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La derrota del liberalismo

escrito por Burrhus el elefante neocon 14 abril, 2019

Perdonen mi exceso de franqueza. Desde la proclamación de la Constitución de 1978, los liberales no hemos hecho ninguna aportación relevante a las libertades económicas, civiles y morales de España. No ha existido un partido liberal que haya tenido un impacto significativo, no ya en la legislación, sino que haya alcanzado una mínima repercusión parlamentaria. Para que lo entendamos, en las últimas elecciones al Partido Libertario no sacó ni 8.000 votos (no me he comido ningún cero, ocho mil). Y dudo mucho que estos resultados sean distintos en las próximas elecciones. Pero incluso en el caso de que por un cisne negro del tamaño de la Patagonia se consiguiese representación parlamentaria, los liberales lo tenemos muy crudo para cambiar nada. España es una socialdemocracia garantizada constitucionalmente, como lo es toda Europa. Y el 99% de los partidos con representación parlamentaria, sean más de izquierdas, de derechas o liberales, entran en lo que podríamos llamar “el consenso socialdemócrata”. Eso supone que, para cualquier reforma de calado en la Constitución (que es el marco que fija las obligaciones del Estado, su tamaño real), se requieren dos tercios a favor en el Congreso y el Senado. Y si pertenecen a los dos primeros capítulos del primer Título (derechos y libertades fundamentales) o al Título II (monarquía), requiere ser aprobado además por referéndum y luego volver a ser aprobado por las Cortes por dos tercios.

Siendo realistas, la conclusión es muy sencilla. Cualquier defensa del anarcocapitalismo o del minarquismo en términos políticos es una utopía política condenada al fracaso. Más aún. La consecuencia directa de negarnos a participar en la esfera política es no lograr ningún avance en materia de libertades y de derechos civiles.

Los derechos y libertades se conquistan y se defienden en el marco legal vigente. En este caso, la defensa se hace en el Congreso y el Senado, se plasma en la Constitución y la legislación vigente y se mantiene a través de la actuación de la Administración del Estado y de la jurisprudencia. Aquí, los liberales no hemos pintado nada en los últimos 40 años. 8.ooo votos en las últimas elecciones. Esto es lo que hay.

Ningún purista de la libertad ha conseguido ningún avance real en materia de derechos y libertades fundamentales. Permítanme un ejemplo. Andalucía ha sufrido un latrocinio socialista de 38 años, y no ha habido manera de echarles de la poltrona. Ni con una tasa de paro del 30%. Ni con unos niveles de corrupción y despilfarro que superarían los 3.000 millones de euros. Ni con una renta per capita un cuarto inferior al resto de España. El primer atisbo de avance en la libertad ha venido de la mano de tres partidos socialdemócratas e intervencionistas, PP, Ciudadanos y VOX, al eliminar parcialmente el impuesto de sucesiones. Ni el P-Lib, ni los anarcos, ni Nozick ni el espíritu de Rothbard con una Glock en la mano. A la hora de la verdad, la libertad no se gana o se mantiene en los estériles debates de las redes sociales, sino en las leyes que las plasman.

A lo que podemos aspirar los liberales es a influir. Ya sea por “infiltración” en los partidos políticos o por aparición en los medios de comunicación. Si miramos con un poco de perspectiva, los grandes avances que se han producido han llevado el apellido “liberal”. El liberalismo suele estudiarse desde tres núcleos. El político, el moral y el económico. Repasemos:

  • Liberalismo moral. Grandes avances con el divorcio y el matrimonio homosexual. Mantenimiento de la aconfesionalidad del Estado. No tenemos problemas generalizados de homofobia o machismo.
  • Liberalismo político. Fuerte descentralización del Estado. Justicia relativamente independiente del poder político, con salvaguarda en los Tribunales europeos. En lo esencial, se mantienen la seguridad jurídica, la independencia de las instituciones jurídicas y policiales esenciales, la jerarquía normativa o la no aplicación de disposiciones sancionadoras con carácter retroactivo.
  • Liberalismo económico. Casi todo lo bueno que ha pasado ha sido gracias a nuestra integración en la Unión Europea y a la libertad de circulación de personas, mercancías, capitales y servicios. Puede añadirse la reducción o eliminación de algunos impuestos.

