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Los grandes contratos en la televisión pública

escrito por José Luis Montesinos 22 noviembre, 2017

Estos días el ente público por excelencia, Radiotelevisión Española, cancelaba por baja audiencia el programa del periodista radiofónico Carlos Herrera. El minuto de emisión del recién cancelado espacio, nos salía por la friolera de 2.500 euros, una ganga, oiga.

A poco que alguien haya leído alguna de mis ocurrencias en la infinitud de la red, sabrá de la repulsión, no visceral, si no absolutamente meditada y racional, que me producen los medios de comunicación públicos. Las razones no me canso de repetirlas y, puesto que no llevo demasiado colaborando en desdeelexilio.com, redundaré una vez más en ellas: gasto inútil, más inútil hoy en la era de internet y la radiotelevisión a la carta y sesgo al servicio del poder.

Los medios privados, como cualquier empresa, tienen un límite para asumir riesgos. El mercado, sus propios fondos o la financiación de la que puedan disponer ejercen de línea roja irrebasable a la hora de programar faraónicas puestas en escena. El riesgo siempre existe, pero es parte fundamental de la función empresarial tratar de minimizarlo. Por el contrario, el ente público no tiene límite a su gasto. Ningún ente público. No hay cuenta de resultados de una cadena pública que pase mínimamente la prueba del algodón. Se amplía presupuesto y santas pascuas.

De la misma manera que todos tenemos intereses, nuestras empresas también los tienen, legítimamente. Así ocurre con el colmado de la esquina y con cualquier medio de comunicación privado. Uno cuando se gasta su dinero es libre de hacerlo como quiera. Incluso puede maximizar el riesgo. Allá él y el que le siga. Es libre de mentir y de manipular. De adoctrinar y de ciscarse en la madre que parió a Peneque. Sin paliativos. La Libertad de Expresión debería ser un derecho absolutamente irrestricto. Sin embargo, cuando el dinero que se gasta es el mío – o el suyo – y se gasta contra mis propios intereses, la cosa cambia radicalmente. Esto es lo que pasa con la cosa pública. Rara vez el dinero se gasta a gusto de una grandísima mayoría. Nunca a gusto de todos. Se gasta pues el dinero en contra de sus legítimos propietarios. Un dislate. Y se gasta sin freno. El dueño del medio privado debe generar recursos o endeudarse para contratar a Herrera. El de la pública solo pide más presupuesto. No hay eficiencia posible.

Aquello de la defensa de la cultura y de las minorías ya cayó por su propio peso. Se me antoja de una soberbia tremebunda decidir que contenidos son cultos, culturales y apropiados. Esa superioridad intelectual queda en entredicho cuando la realidad constantemente demuestra que cada cual consume lo que quiere y más en este mundo globalizado, con múltiples nodos de acceso a contenidos de todo tipo. Para gustos, colores. Yo me pago los míos y tu los tuyos. Así de sencillo. Yo no te digo qué es cultura y tú, ídem. No hay más que ver a donde está llevando la desconexión entre clase política y realidad social. Llamar imbéciles a miles de votantes no ayudó a Clinton hace unos meses.

Además, finiquitadas las teles y radios públicas, nos ahorraríamos los comités y las agencias, los de control o los de adoctrinamiento como propone el chico Rivera, dando una vez más muestra de que lo suyo es mamar de la teta del Estado, no darle una vuelta de tuerca hacia la Libertad. Sus tics son tan estatistas como los de cualquiera en el hemiciclo.

  • Jose Luis Montesinos

    Digamos que un desahuciado por gangrena ha cercenado uno de los miembros podridos, pero el resto del cuerpo sigue infectado.

  • Irene García Carbonell

    Pues… sip…

  • Andrónico

    Si el modelo de televisión normal ya es un cadáver, el modelo de televisión pública ya son directamente los huesos. El consumo de televisión está cayendo ininterrumpidamente y si se sostiene un poco es por los jubilados, que cada vez son los mayores consumidores. La clase media se está pasando directamente a los canales temáticos y bajo demanda. Los jóvenes directamente consumen youtube, salvo series a través de plataformas.
    Las audiencias en las televisiones autonómicas son paupérrimas. Y la estatal esta sobredimensionada.
    Sr. Montesinos en este caso al menos, hay que reconocer que TVE ha reaccionado con rapidez a la hora de eliminar un programa que no funcionaba…. Pero el cadáver sigue ahí y cada vez huele más.

  • Jose Luis Montesinos

    Ya se lo advertí 🙂

  • Jose Luis Montesinos

    En caso de emergencia siempre se puede acudir a los medios privados incluso. Es más hoy con internet, poco cuesta montar una web o un video de Youtube para informar de lo que sea. No?

  • Jose Luis Montesinos

    Son tantas las batallas… 🙂

  • Pingback: Dinero público | Un Bosque Interior()

  • pvl

    Completamente de acuerdo con el art. y aún más teniendo en cuenta que los españoles no pagamos una sola televisión pública con nuestros impuestos, sino 17, más tropecientas mil radios públicas.
    He aquí una batalla concreta que dar desde el liberalismo: acabar con los medios de comunicación públicos.

  • viejecita

    Muy de acuerdo con su comentario, Don Jose Luis.
    En casa ya no vemos televisión excepto en casos excepcionales, como el 1.O, o en el caso de que volviese a haber un 11M. Y para esos casos, con un canal de noticias como el 24 h, pero que sólo diera noticias, y no nos las interpretase, sobraría…Eso si , una vez a la semana, voy a la información de Movistar, y programo la grabación de las poquísimas películas y series que nos interesen, para verlas a una hora conveniente para vejestorios, y punto.

    Pero recuerdo con añoranza, la época en que sólo había La 1, y La 2, de RTVE, con aquellos programas como Encuentros con Las Letras, La Clave, La Edad de Oro, y todos aquellos maratones de películas en V.O., y aquellas series tipo Los Gozos y Las Sombras, Brideshead, La Saga de los Rius… Yo pagaría encantada un canon por volver a tener aquella televisión.

    PS: Voy por la mitad de Johnny B.Bad, y, desde luego, no le deja a una indiferente.

  • JJI

    Es tan lógico, lo que dice, que sólo los parásitos que viven de ello, o los que usan los medios para adoctrinarnos, a costa del esfuerzo de los ciudadanos pueden defender la situación actual. Y ni siquiera pueden aducir que es un servicio de primera necesidad.
    Pero podemos esperar sentados.
    Todo lo que no sea aumentar el poder de control de los ciudadanos sobre los políticos es perder el tiempo.

  • Irene garcía Carbonell

    Si puedo añadir algo a tu artículo, que suscribo íntegramente, yo sólo entiendo las comunicaciones de financiación pública como eso: comunicaciones del Estado. Es decir: que el Estado, el Gobierno o la autoridad que corresponda nos “tenga” -no que “quiera”- que decir algo. Y sólo se me ocurre una caso: una emergencia naional o local. En alguna peli de esas de desastres, la autoridad da instrucciones a la población. Una radio o televisión para coordinar a la población en esos casos, ¡y para nada más! Las noticias, el entretenimiento, etc, me lo busco yo donde quiero. A mis ojos, no se justifica para nada un programación pública, ni un medio público, porque no considero un servicio a la sociedad que te pongan pelis o te den las noticias. Hoy ya no.
    ahora bien, me hago cruces cuando propongo el cierre de las cadenas y radios públicas. ¡Santo Dios! ¡Cuánta resistencia por parte de quienes creen que no pagan lo que sí, y bien caro!