Home Entrevistas El forjador de mitos (entrevistas a Fernando Sánchez Dragó)

El forjador de mitos (entrevistas a Fernando Sánchez Dragó)

escrito por Germanico 4 abril, 2019

Fernando Sánchez Dragó no deja de sorprendernos, una y otra vez, con su palabra y su obra, en particular la escrita. Y acaso también se sorprenda a sí mismo, cuando se da cuenta de que no da cuenta de las certidumbres profundas que le guían. Algunos hemos llegado a creer que militaba en Vox, pero ay, craso error, dado que no militará jamás en nada y con nada se identificará jamás por completo salvo consigo mismo y con su afán de autoconocimiento, que siempre está necesariamente ligado al del conocimiento del mundo social, que dentro de cada uno de nosotros grita. Y el principal grito que él escucha, creo deducir, es el de la libertad, el del derecho al juego perpetuo, el que evoca la gran responsabilidad de ser irresponsable, y a la inversa.

Ha demostrado a lo largo de su obra que para él el mito es una parte esencial de la historia. Naturalmente no hablamos de estos burdos mitos que llevan a algunos a defender una Cataluña independiente o un califato universal. De hecho los mitos que suelen atraer su atención son los de los héroes. Siendo hombre de pocas convicciones, sí lo es de la fe en las fuertes convicciones basadas en una espiritualidad saludable. Lo noble le conmueve, lo aristocrático, en un sentido nietzscheano. Es como si esperara la venida del superhombre y, en la espera, cantara la gestas de los hombres que se sacrifican en los altares de la humanidad venidera.

Ayer presentó su último libro sobre uno de esos hombres que representan lo más decente de una humanidad que parece volverse loca: “Santiago Abascal: la España Vertebrada”. La presentación, al igual que el libro, consistió en una conversación entre el literato y el patriota, entre el cronista y el personaje protagonista de su historia, entre el escéptico-cínico y el hombre de fe con una firme determinación. En un momento dado Dragó hizo una comparación, bromeando, pero con un fondo de seriedad, entre ellos dos y Francisco López de Gómara y Hernán Cortés. A mí no me pareció desacertada. Como no me pareció desacertado que señalase el lado socrático de Abascal: el vasco, en efecto, hace suya la frase “sólo sé que no sé nada” en más de una ocasión, y luego demuestra saber formular las preguntas correctas para dar con las respuestas más apropiadas o al menos descartar las erróneas. De pensadores españoles con los que identificarse hablaron de dos: Don Miguel de Unamuno y Don José Ortega y Gasset. Ambos, del gusto de Dragó, han sido españoles universales, de esos que tanto se defienden desde el partido de Abascal. Si bien Gasset inspiró a Dragó el título al libro de sus conversaciones con Abascal, al haber escrito en el año 1931, recién comenzada la Segunda República Española, La España Invertebrada, que describía muy bien los problemas que azotaban a nuestra tierra y que aún hoy siguen azotándola. Su lectura, de hecho, se puede hacer ahora igual que cuando se publicó y sentir que trata sobre una realidad presente.

Fernando Sánchez Dragó es un encantador de serpientes, un brujo de la palabra, un Petronio que ejerce de maestro del buen gusto en medio de la frivolidad de una orgía, y un hombre capaz de meditar trascendentalmente hasta encontrar ése vacío interior tan necesario para librarse del peso de su propio conocimiento y de su propia ignorancia. Si Heráclito dijo que uno no se bañaría dos veces en un mismo río, cuando uno se dispone a leer a Dragó, puede tener la seguridad de que no va a leer a un mismo Dragó, aunque siga siendo el mismo.

Eurófobo y simpatizante de los políticos políticamente incorrectos, no duda en ensalzar a Vladimir Putin, Viktor Orbán y a Donald Trump.

Fernando Sánchez Dragó ha tenido la inmensa amabilidad de responder unas preguntas para Desde el Exilio.  

