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Contra la Memoria Histórica (entrevista a Laureano Benítez Grande-Caballero)

escrito por Germanico 22 abril, 2019

«Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo» Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana

«En las colinas de Bosnia aprendí a odiar pero sobre todo a temer la memoria histórica colectiva. En su apropiación de la historia, que ha sido mi pasión más sostenida y mi refugio desde la infancia, la memoria colectiva logra que la historia misma se parezca más que a nada a un arsenal lleno de armas necesarias para mantener las guerras o hacer de la paz algo tenue y frío». David Rieff

«El primer paso para liquidar a un pueblo es borrar su memoria. Destruir sus libros, su cultura, su historia. Luego hacer que alguien escriba nuevos libros, manufacture una nueva cultura, invente una nueva historia. Pronto la nación empezará a olvidar lo que es y lo que fue. El mundo a su alrededor lo olvidará todavía más deprisa». Milan Kundera

Es una frase muy repetida. No sé cuántas veces la habré repetido yo mismo. Se puede formular de diferente maneras. Una sería: “Quienes no recuerdan su historia están condenados a repetirla”. Y repetimos esto como un mantra. Parece cierto. Parece fatalmente cierto. Pero no lo es.

David Rieff, un escritor americano ha escrito un breve ensayo sobre el particular. Las “memorias colectivas” normalmente responden a un mito, y el mito responde a otras razones, como por ejemplo la cohesión en un grupo frente a otros. De hecho tienden a contribuir más al enfrentamiento, a la polarización, que a que la gente conviva en paz y armonía. Las memorias históricas suelen referirse a los pueblos “elegidos”, de ahí que los libros de Historia sean un conjunto de patrañas en Cataluña o el País Vasco. Los separatistas comparten una serie de mitos y leyendas carentes de todo fundamento en la historia, pero de gran importancia psicológica y social en el momento presente.

Otra Memoria Histórica es la que José Luis Rodríguez Zapatero impulsara en España a través de la Ley de Memoria Histórica, durante su nefasto mandato. Aquí no se enfrentan unos pueblos con otros, sino al mismo pueblo en una simbólica guerra fraticida, rememorando la verdaderamente fraticida guerra civil, acontecida en los años treinta del pasado siglo. Se enfrenta a dos Españas que, si no existieran, habría que inventarlas.

Se trae al presente una visión sesgada del pasado, un pasado que idealiza la Segunda República y demoniza al General Franco. Un pasado en el que se miran los crímenes nacionales pero no los republicanos, o al menos no se los juzga con el mismo rasero.

Cabe destacar que en la República ganaron las elecciones los de la CEDA, que eran la derecha, y siempre los otros encontraban la forma de que no gobernasen o de hacer ingobernable el país. Y como por aquel entonces los socialistas y los comunistas estaban obsesionados con reproducir la revolución bolchevique en España, la República fue cualquier cosa excepto una Arcadia Feliz. Lo que quedó, en la guerra, no fue un bando republicano y otro nacional. Lo que quedó fueron los revolucionarios de izquierda, algún pobre hombre, como el General Escobar, que creyó que la República seguía siendo algo defendible a lo que se debería retornar, y el bando nacional que trataba de evitar la dictadura del proletariado y la erradicación del cristianismo en España.

El cristianismo sufrió durante la República y en la guerra civil un acoso y derribo permanentes. Y en nuestro país hubo un auténtico genocidio de católicos, del que bien pudieran sacarse las cuentas para un inventario de atrocidades, pero que, en general, ha preferido pasarse por alto. Auténticos mártires fueron torturados de la forma más cruel posible antes de morir. Y sin embargo la asimetría inherente a la “memoria histórica” imperante parece simpatizar, en sus expresiones menos radicales, con la idea de que “en ambos bandos se cometieron barbaridades”. Es una buena fórmula para dejar el tema de lado, dado que es cierto, pero sólo sirve para ocultar debajo de una alfombra las barbaridades de los rojos y poder mejor entregarse a hurgar en tumbas en busca de esos mismos rojos.

¿Queremos esa memoria histórica de los pueblos y de las ideologías que no obedece a un impulso por conocer la verdad sino a pulsiones menos encomiables, como señalar enemigos, o crearlos, con el fin de polarizar a la sociedad?

Pues si eso es lo que queremos tendremos que tragarnos un Himalaya de mentiras, como señaló el socialista republicano Besteiro, apartado por moderado, y como ahora señala Laureano Benítez Grande-Caballero en su libro con el elocuente título de una desproporcionadamente grande metáfora: El Himalaya de Mentiras de la Memoria Histórica.

