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Vox: en el punto de mira

escrito por Germanico 18 enero, 2019

La mentira y la violencia van de la mano. Son los dos recursos para obtener de otros lo que se desea en juegos de suma cero, donde el intercambio no se contempla o se considera malo. Entre los individuos es destacable que sean los psicópatas reconocibles por el uso del engaño y la intimidación o la agresión para lograr sus objetivos egoístas. Así que tampoco sorprende demasiado que en un orden superior y más complejo de trato social, en los asuntos de las “polis” o, como hoy los llamamos, la política, sean la manipulación y las amenazas y ataques físicos el “arma” utilizada por los maquiavélicos aspirantes a príncipes o a plebeyos de una feliz arcadia.

Hoy en España se está observando cómo funcionan estas herramientas en manos de los próceres de la izquierda política y (su medio), los medios de comunicación “afines”. No hay nada nuevo bajo el sol porque la naturaleza humana, de ése animal político perfectamente identificado por Aristóteles, dispone de sólamente un número limitado de recursos cognitivos y comportamentales para obtener, dentro del marco de una sociedad de homo sapiens (presumiblemente inteligentes), su sustento o sus prebendas.

No voy a rehuir el discurso, ni a dejar de señalar a los responsables de nuestras miserias nacionales. Voy a bajar a la arena. Hoy es VOX la organización que está en el punto de mira de los que hacen uso de la manipulación en los medios de comunicación y en las redes, así como desde los poderes instituidos, investidos de la autoridad que da el haber sido elegidos democráticamente como representantes de la Soberanía Popular, de ésos que de momento tienen las riendas y a ellas se aferran con un frenesí casi histérico. Y por supuesto está en el punto de mira de su “brazo armado”, que no es el que está establecido conforme a la ley y al Estado de Derecho, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, sino un conjunto de agitadores callejeros que entienden que representan al pueblo y son la democracia viva y activa, que se dedican a hacer escraches, acosos, y a amenazar a los que no piensan como sus líderes y lideresas, cuando no directamente a a agredirles físicamente.

Ahí los tenemos, los Señoritos y Señoritas que se lavan las manos como Pilatos en nombre del Progreso y la Democracia Avanzada y los tontos útiles que a pie de calle están dispuestos a manchárselas incluso de sangre, que han sido manipulados por el nuevo método de la izquierda de alcanzar la hegemonía: el marxismo cultural, ése que Rajoy despreció hasta el punto de no darse cuenta que iba a acabar con su “economicismo”. Porque los pilares de una sociedad abierta no son económicos: es preciso un marco institucional estable (imposible de articular en medio de un caos posmoderno y relativista), pues solamente con éste marco institucional estable se puede salir en libertad a las calles, a los puestos de trabajo o al mercado así como a las actividades de ocio o las que no tengan ánimo de lucro, con tranquilidad para hacer posible el mantenimiento y la creación de las relaciones de producción necesarias para que exista una economía sana y próspera, en definitiva, una economía de mercado.