Home Política 2018, el año de esa lamentable “pieté”

2018, el año de esa lamentable “pieté”

escrito por Sofía Rincón 2 enero, 2018

Al fin de vuelta a Desde el Exilio, ya puedo oler ese aire fresco que supone decir lo que pienso en mis artículos. Sí, mucho tiempo sin hacerlo, pero lo importante es que estoy aquí otra vez. Comenzando el año escribiendo, pues no hay mejor manera de empezar, con este pesimismo tan característico. Venga, lector, coge un trozo de chocolate para aguantar este texto, y tras esto te doy un besito en la mejilla y te dejo leyendo.

Si fuese supersticiosa vería este inicio como algo premonitorio, así que dejo al lector que decida si es que esto es una señal que predestina el ridículo año que se nos viene encima o si por el contrario las cosas mejorarán… Pero, ¿Premonitorio por qué, Sofía? Pues, mi querido lector, premonitorio porque abandonamos el 2017 con el famoso #HolaPutero, y sí, ya sé que llego tarde a la fiesta, que si el vídeo esto o lo otro, pero quiero hablar de esa basura, y quiero hablar de un aspecto concreto del abolicionismo que nos dejó este sabor infame y que, a mi ver, definirá muchas cosas de lo que se avecina: la pieté.

Cuando Nietzsche habla de “la piedad” como algo execrable no lo hace criticando la debilidad del prójimo como muchos ignorantes de su obra creen, sino que lo que critica es esa piedad rancia tan característica de la superioridad moral. Es esa piedad farisea que acompaña al puritanismo meapilas tan repudiado por los grandes cristianos de la historia. Si bien menciono al cristianismo, aclarar que esto no es un artículo apologético. Menciono el cristianismo por su innegable herencia para lo bueno y lo malo. Como en todo, en el cristianismo este la parte teológica llena de complejidad y deliciosa intelectualmente hablando y la vulgarización de éste, y sin duda a nivel de masas (oséase, histórico) lo que más cala es la simplificación de las cosas que siempre tiene como consecuencia una falsificación doctrinal. Humano demasiado humano, y es que con todo sucede así cuando la masa se mete de por medio, pero ese es otro tema.

La piedad cristiana es un concepto harto rico que supone una empatía con el prójimo desde la humildad, pero la piedad cristiana que se ha heredado no es cristiana en lo absoluto y supone a mi ver una de las muestras más repugnantes de soberbia existentes: no hay empatía, sino un posicionamiento sobre el objeto de piedad de modo que éste es observado con pena desde la soberbia moral del que “puede permitirse” acariciar la cabecita del otro porque es un “pobre desgraciado”. Esta “pieté” es la que Nietzsche critica a hierro en su Genealogía de la Moral, y es, personalmente, una de las cosas que más detesto en el mundo. Mil veces más prefiero un desprecio abierto y explícito que esta forma de señalar desde la sombra, este quiero y no puedo.

El #HolaPutero está lleno de esa malicia que usa al objeto de pena como excusa para el odio más absoluto, esa “pieté” despiadada que busca lo más negro del alma humana, que no quiere indagar en los matices de las cosas, sino que engloba todo lo relacionado con un tema en el mismo saco a fin de señalarlo con todas las consecuencias. Pero el #HolaPutero no es más que un ejemplo: toda esta corriente de lamentación constante que viene dándose desde hace años, primero en EEUU y posteriormente llegando aquí es un gran llanto con el cuchillo en la espalda, un establecimiento de un victimario jerarquizado.

Temblad, víctimas reales, porque este 2018 habrá tanto “héroe” de sofá, tanta “víctima” eterna, que pasaréis a un segundo o tercer plano de importancia. Esto ya lo estamos viendo desde hace tiempo, pero estoy segura de que se incentivará bastante gracias a estos revolucionarios de laicismo neomonacal.