1.- Confieso haber leído columnas suyas en el periódico que me han entusiasmado y algunas otras que me han llevado a pensar que usted estaba loco de remate, o tonto de capirote. Pero, como suele suceder con los heterodoxos incluso en la heterodoxia, usted es simplemente inclasificable y ante sus palabras, si se leen con cuidado, no cabe la indiferencia y sí la reflexión. ¿Se considera a sí mismo un polemista? ¿Cree que incurre en contradicciones? ¿Percibe su evolución personal y espiritual como algo capaz de abarcar, de alguna forma, tanto juego del pensamiento y del lenguaje?

Nací raro (esto es: nací escritor) y, encima, tengo desde mi niñez la saludable costumbre de contradecirme a diario, por no decir cada cinco minutos. Quien no es capaz de hacer eso, siguiendo las enseñanzas de la dialéctica que en su día formuló la filosofía griega y acomodando su forma de pensar (y hasta de ser) a la estrategia del pensamiento paradójico, pasa por la vida como las mariposas clavadas con un alfiler en el álbum de los entomólogos. Lo uno y lo otro, la rareza y la contradicción, explican que usted, y muchos otros, me consideren una persona inclasificable. Me gusta serlo y que me vean así, me gusta suscitar a veces entusiasmo y parecer en otras ocasiones loco de remate y tonto de capirote. Lo que persigo con mis columnas es que los lectores, perplejos, se rasquen la cabeza y mejor aún si se llevan las manos a ella. ¿No es eso lo que buscaba Sócrates cuando visitaba los mercados de Atenas y desconcertaba a sus interlocutores por medio de la ironía y de la mayéutica? Imagine que el pensamiento es un latifundio con muchos minifundios delimitados por mojones. Si los muevo un poco, sólo un poco, todas las ideas recibidas, como diría Flaubert, y la taxonomía que las encasillan saltan por los aires, las certezas se tambalean, lo que digo irrita al lector (no siempre… También lo deslumbra) y provoca un reacción en el sistema inmune irrigado por el discurso dominante. Si escuece es que cura, dice la voz del pueblo en lo concerniente al uso de los desinfectantes. Mis maestros son los estoicos, los epicúreos, los cínicos, y soy, a fuer de platónico, socrático a más no poder. Mi filósofo favorito es Diógenes, máximo ejemplo de la extravagancia, la excentricidad, la insolencia y, en definitiva, de todo lo que hoy incluimos en el epígrafe de la incorrección política. No soy capaz, como él, de ir por la vida en pelotas, ni de vivir en un barril, ni de masturbarme en público, porque las circunstancias han cambiado y ya no existe en el mundo la libertad de costumbres entonces imperante, pero siempre he frenado en seco a los poderosos que se acercaban a mí con un cesto de preseas y les he pedido que me dejasen en paz y no me quitasen el sol. Pero no, no soy un polemista, sino un taoísta que jamás busca pelea. Polemistas son quienes polemizan con lo que escribo. No es lo mismo, sino lo contrario, ser un provocador que tener ideas provocadoras. Yo me limito a exponerlas. La única diferencia entre un loco y yo, como de sí mismo dijese el Divino Dalí, es que yo no estoy loco.   

2.- Entiendo que su afiliación a Vox responde a una necesidad sentida de participar en algo mayor que usted mismo, que cualquiera de nosotros. ¿Qué es para usted España? Y si tuviera que posicionarse ¿Quiénes son sus enemigos personales y quiénes los enemigos de España? 

Ni me he afiliado a Vox ni me afiliaré jamás. Mi independencia es rigurosa e insobornable. Nunca entraré en un partido político, ni en una Iglesia, ni en una peña, ni en un grupo, sea cual sea su índole, ni suscribiré una ideología. Voy de a uno por la vida. No soy animal social, sino cordial. ¿Es usted de los que me asignan una filiación basándose en algo tan insignificante como asistir desde la barrera al mitin de Vistalegre? También he ido a alguno de Casado y de Rivera, y no por ello me han tomado por seguidor de sus partidos. Soy curioso y juguetón. Supongo que, de haber vivido en la Alemania prenazi, también me habría dejado caer por algún mitin de Hitler. O de Lenin, en la Unión Soviética. ¿Impulso de incorporarme a algo mayor que yo? ¡Pero si nada es más grande que el yo! La colectividad expropia la personalidad y empequeñece al individuo. Cierto es, sin embargo, que la llamada de la épica, compatible con la de la lírica, siempre ha resonado dentro de mí. Hace sesenta y cinco años me condujo a luchar contra Franco; ahora me induce a apoyar a Vox, pero siempre desde fuera y reservándome el sacrosanto derecho a la espantada. En cuanto a España… ¡Menuda pregunta! He dedicado nada menos que ocho libros (nueve con el que acaba de salir) a responder a esa cuestión. No le daré más vueltas. España es, simplemente, una patria: la de cuantos han nacido y nacerán en ella. ¿Y qué es una patria? Ortega la define como un proyecto sugestivo de vida en común. Esa definición, de entrada, me vale; de salida, según… Patria, padre. A éste se le ama en la infancia, se le mata en la adolescencia y se le respeta en la madurez.