Laureano Benítez es un católico practicante y se siente atacado y ultrajado por las hordas de analfabetos funcionales enardecidos por discursos del odio y totalitarios que se presentan con banderas de paz y libertad. Y en su libro expresa su indignación, presentando, eso sí, argumentos y datos, muchos datos que corresponden más a una galería de los horrores que a un paseo por una sucesión de hechos históricos.

Pero no nos engañemos. Este no es un ataque a la Iglesia y a sus feligreses. Es un ataque a nuestras raíces que, por razones históricas, son cristianas y católicas. Y cuando uno quiere darse cuenta se encuentra con que se han subvertido todos los valores y lo que hasta hace unos momentos parecía lo normal se convierte en políticamente incorrecto, y lo que se antojaba fantochada, fanfarronada y un perfecto dislate, resulta ser algo si no digno de imitación si al menos merecedor de nuestros más sinceros respetos.

Laureano ha tenido la amabilidad de respondernos algunas preguntas sobre esa Ley y ese movimiento social en gran medida politizado de la Memoria Histórica. Les aseguro que no se anda por las ramas ni elude decir y definir las cosas según las ve, con meridiana claridad.

Aquí tienen su libro: El Himalaya de Mentiras de la Memoria Histórica.

1.- ¿Qué representa la Ley de la Memoria Histórica promulgada con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y mantenida por el de Rajoy y el de Sánchez?

La «Memoria Histórica» que los gobiernos de España ―tanto de izquierda como de derecha—quieren imponer como ideología oficial sobre la República, la Guerra Civil y el franquismo en general es una gigantesca operación de lavado de cerebro, una colosal empresa de ingeniería social que pretende adoctrinar al pueblo español en la ideología globalista elaborada por el marxismo cultural, persiguiendo la disidencia a sus postulados.

El antifranquismo no es sino una pieza más del engranaje totalitario formado por leyes liberticidas, como la Ley contra la Violencia de Género, y la legislación LGTBI.

Tras este antifranquismo se esconde sibilinamente la idea de deslegitimar la Transición, dado que ésta se desarrolló «de la ley a la ley», lo cual supuso la legitimación de la España franquista como el origen de nuestra democracia, que emanó desde el propio franquismo a través de una España próspera y reconciliada. Por ello, para llevar a cabo la Segunda Transición ―que consiste en hacer de España una República Federal entregada al Nuevo Orden Mundial―, es necesario primero impugnar la España de Franco.

Y, por supuesto, tras esta inicua ley está el propósito de vengarse de Franco, pretendiendo ganar la guerra que perdieron.

2.- En España hubo un genocidio sistemático contra los cristianos, que acabó con la vida de decenas de miles de personas, principal pero no únicamente miembros del clero, por el único motivo de sostener su fe, y dicho genocidio fue perpetrado tanto durante la República como después, en la Guerra Civil. Dichas muertes no estuvieron exentas de terribles torturas previas. No es algo de lo que se hable mucho…..

No, desde luego, hasta el punto de que ni la misma Iglesia está por la labor de denunciar con claridad ese genocidio, ni por la tarea de presentar reclamaciones por la destrucción y expolio de su patrimonio durante el Terror Rojo, demandando compensaciones y exigiendo el reconocimiento de culpa por parte de los herederos de quienes perpetraron la barbarie anticatólica.

Lejos de exigir sus legítimas reclamaciones, la Iglesia, además de perdonar a sus verdugos ―algo loable evangélicamente hablando―, también ha pedido perdón a sus torturadores y carniceros, en un caso inaudito en el que la víctima pide perdón a su asesino, el cual jamás ha reconocido ni se ha disculpado por sus horrendos crímenes.

Como ejemplo, basten estas escandalosas palabras de Blázquez, refiriéndose a la beatificación de 498 mártires de la Guerra Civil, el 28 de octubre de 2007 en Roma: «La beatificación de los mártires no va contra nadie, a nadie se echa en cara su muerte, a nadie se pide cuentas. Aunque nosotros nos referimos a los mártires cristianos, mostramos nuestro respeto a las personas que han servido a sus causas hasta las últimas consecuencias. Ante toda persona que lucha honradamente por la libertad de los oprimidos, por la defensa de los pobres y por la solidaridad entre todos los hombres inclinamos nuestra cabeza, remitiendo a Dios el juicio último». Impresionante.

3.- La Historia quizás no se repite pero rima. Las izquierdas y los nacionalismos están tratando de tomar el poder para destruir el Estado de Derecho, último baluarte de una España unida, como hicieron en la Segunda República. Pero ahora asistimos a un golpe de estado blando, posmoderno, aunque se siga atacando siempre a los mismos: a las derechas, al ejército y a la Iglesia. ¿Qué parecidos y qué diferencias ve entre lo que está ocurriendo hoy y lo que sucedió durante la República?

