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Contra la Desinformación (Entrevista a Mónica G. Prieto)

escrito por Germanico 15 noviembre, 2017

La guerra es la continuación de la política por otros medios. Carl von Clausewitz.

Ser testigo escéptico e imparcial de cualquier acontecimiento traumático o catastrófico requiere un cierto distanciamiento físico, cognitivo y emocional. Cuanto mayor sea la intensidad de lo que acaece tanto más difícil será mantenerse a una distancia prudente. Pero uno no debe optar por alejarse todo lo posible si lo que desea es observar lo que pasa, si lo que quiere es guardar memoria o tomar nota de ello para poder reportarlo a otros que no tienen la mala fortuna de estar presentes. Para poder formarse una imagen lo menos distorsionada posible del evento y poder tener al menos la posibilidad de juzgarlo con posterioridad, en cualquier otro lugar y en cualquier otro momento, con cierta objetividad, uno debe mantener la distancia apropiada. Y esa distancia se va midiendo sobre el terreno en medio del peligro y la incertidumbre, con las brújulas de la duda y la intuición. Como decía el gran corresponsal de guerra y humanista Ryszard Kapuscinski, refiriéndose a su trabajo de observador: los cínicos no sirven para este oficio. De hecho, son los más cínicos de entre los cínicos los que suelen arrastrar a las sociedades y a sus miembros a las guerras, esos notables y nefandos acontecimientos. Entre los políticos suelen hallarse con facilidad los elementos que mejor responden a ese perfil que la RAE define como el de “una persona que actúa con falsedad o desvergüenza descaradas”. En resumen, la antítesis de alguien escéptico e imparcial, para quién la verdad y la honradez son un faro. Cuando el cínico no logra sus objetivos con la política, no duda en recurrir a la guerra, haciendo buena la frase de Carl von Clausewitz que abre este post.

Mónica García Prieto ha ejercido como corresponsal de guerra en dos de los conflictos más terribles de nuestro tiempo, el de Irak, iniciado por una administración americana encabezada por unos planificadores arrogantes, con intereses muy limitados disfrazados de una retórica de libertad, y en Siria, dónde la no planificada Primavera Árabe, con sus ilimitados deseos de libertad real se encontró con los oídos sordos de un régimen dictatorial que no aspiraba a otra cosa que a su perpetuación, al precio que fuese en términos de vidas de opositores.

Mónica G. Prieto y Javier Espinosa han narrado en dos monumentales crónicas de guerra lo que observaron de cerca y lo que inevitablemente vivieron en esa distancia corta y peligrosa al borde de los abismos más insondables en los que la vida y el alma humanas pueden caer.  Siria, el País de las Almas Rotas fue el primero en ser publicado. Y después, como una especie de truculenta precuela, publicaron La Semilla del Odio. Solamente leyendo estas obras se puede acceder a lo que ha habido detrás de lo que en los noticiarios no son más que unas breves imágenes y unos limitados comentarios. Si uno desea profundizar en qué es lo que realmente sucedió en Irak y Siria debe acudir a la fuente de la que mana la información más formativa, la que aportan quienes sobre el terreno observaron sin cinismo y luego trabajaron para que perdurase, de algún modo, la memoria del horror.

 

En esta sociedad en la que casi todo el mundo opina y casi nadie sabe nada, dónde resulta fácil y complaciente vivir en la propia burbuja social, económica e intelectual, siempre se agradece la labor de quienes al menos se han tomado la molestia de mirar de cerca a las realidades más crudas que otros se esmeran es esconder en cárceles, fosas comunes o detrás de una retórica etnocéntrica y xenófoba.

Mónica García Prieto ha tenido la amabilidad de respondernos unas preguntas, desde la lejana China, donde ahora vive y trabaja.

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1.-Gran parte de nuestro conocimiento es de segunda, tercera o enésima mano. La información que nos llega puede ser distorsionada, falseada o, digamos, cocinada, de múltiples maneras. A pesar de las tecnologías de la información y de la comunicación disponibles, que se supone debieran ofrecernos un panorama más amplio y detallado de la realidad, nos vemos encerrados en burbujas de opinión y parecemos como los personajes de la Caverna de Platón, ignorantes atados a un banco que ven pasar las sombras proyectadas de los objetos reales sobre la pared de la cueva, tomando a las primeras por los objetos reales en sí mismos.  ¿Hacen falta más personas con los pies sobre el terreno para hacer que todos tengamos un poco más los pies en la tierra? ¿Cuán perjudicado se está viendo el periodismo riguroso por las nuevas tecnologías? ¿Cómo podemos evitar la deriva fatal hacia el Reino de la Posverdad y las Fake News?