3.- Se sabe de sobra que no simpatiza particularmente con la Unión Europea, en particular en su versión más mastodóntica, burocrática y totalitaria. El relato aceptado, que usted de sobra conoce, es que tras la segunda guerra mundial, y para lograr impedir nuevas guerras en el viejo continente, los países europeos fueron progresivamente integrándose en una unión, en principio más restringida (con un número menor de países y para la economía del carbón y el acero) y luego abierta a cada vez más países, entre ellos los países del Este de Europa que pertenecieron a la extinta Unión Soviética, y a más áreas en las que integrarse: mercado común, moneda única y representación en la Comisión, el Consejo y el Parlamento Europeo. Hoy, desde muchos frentes, se pone en duda a la UE. El Brexit (que usted apoyó) ha sido un duro golpe pero no parece que vaya a ser el primero. ¿Hacia dónde camina con pasos lentos y quejumbrosos la vieja Europa? ¿Qué futuro desearía usted para nuestro continente? ¿Qué es eso que llaman “extrema derecha”?

No miento ni exagero si digo que fue el primer euroescéptico español. El día (la noche) en la que entramos en la Unión Europea envié un telegrama al ministro de Justicia solicitando el estatuto de apátrida ante la infamia cometida, rayana en la alta traición. La repercusión fue formidable. Ahora ya no soy meramente euroescéptico, sino abiertamente eurófobo. La Unión Europea, instrumento colonialista donde los haya, es un constructo desiderativo fabricado según la pauta del modelo de Frankestein, un aggiornamento de la vieja liturgia de la idolatría de Mammón y un juguetito comprado con dinero del contribuyente para que los políticos dispongan de una casa de muñecas. Pero no merece ya la pena gastar saliva en vano para analizar un fenómeno del ayer que no tiene la más mínima posibilidad de llegar al mañana. Sus días están contados. Es posible que el 26 de mayo reciba la estocada definitiva. ¡Pandilla de burócratas, de explotadores, de quintacolumnistas del Islam, de buenistas, de multiculturaristas, de relativistas y de lacayos de la progrecracia! Que la zurzan.

4.- Vladimir Putin pretende recuperar la grandeza de la antigua Unión Soviética (cuya descomposición calificó como la mayor tragedia del pasado siglo), por lo menos en cuanto a importancia en el mundo se refiere, pero lo hace desde una inclasificable forma de Gobierno autoritario que frena las disidencias de forma drástica y desde lo que él denomina una Dictadura de la Ley, que acalla a muchas voces y bajo la cual también se da un pillaje de burócratas que arruina a todo el que trata de emprender en Rusia. Parece centrar sus expectativas en el control de la Energía y la amenaza que representa su poder nuclear. Y su llegada al poder desde el FSB está llena de agujeros muy oscuros. Pero para usted no es tan malo. ¿Podría hacerme una pequeña apología para anti-putinianos de este gobernante tan frío y descarado?

Un político tiene que gobernar y no que pastelear, negociar y vivir en las nubes de las abstracciones. Putin lo hace. Lleva ya muchos años en el poder y el ochenta y tres por ciento de los gobernados aprueban su gestión. Por algo será. Sin él, además, tendríamos a los yihadistas metidos en nuestras camas. Vano ha sido el esfuerzo de demonizarlo recurriendo a las calumnias y las fake news. Lo considero el mejor político del mundo, Bueno… A Orbán también. Y Trump no les va a la zaga.