Bueno, no es que se pueda hablar de parecidos, es que estamos viviendo la misma situación, que yo me atrevería a calificar de prerrevolucionaria, e incluso de prebélica: tenemos un Frente Popular constituido por los mismos partidos que lo integraron en el 36; y con los mismos objetivos de descristianizar España, fragmentar su unidad territorial, acabar con las libertades, y entregarla a manos externas. La única diferencia es que ahora esas manos son las del Nuevo Orden Mundial, en vez de la Rusia de Stalin.

Las blasfemias, los ataques al catolicismo, el acoso a los partidos de derecha, la promulgación de leyes totalitarias, el apoyo al separatismo, el clima general de crispación que se respira en España… todo guarda un paralelismo evidente con la España del 36.

 4.- Hay un relato generalmente aceptado de la República como una democracia plena y el levantamiento de los nacionales, con el General Francisco Franco a la cabeza como un golpe de Estado fascista. Pero no se habla mucho del Lenin Español, Largo Caballero, que quería derrocar a la República para instaurar una Dictadura del Proletariado al estilo de la soviética bolchevique (no hay más que leer sus discursos). Eso hubiera supuesto la supresión de la burguesía como clase, esto es, cientos de miles o millones de muertos. ¿Qué hubiera ocurrido si los Republicanos hubieran ganado la guerra?

Pues es fácil de imaginar, ya que, como reconocía el mismo Indalecio Prieto, la guerra iba a ser sin cuartel, porque el bando que ganara no tendría piedad del perdedor. Gran verdad, especialmente en el bando rojo, ya que entre ellos mismos organizaban fratricidas razzias, pogroms y ajustes de cuentas, y, si torturaban salvajemente y asesinaban a religiosos y a gente por el mero hecho de llevar un crucifijo al cuello, es espeluznante el solo hecho de imaginar lo que hubieran hecho con sus víctimas en caso de haber ganado la guerra. Desde luego, no habría sido de «paz, piedad y perdón», como pedía Azaña en un discurso pronunciado el 18 de julio de 1938.

Se calculan en unas 75.000 las víctimas del Terror Rojo, y eso que nunca pudieron ejercer la inevitable represión tras una guerra, así que no es difícil imaginar que estas víctimas se hubieran mutiplicado exponencialmente en caso de que hubieran triunfado en la guerra.

 5.- Ahora quieren desenterrar a Franco y probablemente convertir el Valle de los Caídos en un museo del holocausto falangista…..holocausto que, como tal, no ocurrió. ¿Cómo fueron la represión franquista y los mismos trabajos forzados que elevaron el Valle de los Caídos? El Ministerio de la Verdad del Nuevo Orden Frentepopulista pretende exhumarlo como si fuese el origen de todos los males pero ¿qué balance se puede hacer más de cuarenta años después de su muerte de su Dictadura? 

Las víctimas represaliadas por el franquismo se cifran actualmente por la historiografía seria, aquella que investiga las actas en los Registros Civiles, en unas 22.000, pues, al haber sido juzgadas previamente, se tiene constancia documental de ellas, al contrario de lo que sucede con las víctimas de las checas. En todos los casos se trata de reos con delitos de sangre. Cuando no era éste el caso, se beneficiaron de multitud de indultos, y de redención de penas por el trabajo.

En cuanto al Valle de los Caídos, se ha demostrado documentalmente que allí trabajaron unos 2000 presos, solamente durante 9 años, los cuales iban al Valle de forma voluntaria. El Trabajo de Alberto Bárcena ha demostrado también que cobraban un salario igual al de los obreros libres, que redimían pena ―a razón de 6 días por cada día trabajado―, que vivían en poblados, con sus familias…

En lo que respecta al balance del mandato de Franco, los hechos están ahí: dejó un país reconciliado, con un alto índice de prosperidad, hasta el punto de que, de ser un país atrasado, nos convertimos en la 8ª potencia mundial, con una Seguridad Social universal, una legislación laboral muy favorable a los trabajadores, una formidable red de infraestructuras (pantanos, escuelas, Universidades, hospitales, et.). Y todo esto se consiguió con una presión fiscal muy baja, ya que no se pagaba IRPF, ni IVA, ni impuesto de Sociedades…

6.- ¿Qué supuso la Transición? ¿Qué pasa hoy con nuestra Constitución, papel mojado para unos y baluarte frágil al que se aferran otros, aparte de documento jurídico blindado contra reformas?