Coincido en que existe una tendencia espeluznante: a más tecnología y mayor acceso (teórico) a la información, más desinformación. En primer lugar, porque la aparición masiva de medios con apariencia de informativos nos hacen pensar que sabemos, que no tenemos que hacer un esfuerzo (ni pagar) para acceder a la información, aunque es una percepción falsa porque la mayoría de esos medios son plataformas de mensajes que tienen como objetivo crear fidelidades y reconducir el pensamiento, y no informarnos. En segundo lugar, tenemos tendencia a saturarnos con facilidad y preferimos simplificar a cuestionarnos las cosas, algo de lo que se han apercibido los medios, que han recortado el espacio de las informaciones sacrificando el contenido y relativizándolo: es más fácil pensar que las cosas son blancas o negras que prestar atención a los matices, donde se esconden las claves de la información.

El nuevo formato de la prensa (mensajes de 140 caracteres, páginas con grandes fotos y pequeños textos, programas de televisión con gatitos y otros vídeos anecdóticos e informaciones relegadas a colas de 20 segundos) ha logrado que se confunda entretenimiento con información. Ahora estamos muy entretenidos pero pésimamente informados. Nos comunicamos mucho, pero nos informamos muy poco. No creo que haya que confundir la explosión de nuevos medios y el acceso masivo a plataformas de contenidos con el acceso masivo a información.Existe una tendencia a repetir contenidos: los periódicos son calcomanías entre sí, como lo son los noticiarios de TV, porque no hay periodistas trabajando sobre el terreno en la búsqueda de información: sus jefes les tienen ocupados copiando y pegando noticias y repitiendo mensajes que llegan desde el poder como si fueran noticias auténticas. A rasgos generales, los periodistas nos hemos convertido en voceros de los poderosos, en instrumentos del poder de unos pocos, abandonando el compromiso que habíamos adquirido con la sociedad de poner en duda los mensajes que nos llegan desde los gabinetes de prensa.

La simplificación del mensaje empuja a tomar partido (o estás con Assad, o estás con el ISIS; o estás con Rajoy o con Puigdemont) borrando los grises en los que muchísima gente se ve identificados. Lleva al maniqueísmo de las posiciones políticas e ideológicas y eso nos hace más manipulables. Lo más interesante del proceso es que hace dos décadas, existía un periodismo mucho más sólido, que se cuestionaba cada información que surgía del poder, y existía una audiencia que exigía periodismo de calidad porque tenía miedo a dejarse manipular. Existía la ambición de saber y de actuar en consecuencia: por eso cientos de miles de personas salían a las calles de Europa contra la invasión ilegal de Irak, para intentar parar un episodio histórico que ya se adivinaba desastroso y que terminaría siendo el origen del terrorismo actual del ISIS. O contra leyes sociales injustas, o contra la corrupción. Eso no ha ocurrido con Siria, o con Yemen, o con los rohingya, ni con los refugiados que dejamos ahogarse en el Mediterráneo en lugar de cumplir nuestra obligación de socorrerlos. Tampoco ocurre con el expolio de las arcas por parte de la clase política ni con el ascenso de la extrema derecha que está poniendo en jaque el sistema de libertades en el que se ha construido Europa.

Ahora la sociedad se contenta con creer que sabe, siempre que encuentre foros para reafirmarse en sus posiciones. Gracias a Internet, hay foros para todo tipo de teorías, incluidas las más esperpénticas. Además de querer tener razón, la sociedad cree saber de todo: los comentarios de los lectores son un buen lugar para confirmar esa tendencia. Quizás sea un reflejo de las tertulias, donde un grupo contado de individuos opina sobre todo (a gritos) y, además, tener razón en cada uno de sus planteamientos. No sé si la sociedad quiere saber, hoy en día, o sólo quiere consumir datos que le reafirme en sus convicciones alabando su ego. Quizás la prensa se ha convertido en un objeto de consumo más, ajeno al objetivo de informar sobre lo que pasa y destinado a satisfacer el ego de quien la consume, que ve confirmados sus planteamientos en los titulares y las opiniones de sus periodistas de cabecera. Por supuesto, hacen falta más periodistas sobre el terreno pero son accesorios si no hay un público que desee leer la realidad de lo que ocurre sobre el terreno, con la suficiente humildad para poner en duda lo que cree, lo que sabe y lo que parece que es verdad.