5.- Con el Procés hemos visto cómo salía a la luz lo más cateto y provinciano de nuestro país, el lado más cutre, soez, y la estulticia y la barbarie en estado puro. También el ataque a los derechos humanos, a la democracia y a la ley en nombre de esos mismos derechos humanos, esa democracia y esa ley. Hablan del Derecho a Decidir, aunque tienen otras muchas frases que hacen que el lobo parezca un auténtico cordero. Como señala uno de nuestros entrevistados, Juan Antonio de Castro, coautor del libro Soros, rompiendo España, están dando un Golpe de Estado blando. Cayetana Álvarez de Toledo creo que acertó al decir que era peor que el de Tejero, al cual calificó de premoderno frente al actual del Procés, que es posmoderno. Parece obvio que, después de tanto énfasis puesto en la evolución de las sociedades, del Progreso, el ser humano sigue teniendo lo que Cioran llamó escépticos y bárbaros. ¿Nada nuevo bajo el sol? ¿Vuelven el marxismo y el nacionalismo vestidos con otros disfraces? ¿Es la decadencia de Occidente?

Pues sí… Es la decadencia de Occidente, pero ésta ya fue anunciada, descrita y analizada por Spengler en una de las obras de mayor voltaje, cilindrada y pegada que jamás se hayan escrito. A ella me remito. No perderé el tiempo volviendo a decir lo que ya se ha dicho. Michelet señaló que el cristianismo nació con el propósito de ser una religión oriental y acabó siéndolo occidental por una serie de vicisitudes históricas de sobra conocidas. En esa encrucijada fraguó el ADN de una cultura que llevaba fecha de prescripción. Es imposible que sobreviva a largo plazo un modelo de sociedad basado en el igualitarismo de la doctrina cristiana, el delirio del sufragio universal y la imevitable sustitución de la meritocracia por la oclocracia. La izquierda es una herejía o una secta del cristianismo que conduce siempre a la miseria, a la opresión. al chantaje victimista y al liberticidio. Así nos va. De impostura en impostura hasta la derrota final.

6.- Después de ocho años de Obama llegó Trump a EEUU. En este país la corrección política se implantó a fondo con el primer mandatario y el segundo parece mandarla a la mierda. Usted desde luego podrá ser considerado cualquier cosa pero políticamente correcto no es la expresión con la que yo le definiría. ¿Simpatiza con los modos de Trump, con su irreverencia contra la dictadura de lo políticamente correcto, o ve en él algo más?

Deseé y anuncié en su día la victoria de Trump. Añado ahora que dispondrá de un segundo mandato, y si no es así, no pasa nada, porque otros, muy parecidos, vendrán. Columpio de la historia: el sentido común se impone, la corrección política llega a su fin, la progrecracia hace mutis, la soberanía individual vuelve por sus fueros, el principio de autoridad sustituye al autoritarismo, renace la jerarquía, regresa papá… Y mamá.

7.- ¿Qué se trae entre esas manos de escritor? ¿Nos tiene reservada alguna sorpresa?

No hay sorpresas en mi obra literaria. Su coherencia, sin entrar en valoraciones o descalificaciones subjetivas que no son de mi competencia, es absoluta. Con ella he ido forjando una cadena de eslabones sucesivos y todavía faltan algunos, pero su horma ya está hecha. Es como el sistema periódico de los elementos químicos: analizando las casillas ya rellenas cabe deducir el contenido de las que faltan por rellenar. Me refiero, claro es, a mis obras mayores; las menores carecen de valencia en la acepción química de la palabra. Llevo mediado el segundo volumen de mis Memorias, que abarcan desde el día en que llegué a la universidad (2 de octubre de 1953) hasta el día en que me fui al exilio (1 de agosto de 1964):  Galgo corredor (los años guerreros). Doce añitos bravos. Pero antes ‒dentro de unos días, ¡vaya!‒ saldrá Santiago Abascal. España vertebrada (Planeta). Es posible que en ese libro haya mucho de sorpresa. Divertículo sí que lo es. Escribo durante muchas horas todos los días. Admito que eso deja margen a las sorpresas, pero si yo las conociese dejarían de ser sorpresas. Ya veremos.