertrofiado que mantiene diecisiete mercados cautivos y a la población alienada es algo ilusorio.
    Igual que no vemos el mercado pero lo experimentamos, tampoco podemos separar el poder del sistema político pero olemos su tufo. Los partidos-sindicatos y las grandes corporaciones (trusts financieros, energéticos .. ), compiten por ser los titiriteros que manejen los hilos de poder de la administración, y antes de perderlo o quebrar nos exprimirán a impuestos, con tal de satisfacer su propia ansia de subvenciones y monopolio. Ya se sabe que el dinero público no es de nadie, y no van a cambiar, es la fábula de la rana y el escorpión.
    Según Acton el poder por naturaleza tiende a corromper, y el absoluto aún más, entonces, la cuestión es o concentrar el poder político, tipo dictadura china o doble cara de Dorian Grey, o distribuirlo lo más extensamente posible para que resulte generalmente inofensivo, quedarse entre ambas orillas también es contraproducente para la salud física y mental del ciudadano.

    1. Aquí tenemos un fantoche-muñeco de paja que agitar que se llama Franco. A cualquiera que trata de poner orden en el caos se le pasará por las narices ritualmente y la larga sombra proyectada sobre los presentes hará que todos entren en un trance misterioso que por un momento suspenderá la flecha del tiempo en el aire….luego ésta seguirá su recto y penetrante camino hacia el caos, y se verá el cadaver político de algún aspirante a “tirano” tirado en el suelo. En ese sentido, más o menos, en el de la flecha que conduce al caos, somos demócratas en este país. 

      Tiene que existir una voluntad fuerte de acabar con esto, y no puede tomar forma en una persona o personaje particular. Tiene que nacer del mismo deseo de profundizar la democracia que lleva a la mayoría a destruir la sociedad en su nombre. Supongo que divago, Pgas.

       

       

      1. Algo críptico o desencantado, pero es el guión de Vendetta con Guy Fawkes haciendo de las suyas en plan romántico. No sé que papel darle a Mariano en la peli.

  3. Además, es una medida innecesaria. Ya existe la figura de la provocación y la incitación al delito. Da igual el medio por el que se haga: a voces, mediante carteles o por internet. 
     
    Por otra parte, las algaradas callejeras de este tipo podrían ser castigadas mucho más duramente con la legislación existente, sin necesidad de modificaciones excesivas. Al fin y al cabo son grupos organizados que, con objeto de subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública, cometen delitos de daños, atentado o lesiones. Y esa es la definición de terrorismo en todos los países civilizados.

    1. En ese caso parecería una medida puramente marketiniana, una especie de Si vis pacem, para bellum. O simplemente que la legislación que citas es demasiado poco precisa y pudiera ser de difícil aplicación, cosa que desconozco. Otra cosa son las consecuencias del incumplimiento de la que citas, que yo ignoro y quizá tú conozcas, pero que supongo serán mayores en el caso de la nueva ley.

      1. La legislación que menciono, respecto de la provocación y la incitación de delitos, se usa de forma habitual. Sólo tendría que darse orden a la brigada de delitos informáticos de la policía para que averiguase quienes son los responsables de la página, desde qué ordenador se hizo la entrada, y todo eso. Otra cosa es que pretendan aumentar la pena para esas cosas.

        Respecto de considerar delito de terrorismo la “kale borroka” e imitadores, aunque en mi humilde opinión (que no es aislada, por cierto),el código penal es claro, ahí entraron los complejos de este país durante (y tras) la transición. Supongo que para no ser tachados de franquistas, ni que les acusaran de ser demasiado duros, este tipo de actos organiZados y con fines evidentemente políticos, se tratron como simples alteraciones de orden público. Está claro que la fiscalía termina siguiendo siempre las directrices del gobierno. Y tras tantos años de sentencias firmes y jurisprudencia asentada, es muy complicado cambiar el criterio judicialmente.

