Durban: historia de un nuevo fracaso

Durban: historia de un nuevo fracaso
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La denominada Cumbre Mundial sobre Clima COP17, celebrada en la cuidad surafricana de Durban, ya ha pasado, y cada uno interpreta los resultados según sus preferencias. Para los adictos a las tesis de la ONU, siempre quedará el documento final como consuelo y motivo de regocijo. Pero los críticos (los vejados “escépticos”) tendrán razón si afirman que no se ha alcanzado acuerdo alguno con un mínimo de contenido que obligue de alguna forma a limitar las emisiones de CO2.

Cuando hace dos años la conferencia COP15 de Copenhague fracasó estrepitosamente en su intento de prorrogar el Protocolo de Kioto, nadie se sorprendió especialmente, excepto los activistas del calentamiento y su coro mediático. Entonces eran Brasil, Rusia, la India y China los países que no estaban dispuestos a sacrificar su crecimiento económico a cambio de supuestas mejoras en el clima de la Tierra. Dejaron claro que necesitaban energía barata para aliviar problemas más graves, como la pobreza y la necesidad de construir nuevas infraestructuras. Nadie puso en duda que los combustibles fósiles eran el recurso inmediato y barato sobre el que iban a basar sus políticas energéticas. Pues bien, los mismos argumentos explican los resultados de la Cumbre de Durban.

Siga leyendo mi artículo “Durban: historia de un nuevo fracaso” en la Revista Ideas de Libertad Digital.


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3 comentarios en «Durban: historia de un nuevo fracaso»

  1. Muy bonito, Luis (en serio). Y como siempre llego tarde, yo sigo sin comentar. ¡¡Con lo bien que me habéis malcriao en este blog!! En fin, aunque un poco hastiada , parece que no, pero sigo en ello (y cada vez lo veo más truculento; no veo – como otros dicen –  que decaiga).
     
    Casi me da vergüenza repetiros lo bien que lo hacéis todos. Y por si remotamentente hago falta para lo que sea, ya sabéis cómo encontrarme 🙂

  2. Gracias Ijon.

    Cada vez que les leo, o les escucho, me es inevitable preguntarme por loo que les motiva… y no pillo otra: vanidad y ese poso de “dejad que nosotros os digamos cómo se hace” tan propio del postcolonialismo buenista. Si a eso le sumas la pasta, pues ya tienes el coctel perfecto. 

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