Unos que vienen y otros que se van: la vida sigue igual…de mal

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Tengo acostumbrados a quienes tienen tiempo y ganas de leer mis tonterías a aparecer y desaparecer con pretextos aparentemente triviales. Desde luego esto no da una buena imagen, pero tampoco es esa mi pretensión última y, de hecho, últimamente, tengo descuidada mi imagen en más de un aspecto.

 Resulta que llevo dos días cocinando un proyecto, un proyecto que, por otro lado, no es mío, y que es un secreto del que no hablaré aunque me torturen en el potro. Esto me ha hecho reflexionar de esa forma inconsciente en la que reflexionamos todos cuando no pensamos en nada, y me he dado cuenta de que DEE no me necesita, pero yo si necesito a DEE. No es cosa de importancias, repercusiones o rodearme de un conjunto de genios a  cuyos hombros subirme -esto último tal cual. Es más bien que mi desarrollo personal no puede verse truncado por fracasos esporádicos. Uno ha de levantarse y andar, y ha de hacerlo con aquellos con los que se encuentra a gusto, con independencia de todo lo demás. Los frutos llegan en su momento. Pero el hecho de estar aquí era en sí un fruto, y muy sabroso por cierto.

 Comenzaré mi nueva andadura reproduciendo íntegramente las entrevistas que no publiqué aquí. Las que me enlazaron tan amablemente no debería reponerlas hasta dentro de un tiempo, para no indigestar a nadie.

Hago una promesa solemne, y caiga sobre mi un rayo devastador si no la cumplo: desde hoy no abandonaré DEE, o no lo haré con aspavientos. Si algún día paso a escribir menos o a no escribir dejaré tras de mi la puerta abierta.

Burrhus ha tenido que emigrar. Él se va, pero no del blog. En realidad tiene más categoría que yo, con toda mi palabrería. Lo que va a hacer requiere un coraje que yo nunca he tenido, y que quizás debiera aprender a adquirir, si es que es susceptible de aprendizaje para una personalidad neurótica. En fin, que lo de Burrhus y su viaje a otro país para empezar de nuevo, así como mis conversaciones con él sobre el particular, también me han hecho reflexionar sobre el curso que quiero/debo dar a mi vida.

Pido disculpas a todo aquel al que haya podido ofender. Pido disculpas por comportarme como un payaso. Pero seamos positivos: los payasos dan espectáculo, y en ocasiones hacen reír. Tomémoslo como la gran comedia que es y sigamos rodando.

Me doy la bienvenida. Ya podéis tirarme tomates, huevos y tartas. Pongo la cara.

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Germanico

13 Respuestas a “Unos que vienen y otros que se van: la vida sigue igual…de mal”

  1. Yo más que culpable me siento un poco tonto. No tengo la culpa de ser un poco tonto. Eso no se estudia ni es objetivo vital, salvo de alguno que se pasaba de listo como Pascal.

  2. Uno de los síntomas de la depresión es un acusado y exagerado sentimiento de culpa, a menudo sin fundamento.

  3. ¿Nadie me va a dar una colleja? Parezco el hijo pródigo de la parábola bíblica.
    Bueno, pues tengo que ponerme manos a la obra. Primero gracias a todos por esos huevos de pascua y tómate unas cañas conmigo que me habéis tirado, y la tarta de aniversario de mi retorno a la que hasta habéis puesto velas (¿Cuánto tiempo he estado ausente?).
    Ahora estoy trabajando en un resumen de unos papers de psicología social de la salud, que tengo que presentar en un plazo breve (el viernes), pero hoy a lo largo del día, y con vuestro permiso, cuelgo la última entrevista a Rachel Herz, que además de ser una gran científica es…esto,,,,,es guapísima.
     
     

  4. La vida está llena de mediocres borregos…. tú no eres uno de ellos. Deja de torturarte.

    Y deja de pedir perdón cuando, en realidad, todos tenemos que darte las gracias por tus artículos y entrevistas.

    Después de estas vacaciones has decidido retomar, lo cual me enorgullece y alegra. Porque la vida es para echarle huevos y los huevos no son para tirártelos a ti.

    Bienvenido, compañero. 

  5. Vale….

    ¿Tienes por ahí algo, un artículo, una reseña, una entrevista que tenga que ver con la antropología del Estado….?

  6. Nunca te fuiste. Personalmente, ni siquiera considero que te hayas ido. Y si alguien te tira algún tomate, no te preocupes: Me pondré delante. No tienes nada que reprocharte. 

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