  4. Yo voy a romper una lanza por la ley anticaleborrocantisistema. Hace más de treinta años salíamos a hacer barricadas, a incendiarlas y a apedrear a los grises, pero no como ahora. Entonces nos arriesgábamos a que nos atizaran una somanta de palos sin miramientos de ningún tipo y algún pelotazo a bocajarro, y si nos poníamos chulos, a continuar la fiesta en el cuartel de Aldapeta o en la antigua dirección de seguridad, sede actual de la Comunidad de Madrid, en La Puerta del Sol. Los verdes de Inchaurrondo nos paraban y nos sacaban de los coches metralleta apoyada en la sien y nos despatarraban contra los blindados para que nos cagáramos de miedo hasta que decidían si nos dejaban ir o no.
    Es muy muelle esto de ir a hacer el salvaje sabiendo que si un picoleto se pasa un pelo contigo van a pedir la dimisión pasando por la del delegado del gobierno hasta el ministro del interior. No, señores, si alguien quiere cambiar las cosas tiene dos alternativas, organizar una manifestación pacífica multitudinaria o echarle un par de gónadas y arriesgarse a que te regalen una somanta de porrazos, te metan la cabeza en el wc, ir a la cárcel un par de años y que tus padres paguen por sus destrozos en tu educación y tus destrozos en mobiliario urbano y propiedades privadas. Destrozar una ciudad y la ya maltrecha imagen de estepaís no debe salir gratis. Como diría Fraga: O que queira comer rodaballo ten que mollarse o carallo.

    1. Santiago, estoy de acuerdo en que hay que poner freno a tanta chulería de niñato pijo vestido de desheredado de la tierra, que hay que mantener el orden en las calles, que hay que ser un poco “romanos” para mantener la “pax”. El buenrollismo y el diálogo y la comprensión valen hasta cierto punto, traspasado el cual hay que arrear un guantazo al recalcitrante, que encima pretende arreártelo a ti.
      Pero cuando digo lo de abrir la caja de Pandora de futuras arbitrariedades pienso en el uso que puede hacerse en un futuro de una ley que limite las concentraciones no pacíficas si se interpreta no pacífica a la manera de “que nos contradice, nos ofende, nos “violenta”.  ¿Te imaginas el uso que puede hacer Rubalcaba de una ley así?

      1. Ya vimos de lo que es capaz con SITEL, el Faisán, Manuel Pizarro, Ignacio González… por no ir más atrás y recordar la “agresión” a Bono(bo).
        En ese caso desempolvaríamos los disfraces de Roberto Alcázar, un poco de 3en1 en las rodillas… y nos la jugaríamos cuerpo a cuerpo como en los viejos tiempos! Sierra Morena sería un TBO al lado de la Sierra de Guadarrama, ¿eh?
        En serio, tienes toda la razón, pero nunca las manifestaciones de la época de infausto recuerdo del innombrable ocasionaron ningún desperfecto ni se han producido altercados significativos. No habría lugar a aplicar esa ley, y si la aplicaran, peor para ellos. Y eso dando por supuesta la probabilidad de que algún día vuelvan a chupar poltrona.
         

        1. ¡Esperemos que las mejores intenciones plasmadas en una ley no se vuelvan contra aquellos que tenemos una nueva conciencia ciudadana!

          Si hemos de elegir entre ruptura de escaparates y cajeros automáticos o rupturas de crismas descorazonadoramente mal amuebladas lamento preferir lo segundo, Santiago.

  5. Eso de que los impuestos son tan ciertos como la muerte suena chulo pero es más falso que un duro de a cuatro. Sólo son ciertos para los eternos pringados de la fiesta. Por arriba, por abajo y por el margen, gran descojono y vidas paralelas frente a los impuestos.
    Sólo representan en realidad la nota de gastos en “palo y control” de nuestros queridos capataces, digo “gobernantes”, qué despiste.