Con todos los peros que se puedan poner, estos avances son liberales. Y, seguramente, sea lo mejor que hemos conseguido en estos 40 años de democracia. No está mal. Estos avances en las libertades no los hemos conseguido los liberales, sino los partidos socialdemócratas que han tocado poder.

Dicho esto, la libertad más machacada en España es la económica. Mientras hemos avanzado en un 80% en libertades morales y en un 70% en el liberalismo político, el liberalismo económico puede estar rondando el 50% (es una cifra arbitraria e inventada que pongo basándome en el Index of Economic Freedom y eliminar lo que tenga que ver con la Unión Europea, pero a la que verán cierta lógica si observan el nivel de intervención del Gobierno). Si hay una libertad que debemos mejorar, es ésta. ¿Significa esto que deben descuidarse el resto de libertades? Ni mucho menos, pero hay que ser realista. Para modificar sustancialmente el entramado legal relativo a las libertades morales o políticas, no sólo hay que hacer frente a una altísima presión social (no solo desde la izquierda, también desde la derecha), sino también hacer modificaciones constitucionales aprobadas por dos tercios del Congreso y del Senado (en dos ocasiones) y un referéndum. Incluso para modificaciones del Código Penal se requieren de leyes orgánicas (mayoría absoluta, 176 diputados de 350). Para cargarse la economía basta con una ley para aumentar los impuestos y un Decreto que regule, que emana del Gobierno. No obstante, el mayor ataque a la libertad individual y al derecho de propiedad lo ha perpetrado un Ayuntamiento, como el de Madrid, al liquidar el 95% de los alquileres turísticos de la ciudad con un simple decreto local. Ninguna autonomía puede poner en cuestión la jerarquía normativa. Ningún ayuntamiento puede liquidar el matrimonio homosexual. Pero un grupo local minoritario con suficiente influencia puede decidir el futuro de una inversión de 500.000 euros (o lo que es lo mismo, su futuro económico, toda su vida familiar y su proyecto vital) dándole la patada correspondiente a la normativa.

¿Son Vox, PP, Ciudadanos, PSOE, Podemos, ERC, PNV, Bildu y otros partidos una amenaza para las libertades? Indudablemente, la respuesta es SÍ. Todos los partidos buscan el control, la ingeniería social, la limitación de la sociedad civil. De una manera o de otra. Y si usted quiere cambiar algo en favor de la libertad, debe ser igual que ellos. No porque no pueda, sino porque hacer lo contrario es ilegal, y lo primero que debe hacer cualquier Gobierno es respetar la legislación vigente (donde acaba la ley…). La diferencia entre unos partidos y otros es el nivel de dificultad con la que pueden cercenar las libertades. Con todas las excepciones que quieran poner, las morales están muy bien protegidas (modificaciones constitucionales, leyes orgánicas polémicas). Las libertades políticas están bien protegidas (independencia judicial, Europa, modificaciones constitucionales). Las libertades económicas están expuestas a los espontáneos delirios del burócrata de turno de escalafón más bajo. Y vivimos en una democracia forzosa, no hay forma de darse de baja. Ríase de Hans Kelsen.

Por todo esto, mi posición no es abstencionista. Por supuesto, respeto la postura de los abstencionistas (me niego a repartir carnés), pero la batalla por la libertad no se puede limitar a la difusión del liberalismo y a la excusa del mismo perro con distinto collar. Si la difusión y la defensa de la libertad no se plasma en el marco legal, no sirve de nada. Leer “La Ética de la Libertad” o “Los Fundamentos de la Libertad” no hace que la normativa comunitaria, estatal, regional y local se le deje de aplicar. Lo único que voy a hacer es intentar defender las libertades lo mejor posible en base a las probabilidades de que éstas puedan verse aumentadas o reducidas. Nada más. No se trata de votar al partido que corresponda porque ese partido sea liberal; o por renunciar al liberalismo, al minarquismo o al anarcocapitalismo. Se trata de intentar acercarme a todo esto con las herramientas legales y dentro de las normas de juego (buena suerte defraudando a Hacienda).

Por cierto, creo que uno puede llevar “El Manifiesto Libertario” mientras entrega su declaración de la renta el 26 de junio a la correspondiente delegación. Y nunca olvide que “error o desconocimiento no eximen de cumplimiento”.

PD: Ya les contaré a qué partido he votado, así como la cantidad de alcohol que debí ingerir.

PPD: Nada me gustaría más que el PLIB sacase 40 diputados.