¿Qué supuso la Transición? Pues lo explicaré describiendo un escenario que parece sacado de «El Jardín de las Delicias», el dantesco cuadro de El Bosco, o del mismísimo infierno de Dante: botellones,  banalización del sexo, silbatinas al himno español, ultrajes a la bandera, secesionismo impune y subvencionado con fondos públicos, hordas antisistema, blasfemias que no se penalizan, ideología de género, feísmo avasallador, persecución del catolicismo, inmigración descontrolada, multiculturalismo diluyente de nuestra identidad nacional, políticos corruptos, redes sociales donde los filoterroristas campan a sus anchas, telebasura  a espuertas, una deuda de más de 1 billón de euros ―a pesar de una presión fiscal asfixiante―, de paro del 14%, bancarrota del sistema de pensiones, elevadísimo consumo de cocaína ―somos el primer país europeo―, cerca de 100.000 abortos al año ―más que Alemania, país que nos dobla casi en población―, una tasa de divorcios superior al 70%, un fracaso escolar cercano al 30% ―el mayor de Europa―, 600.000 «ninis», marginación del idioma castellano en algunas CC.AA, una tribu política de 440.000 apoltronados oportunistas ―más del doble que Italia, el país que nos sigue en la lista en cuanto al número de políticos―…

La Constitución fue la «Caja de Pandora» de la que salieron todos estos males, especialmente las gravísimas amenazas a nuestra integridad territorial, pues su articulado peca de tal ambigüedad, que otorga un poder descomunal a las CC.AA.

En cuanto a su posibilidad de reforma, ésta se quiere hacer para introducir dentro de ella toda la basura ideológica del LGTBI, el feminismo, el antifranquismo, el federalismo…

7.-¿De dónde viene tanto odio a España? 

El odio a España proviene del odium fidei, es decir, del odio a la fe católica, porque España ha sido el baluarte de la catolicidad, el bastión que la ha defendido, la promotora de la mayor obra evangelizadora de la historia. Siendo así, es lógico que se desaten contra ella las puertas del infierno, las conspiraciones y los ataques de La Sinagoga de Satanás. Aquí radica el origen de la «leyenda negra», y de las agresiones que hemos sufrido por parte de carbonarios, de masones y bolcheviques.

Para colmo, somos el único país que ha derrotado a una revolución comunista, y por eso los derrotados en el 36 están de vuelta, para cobrarse cumplida venganza de su derrota.

8.- Vivimos una época en la que las nuevas tecnologías han permitido un menor monopolio de los medios de comunicación de masas de la información (y de la desinformación), pero internet es un hervidero de rumores y fake news sobre casi cualquier asunto. ¿No es la verdad, hoy, algo muy difícil de encontrar y, sobre todo, de transmitir? 

No es que sea difícil, es que es casi imposible, pues todos los medios de comunicación están en poder de «La Sinagoga de Satanás», que se ha servido de ellos para adoctrinar a las masas aborregadas en su perversa ideología. Y como además en España detentan también el poder político y el judicial, tienen asimismo el poder para hacer leyes liberticidas que cercenan la libertad de expresión, y el poder coactivo para perseguir, acosar y penalizar a los disidentes, ya que una de las lacras de nuestra presunta democracia es la subordinación del poder judicial al poder legislativo y ejecutivo. Es así como podemos decir que en España vivimos en una «dictacracia», donde un orwelliano «Ministerio de la Verdad» controla la opinión pública mediante una auténtica «policía del pensamiento», pues como tal hay que calificar a la totalitaria «Fiscalía contra los delitos de odio».

9.- En el panorama político actual, con los partidos que se presentan a las elecciones, ¿qué espera que suceda el 28-A? ¿Cree que podemos albergar alguna esperanza de que España no se vuelva a sumir en el caos?

Pues, si he de ser sincero, estoy por afirmar que el 28-A volveremos a vivir otro golpe de Estado, otro más de los innumerables que ha protagonizado la izquierda en España, en forma de pucherazo. Hay quien afirma que ya los hubo en el 93 y en el 96, y en el 2004 ―aunque esto fue un golpe de Estado en toda regla, tras el atentado del 11M―, y en todos los casos triunfó el PSOE. Ante el avance de la derecha identitaria, no me extrañaría que hubiera otro.

En todo caso, el caos ya lo tenemos, estamos inmersos plenamente en él: somos un país en bancarrota económica, tensionado, en clima prerrevolucionario, donde un Gobierno pacta con golpistas, con una violencia larvada que puede estallar en cualquier momento.

Es el caos al que nos ha llevado la Transición y una democracia fallida.

Como suelo decir: Que Dios nos coja confesados.