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De profesión: gilipollas

escrito por Sofía Rincón 12 febrero, 2018

He aquí un elemento ideológico muy importante: la estupidez.

El discurso simple, la descalificación barata, la mofa falseante, son formas de expresión de gran relevancia para mover a las masas. Partir de ideas generales provoca que su desarrollo en la cabeza de cada individuo sea adaptable a la concreción subjetiva de éste, es por esta razón que el peso de este elemento radica en la emotividad, pues añade una capacidad de identidad que fomenta la ambigüedad primigenia ya comentada.

El comportamiento que implica el uso de esta expresividad podemos observarlo fundamentalmente en activistas y políticos, pues el fin de ambas ocupaciones es convencer al vulgo de que algo o alguien es malo. El discurso no debe dar cabida a otras formas de pensamiento sino que ha de hacer énfasis en la idea del Mal pues, en caso contrario, el impacto propagandístico no tiene el efecto que debe. Es por esto que comportarse como un gilipollas (independientemente de si esto se hace con mayor o menor frecuencia) forma parte de la cotidianidad del activista o el político: no porque la persona que ejerce ese trabajo lo sea, sino porque comportarse como un gilipollas de la manera que sea es su profesión ya que la masa no comprende otra retórica.

Desde luego esto no quiere decir que los gilipollas de profesión sean gente tonta o simple en su vida real, ni mucho menos: hay de todo. Pero, evidentemente son conscientes de que, independientemente de su forma de pensar las cosas han de transmitir las ideas que proyecta su imagen de manera efectiva, pues la propagación de ideas es su trabajo y en propaganda cuanto más simple más rápido.

  • La Duda Que Anda.

    Los antropólogos parecen bastante de acuerdo en que nuestros ancestros avanzaron bastante en su capacidad cerebral a partir de que comenzaron a comer carne.
    Dios me libre de pretender ofender a nadie, pero… ¿tendrá algo que ver la moda actual del vegetarianismo y las dietas veganas con la cantidad de estupideces con que recientemente se nos bombardea…?

  • Tepúflipo

    A veces nos olvidamos que los políticos son como cualquier otro: tienen un producto (ellos mismos o su partido) y deben conseguir que la gente lo compre y eso es lo fundamental. Ser un tipo fabuloso, coherente, legal y todo lo que queramos no sirve de nada si luego nadie te vota. Lo principal para hacer algo en política es que te voten y para eso debes usar el lenguaje que tus clientes/votantes tienen. Aunque sean gilipolleces. Puede ser de vergüenza ajena decir “colón lava más blanco” y poner a mujeres comparando su colada con su vecina, pero en su momento era lo que funcionaba y si se hubiesen dedicado a hablar de la composición química del detergente, de las pruebas que se hicieron y cosas así y encima hubiesen puesto a hombres usando el bote de colón todo el mundo habría comprado Ariel.

    No. los políticos son lo suficientemente inteligentes para entender esas cosas y son muchos politólogos los que no lo entienden… y son los auténticamente gilipollas

  • etrusk
  • pvl

    No estoy de acuerdo.
    Entre los políticos, como en cualquier otra profesión, los hay que habitualmente se comportan como gilipollas y los que raramente lo hacen, y aunque sea generalizar, en general todos los políticos comparten el hecho de ser “piquitos de oro” y tener “mucha labia”, al menos comparados con la media (y los que no lo son, es lo primero que aprenden). Un par de ejemplos concretos de buenos oradores políticos eran Felipe González y Roca, con independencia de lo acertado de sus ideologías.
    Además, para complicar aún más las cosas, con total seguridad, la distinción entre unos y otros es puramente subjetiva: para mí Pablo Iglesias es el ejemplo del perfecto y permanente gilipollas mientras que para un votante promedio de Podemos, Iglesias será el no va más de la coherencia, mientras el gilipollas perfecto será Rajoy o el facha de turno.
    Es cierto que el discurso de los políticos, especialmente durante los mítines y campañas electorales, es poco sutíl, pero incluso en esas ocasiones suele variar en sutilidad dependiendo del público concreto receptor del mensaje, y por lo tanto lo que yo deduzco, es que quien realmente es poco inteligente son las masas a las que los políticos dirigen sus discursos, en tanto que masa por definición es un promedio de individuos.
    De hecho esto último, la estupidez o mejor dicho la mediocridad de las masas, queda reflejado en el texto con la afirmación de que “en propaganda cuanto más simple más rápido”.
    Pero desde el momento en que se comprueba que la publicidad y el marketing son útiles y funcionan, habría que concluir que el único discurso político inteligente es aquel que funciona, con independencia de su sutilidad y coherencia.