Zapatero demuestra que los españoles somos tontos

Zapatero demuestra que los españoles somos tontos
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Sensacional Plazaeme hoy en su blog:

De paso demuestra otras cosas añadidas. Como la canallada, tan socialista y zapateresca, de pretender que el voto lo disculpa todo. Y, en efecto, Zapatero, por una vez tienes razón.  Los españoles no es que seamos tontos; es algo mucho peor. Ningún país con un mínimo de criterio y sensatez organiza las cosas de forma que el primer cretino tarado que acceda a la presidencia, por lo que sea, lo pueda destrozar todo.

No dejen de leer el artículo completo, por favor:

Zapatero demuestra que los españoles son tontos.

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Cómo? que no conocían PlazaMoyua? Ya tardaban!


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6 comentarios en «Zapatero demuestra que los españoles somos tontos»

  1. No estamos solos exisitiendo sino que estan conviviendo un número de personas en derredor, cada uno siendo lo que le ha sido dado ser o lo que ha elegido (eso, menos) y lo que le ha ido casi al azar resultando su vida en tal sociedad y tal mundo, con los cuales interesa pactar de alguna manera la convivencia
    Pero la realidad es que entre todods se lucha, se hiere, se odia, también se compadece, se vence y se es vencido.

    Y las más de las veces pretende uno convencerse de que nadie le ha vencido y que lo que él ha hecho o va obteniendo de la vida es todo lo que dan de sí ésta, o las relaciones, las posibilidades que se abren o se cierran, las propias capacidades.

    Y hay comportameintos que, aunque favorezcan al colectivo en algun sentido, no dan sentido alguno a la individuo, más bien le quitan “el sentido” a la vida o a los actos de cada uno, el poco o frívolo sentido que pudieran haber tenido.

    Son esos actos que hacen mal y daño inútil a otro sólo por jugar a salirse con la suya, disfrutar sádicamente de un trato áspero y superior o adoptar el aire de “clase dominante”; o hacer pagar a los demás un peaje elevado y humillante por los favores a los que acceden, sólo porque así se queda por encima.

    es perjudicial comportarse así; es mucho más perjudicial soportar y ser víctima de los que así se comportan; amarga, jibariza la estima propia, tebnsa el odio y el miedo a caer en desgracia de personas que se presentan como nuestros valedores, pero a los que hay que respetar por encima de todo, sijn atreverse a discutir sus criterios y opiniones, sus puntos de vist y hasta sus preferencias y gustos.

    Y estos valedores tirániucos ewstán siempre dispuestos para ante los demás hacernos quyedar como friquis, como horteras o unos sensibleros nada al día o unos paletos desinformados; a veces, hallamos entre nuestros propios compañeros, los aparentemente más afines a nosotros, álguien que parece presa de la obsesión decadente de no dejar pasar ninguna oportunidad de , con sus comnetarios a lo que decimos, hacemos (¡o incluso vestimos!) ponernos en ridículo ante álguien cuya estima profesionalmente nos interesa o ante un grupo más numeroso de compañeros o desconocidos.

    Y no sucede esto necesariamnete por envidia; quien así actúa no siente resentiemitno hacia nosotros, hasta n os frecomiendo a quien pueda echarnos una mano, pero fingen ignorar ese impulso hijoputesco que les inspira las ocurrencias más ingeniosas que han de empañar la reputación ajuena, la confianza e incluso la voluntad de cooperación.

  2. De la boca de los locos salen las verdades. Zapatero ha dado la prueba de que los españoles, o al menos muchos de ellos, son idiotas: le han votado dos veces. Ni Santo Tomás encontraría una prueba más definitiva.

  3. Hmmm!!!… es decir, que la prueba de que los españoles no son tontos es que le hemos votado mayoritariametente dos legislaturas… jajaja… qué bueno. Este supera al Luismi de Aída.

  4. Me acuerdo de aquel discurso de Marco Antonio, en el Julio César de Shakespeare, cuando, junto al cadáver de César, y dirigiéndose a la muchedumbre, repite aquello de “…y Bruto es un hombre honrado”, cuando en realidad lo está dejando a los pies de los caballos.
    En efecto, ante la pregunta retórica de Zapatero (“Cómo voy a pensar que los españoles son tontos si me han votado?”), uno se siente tentado de responder: “Precisamente por eso”.
    Es difícil rebatir, a la luz de los hechos, la acusación de que los españoles somos tontos. La evidencia es tan palmaria que lo mejor que podemos hacer es preguntarnos: ¿hemos aprendido o estamos aprendiendo algo de todo esto? ¿ha servido para algo? El que no aprende de sus errores es un necio.
    No me basta ni me sirve de excusa o de consuelo el argumento de que no fueron todos los españoles, sino once millones de españoles. Si bastaron para formar una mayoría, eso representa al país. En el pasado, yo solía repetir aquella frase tan manoseada y pesimista de Joseph De Maistre: “cada nación tiene el gobierno que se merece”. Por otro lado, dicen que si te engañan una vez, la culpa es del zascandil que te engañó; pero que, si te engañan dos veces, la culpa es tuya por idiota.
    Entonces, me pregunto: ¿realmente España se merece a esta gentuza? No me refiero solo al gobierno de España, ni únicamente al partido en el gobierno, sino a la casta política en general, con algunas excepciones. Esa casta política ¿representa a la sociedad española?
    Antes de que yo tuviera uso de razón, veía a los políticos como a la autoridad, gente muy por encima de mí y de la gente de mi entorno familiar. Los veía por la tele y me parecían gente muy seria, muy preparada y responsable, eran como los adultos en general pero elevados al cubo. Luego, a medida que me hacía mayor, veía un panorama más realista y completo, pero seguía viéndolos como a gente por encima de mí: aunque no me gustaran, era gente que sabía mucho más que yo, y más responsable que yo.
    A estas alturas, veo a muchos de ellos y me siento un poco como debían sentirse los liberales españoles exiliados en Londres durante el reinado de Fernando VII. A medida que yo he ido evolucionando intelectualmente, y también madurando moralmente, los políticos españoles parece que han ido empeorando.
     
     

  5. Tontos impenitentes, incapaces de aprender mi muriendo mil veces por su estúpidos actos: Rubalcaba, quien en cualquier otro país sería simplemente un competente charlatán de feria, es el político mejor valorado.

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