¿Cómo evitar la deriva hacia la postverdad? Me temo que sólo se puede evitar con la educación. Hace falta una sociedad mucho más autocrítica, no educada en la complacencia (la tendencia de educar con la consigna de que somos los mejores, unos cracks, que nunca nos equivocamos y que todo lo hacemos bien de fábrica, como si equivocarse no fuera una parte imprescindible del aprendizaje y como si hacer lo correcto fuera un mérito a tener en cuenta) sino educada en la duda constante, en la prueba y el error que nos lleva a mejorar o en el afán de superación. La humildad ha pasado de ser una cualidad a ser una debilidad y eso nos debilita: la arrogancia nos hace susceptibles a la manipulación.

2.-En la génesis del infierno en el que se ha convertido hoy Oriente Próximo hay algunos hitos reseñables, como la división colonial tras la primera guerra mundial, la herida siempre abierta de Palestina desde la fundación del Estado de Israel tras la segunda guerra mundial, la primera y segunda invasiones de Irak, la crisis económica mundial, la Primavera Árabe, el Terrorismo cada vez más organizado y multinacional con aspiraciones territoriales y Estatales….y ello con el telón de fondo que ha habido y sigue habiendo de numerosos intereses económicos y geoestratégicos en juego sobre el tablero de ajedrez de la región: el control de las fuentes de las que mana el oro negro, la religión como fuente de conflicto, en particular con la tensión confesional entre chiíes y suníes y las diferencias étnicas de los árabes, persas, turcos y kurdos que crean pequeñas guerras entre grupos étnicos y raciales dentro de una Guerra Fría mucho mayor entre Irán y Arabia Saudita. De todo este pandemónium truculento, ¿Cómo podemos dirimir responsabilidades y establecer alguna forma cabal de convivencia? ¿Qué puede hacer o dejar de hacer Occidente para mejorar las cosas? ¿Qué factores son los que más peso tienen, a tu juicio, en el actual estado de cosas? ¿Qué hacemos con personajes como Trump y Putin dirigiendo el mundo?

Me temo que es mejor no dirimir responsabilidades, porque no habría por dónde empezar. Israel y Estados Unidos están a la par que Arabia Saudí o Irán en lo que a manipulación, maldad e intereses geoestratégico se refiere. Creo que debemos asumir que el poder corrompe y está corrupto en todas y cada una de sus manifestaciones, y es difícil evitarlo. Siempre me surge el ejemplo de Gaza: cuando Hamas llegó al poder mediante unas elecciones democráticas, con un programa electoral muy digno, cayó en las mismas miserias que Al Fatah, ejerciendo el poder de forma autoritaria en lugar de perseverar en la mejora de las condiciones de vida de la población de la franja. Si un gobernante no puede garantizar lo mínimo a su población (suministro energético, alimentación y recursos sanitarios) debería dimitir y dejar paso a quien pueda hacerlo, o al menos denunciar con su dimisión que se le impide hacerlo. En lugar de eso, todo el que roza el poder se encapricha y es capaz de sacrificar la estabilidad de un país entero por mantenerse en el puesto. Esa tendencia no conoce religión, raza, etnia o color de piel. Ocurre en todos sitios. Un activista libanés con mucho sentido del humor solía decir que el Líbano no es una democracia sino una dictadura descentralizada, porque cada comunidad tiene su propio dictador que sale elegido en las urnas. Así se puede ver todo Oriente Próximo, un enorme tablero de juegos de caprichosos dictadores donde la población ejerce de peones, y me temo que no es una tendencia reversible ni depende de lo que haga Occidente (que por cierto sólo ha contribuido a la desestabilización para preservar sus intereses, que son muchos, económicos, energéticos y geoestratégicos).

La situación actual es especialmente inquietante, por los acontecimientos en Arabia Saudí. Un hijo de dictador de 32 años, futuro rey, un caprichoso príncipe sin experiencia vital ni política, ha decidido cambiar radicalmente el complicado sistema en el que se sustenta la monarquía saudí, cuyo funcionamiento depende del delicado equilibrio basado en los intereses y la ccooperación de las numerosas ramas de la familia en el poder, y más allá de las tribus del reino en combinación con los religiosos. Pretende cambiar el sistema mediante la fuerza, y eso le ha llevado a detener a príncipes, primos y hermanastros a los que considera contrincantes, ex ministros y hasta un primer ministro en activo, el libanés Saad Hariri, para cambiar un estatus quo basado en religión, tribus e intereses familiares. Seguramente se trate de un acuerdo con Estados Unidos para rehabilitar la imagen del reino wahabi, dado que se sustenta en la misma ideología radical y barbárica que el ISIS y eso le da muy mala imagen en el exterior: ensucia mucho la imagen de sus socios en el extranjero y no es ‘vendible’ como alternativa al extremismo, dado que extremismo es Arabia Saudí.

