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Patriotismo pragmático

escrito por Sofía Rincón 13 enero, 2018

Personalmente no me considero patriota. En términos políticos carezco por completo de ideales (ay, la misantropía), por lo que enfoco mi visión política fundamentalmente desde el pragmatismo, pragmatismo de cara al individuo. Últimamente se critica mucho a esos patriotas fanáticos mononeuronales que se dedican a repetir mantras con una bandera en la mano, pero lo cierto es que, a mi ver, su importancia es considerable cuando se habla sobre la fortaleza de un país.

Cuando se habla de masas no importan lo más mínimo nuestros anhelos particulares o lo que nos gustaría que fuesen las cosas. Lo único que es importante son los hechos. La masa a nivel conceptual es simple, mas no por ello es fácil de gobernar, se presenta una dicotomía pues todo concepto irá acompañado de cosas “buenas” o “malas” que son inherentes a los memes poblacionales. Evidentemente habrá individuos que piensen más o menos, pero una decisión tomada por muchos carece de matices en lo que se refiere a su ejecución (los matices los encontramos en, por ejemplo, el INDIVIDUO que está tras una estrategia militar, pero no en los ejecutantes de la misma). La historia humana es turbulenta, mas como llevamos bastante tiempo sin vivir guerras en Europa se ha establecido una sensación de seguridad que ha permitido a muchos creer que pueden permitirse el lujo de ser “ciudadanos del mundo” (siempre los tópicos), que todo el mundo está dispuesto a razonar y que los conflictos étnicos, culturales o económicos se pueden solucionar con flores. Me temo que no, la política, tanto la diplomática como la burocrática como la militar son negocios serios en los que el sentimentalismo no tiene cabida. La masa no habla ni escucha, se le guía por ideas generales, ambiguas, que permiten que ésta sea llevada a un lado o a otro, pero no es algo inerte sino que está conformada por individuos con unas costumbres, hábitos, normas sociales, cierto nivel de seguridad, etc. No se puede razonar con una masa que quiera alterar de alguna manera estos elementos, por lo que el único camino es tener una fortaleza suficiente como para poder establecer una defensa del enemigo. Sin embargo, cuando se justifica al enemigo, se le compadece y se trata de evitar la guerra o la violencia explícita es cuando llega lo peor. Esto que estoy diciendo ya lo explica Clausewitz en su tratado sobre la Guerra que recomiendo leer al pacifista medio. Sé que suena escandaloso, pero es así. La guerra o la violencia es inevitable en muchos casos, y cuando en esos casos tratan de imponerse medidas de paz para evitarla lo único que se hace es alargar el proceso. Este proceso al alargarse genera confusión y tensión en la población con su consecuente división de masas, algo que a nivel político como país genera debilidad civil. Tampoco llamo a la belicosidad, ya decía Sun Tzu que la mejor estrategia es ganar la guerra antes de que ésta se de, pero desde luego denigrar a los militares, despreciar a la gente que usa banderas o se siente de su país y demás conductas, es políticamente una estupidez (por no hablar de que es estúpido pensar que por el mero hecho de ser patriota alguien tiene que ser estulto). Y no, patriotas no pueden ser únicamente los que nacen en un sitio, sino todos los que contribuyen a ese país objeto de patriotismo aunque no hayan nacido en él.

Venga, ya está, llamadme facha que lo estáis deseando.