    1. Dhavar, que haya tantos modos de intentar evadirlos revela su omnipresencia en nuestras vidas. Quien esté completamente libre de impuestos que tire la primera piedra.
      Y cuando hablamos de impuestos hablamos de imposiciones, en un sentido más amplio, de coerción, de coacción, de poder crudo y duro, y de la lucha por la existencia. Después de todo están más relacionados con la muerte de lo que imaginamos….

  6. El estado del bienestar es el arma definitiva, la única manera de cambiar algo es que se autodestruya el mismo tal y como esta sucediendo, (secando los uteros de las mujeres y alargando la vida de los ancianos,etc). Hay demasiados intereses para que la gente perciba que aporta más de lo que recibe y muchos de los que lo saben, esperan su momento para igualar el marcador como para que se detenga la máquina sin reventar.  De lo único que tengo dudas , a mi parecer, es del engendro que emergera de su cadaver. Lo cual puede ser o libertad o un regimen androgeno/ecolo/techno/nazi…. o vete tu a saber….

    1. No debemos ser optimistas al respecto, Alberto, y menos aún si miramos al pasado. Pero como el futuro es incierto no nos queda otra que esperar y ver, y actuar  como mejor creamos/sepamos cuando nos toque. El poder nunca está vacante.

  7. Gran artículo.
     
    Pero por desgracia, la mayoría de la gente, cuando hay problemas lo que grita es el famoso “¡Que alguien haga algo!”
     
    Estoy harto de escuchar a casi todo el mundo exigir que se les saque de los problemas, que se los salve de todo, que tienen derecho a que (el gobierno, claro) les solucione la vida, y que pague el vecino. Es el mensaje que se vende, porque enfrente están los de siempre prometiendo que sí, que ellos lo arreglan todo. Tan sólo piden a cambio que suelten pasta y que las quejas sean políticamente correctas.
     
    Y por lo que veo, la única rebelión que tiene adeptos es la que empuja para agudizar el problema.

      1. Pero la cuestión, Miguel, está en que no hay pastor que no vaya a esquilarlas, en el mejor de los casos. Tienen que dejar de ser ovejas, tienen….que evolucionar

  8. Completamente de acuerdo, cada vez somos más. Aunque lo malo es que en el otro extremo también hay cada vez más gente que grita “¡Vivan las cadenas!”. 

    1. Conozco a muchos, Alberto, que si les quitas la jerga liberal y economicista y les hablas llanamente del asunto, resulta que piensan casi exactamente lo mismo sobre el “Estado” de cosas, y no creen que la culpa sea de un malvado empresario ni de una perversa conspiración de poderes económicos en la sombra. Y muchos de esos a los que conozco trabajan para el Gran Satán….pero tienen conciencia y ven muchas cosas a su alrededor que les hacen dudar.

      A los que gritan “vivan las cadenas” hay que reprobarlos como Unamuno reprobó a los falangistas que gritaban “viva la muerte”. Ay, la muerte, esa otra certidumbre.

  9. Gran artículo Germánico, pero cuando hay un problema, al menos el españolito medio en vez de remangarse y ponerse a  buscar una solución, lo que llama es a la puerta del la administración burocrática más cercana, Estado, para que le de una solución, donde teóricamente no le toque el bolsillo – a primera vista – y no le suponga mucho esfuerzo.

    Soy partidario de que el Estado sea muchísimo más pequeño del actual, pero para eso lo primero e indispensable es que la moneda vuelva a los ciudadanos.  Lo veo complicado, es el mejor mecanismo que tiene el Estado para seguir expandiéndose.

    1. Los estómagos agradecidos del reparto de la tarta hecho por el Estado, Drizzt,  ahora están vacíos y salen a protestar a la calle: “Tenemos hambre”. Y culpan a los mercados (de capital). En efecto, el dinero debe volver a nuestros bolsillos para que lo gastemos un poquito y lo ahorremos e invirtamos un muchito.

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