Mohammad bin Salman es la otra cara de la era Trump (en este caso, del yerno de Trump, Jared Kushner): un ejemplo de líder arrogante sin experiencia en gestión política a sus espaldas que considera que el mundo funciona a golpes de billetera y a puñetazos, en vez de mediante psicología, mano izquierda y sentido común. Su apuesta es aliarse con Estados Unidos y con Israel para acabar de una vez por todas con el conflicto que subyace tras cada uno de los conflictos en Oriente Próximo desde los años 70 del siglo pasado: suníes contra chiíes, Arabia Saudí contra Irán, la guerra por el control del mundo musulmán. Pero no es realista que un solo hombre pueda ganar esa batalla, ni siquiera con Israel en la retaguardia porque su enemigo es tan formidable o más que él. Cuando defenestró a Qatar, arrojó al pequeño pero todopoderoso y maquiavélico emirato en los brazos de Irán, que ya contaba con un poder inédito en la región: nunca en la Historia reciente había tenido la influencia que tiene ahora, una vez que controla de forma indirecta Irak, Siria, Líbano, Yemen y tiene capacidad real de desestabilización en otras naciones como Bahrein, Afganistán o la propia Arabia Saudí. Irán es una potencia que no suele jactarse de su poder para no llamar la atención, a diferencia de Israel o Arabia Saudí, pero hace unos días su Gobierno advirtió a Riad de la amplia influencia que actualmente tiene en el mundo para disuadir a su histórico enemigo de ninguna acción armada. Pero el príncipe heredero saudí se siente fuerte arropado por una Administración pirómana de EEUU, cuyo presidente parece más un traficante de armas a juzgar por los acuerdos comerciales que firma en sus giras por el mundo que un estadista internacional preocupado por la paz y la estabilidad del planeta. No es un fenómeno nuevo (hay que recordar a George W. Bush y la invasión de Irak como detonante de la guerra fría musulmana en toda su expresión y origen del ISIS) pero muchos nuevos líderes internacionales actúan como pirómanos, entre quienes se incluyen Vladimir Putin, y están rediseñando el mundo mediante complicadas decisiones, calculadas o arbitrarias, con un efecto retroceso potencialmente dramático.

3.- El Miedo a los Bárbaros, del que hablaba Tzvetan Todorov en uno de sus ensayos, se acentúa enormemente con la población musulmana inmigrante en Europa. Esto ha dado origen al surgimiento de partidos políticos que abogan por un retorno a los valores nacionales en los países, en un momento de creciente mundialización, poniendo especial énfasis en la imposibilidad de asimilar a los inmigrados musulmanes por sus costumbres y su religión, que se consideran incompatibles con los valores occidentales. Los atentados terroristas perpetrados en suelo europeo no han contribuido en absoluto a generar un ambiente de paz, y, de hecho, son un síntoma de que lo que sucede en Oriente Próximo nos es mucho más próximo de lo que nos gustaría creer para seguir plácidamente con nuestras vidas. ¿Cómo ves el fenómeno de la inmigración musulmana en Europa? ¿Cómo la crisis de los refugiados en el propio mundo musulmán, que es, con mucho de muchas mayores proporciones y mucho peor?

Buena parte de la inmigración en Europa está formada por refugiados políticos y económicos huidos de la inestabilidad que Occidente ha promovido y generado desde hace un largo siglo en Oriente Próximo. Por no hablar de los refugiados de guerra, a quienes tenemos obligación de asistir, como firmantes de convenciones internacionales que obligan a los Estados a socorrer a poblaciones en peligro. Por eso, creo que la percepción de que les hacemos un favor al acogerles es falsa y alimenta el estereotipo de que nos deben algo, de que viven de prestado, de que nos quitan el trabajo, o las ayudas sociales, o de que abusan de nuestro estado de bienestar. Aportan más a nuestros países de lo que nuestros países les han arrebatado con las políticas ambiciosas de nuestros dirigentes.

En cualquier caso, considero que los populismos han magnificado la presencia y la influencia de un colectivo que es minoritario y suele estar atemorizado, vive señalado por su condición de extranjero y a menudo es objeto de persecución social por serlo. No es un fenómeno exclusivo de los musulmanes o los árabes: todas las minorías suelen pagar el pato de ser diferentes en momentos de populismos en auge como el que vivimos. También repercute la ignorancia que se extiende por lo que hablábamos en la primera pregunta: a mayor acceso a la tecnología y a plataformas de contenido, mayor sensación (falsa) de estar informados y mayor susceptibilidad de manipulación. Las redes son nocivas a la hora de generar y alentar odios y crear tendencias de pensamiento.

Es especialmente triste la falsa percepción de que llegan para quitarnos el trabajo, cuando en realidad son un capital intelectual en potencia para el país que acoge: el refugiado que llega de países árabes, aunque venga en patera, ha conseguido pagar una plaza en la travesía del Mediterráneo que cuesta un ojo de la cara y eso implica que se lo podía permitir, lo cual sólo le ocurre a una clase media/alta educada. Además llega agradecido por el refugio, dado que escapa de una muerte segura, con la voluntad de devolver el favor mediante su trabajo y su integración. Pone su talento y su gratitud a disposición del país de acogida, y eso implica que acogemos a lo mejor de cada casa. La percepción de que llegan terroristas del ISIS es tan falsa que resulta dolorosa: los pocos atentados extremistas en suelo occidental (pocos en comparación con los que tienen como escenario Oriente Próximo y Asia, donde mueren musulmanes en ataques continuos que, por cierto, constituyen el 90% de los ataques armados extremistas) suelen ser cometidos por individuos conversos o inmigrantes de segunda generación, no por refugiados, con contadas excepciones. De todas formas, asociar al Islam con el ISIS sería un ejercicio de cinismo equivalente a asociar al Cristianismo con la Inquisición o con el Ku Kux Klan: el ISIS no representa a los musulmanes, sino a una secta extremista que justifica sus crímenes mediante una visión retorcida del Islam y se aprovecha de individuos habitualmente jóvenes, necesitados de una causa.

El problema es que las sectas se alimentan de la desesperación y de la ignorancia, y todos los refugiados que no pueden llegar a Europa, esa clase media/baja que sólo puede pagarse una caminata por el desierto hasta la frontera más cercana, termina hacinada en un campo de refugiados sin ningún tipo de esperanza. No hay educación, ni posibilidad de trabajar, ni de salir siquiera más allá de los confines del campo. Esa situación de miseria, desesperanza e ignorancia se vive en cantidad de ciudades árabes donde sus habitantes no son refugiados, sino sufridos ciudadanos negados por dictaduras más interesadas en enriquecerse y preservar el poder mediante guerras regionales que en garantizar un mínimo nivel de vida a su población. Y todos ellos son potenciales objetivos de las visiones más radicales de la religión, de las sectas extremistas, de cualquiera que les venda un futuro mejor aunque sea en el Paraíso, porque ofrecen una esperanza que no está a su alcance. No resolver la situación de millones de refugiados implica extremismo. La desigualdad, la injusticia, la hipocresía moral de Occidente que magnifica las muertes de nuestros ciudadanos mientras que se encoge de hombros ante masacres de musulmanes alimenta el extremismo. Nuestra defensa de la democracia para nosotros exclusivamente, a la vez que negamos los derechos más básicos al resto (por ejemplo, el derecho a elegir libremente a sus gobernantes), alimenta al extremismo y vacía nuestra democracia de legitimidad.

4.-¿Cuánto vale una vida en Siria? ¿Cuánto aquí en Europa?

Obviamente, la muerte de un occidental vale mucho más que la de un ciudadano no occidental, ya sea africano, musulmán o latinoamericano. Nuestro sentimiento de superioridad nos lleva a ignorar atentados con cientos de muertos en lugares remotos mientras diseccionamos hasta la náusea un atropello con una decena de víctimas en Nueva York o en Barcelona. El atacante blanco y occidental es un “hombre armado”, el árabe es un “terrorista”. Asociamos una religión con terrorismo para creemos mejor que los demás, cuando en realidad en cada religión hay sectas destructivas y ninguna es mejor que la otra. El problema es que ese doble rasero alimenta el extremismo, y es usado por las sectas para captar reclutas, como comentaba antes.

Es muy humano mirar la paja en el ojo ajeno para ignorar la de nuestro propio ojo: me suelen preguntar mucho por las dificultades que implica ser mujer y trabajar como periodista en zonas de conflicto para mi sorpresa, dado que no creo que esté encontrando más dificultades que las que encuentra cualquier mujer profesional en cualquier ámbito, en España o Europa. Nunca me he visto como una mujer periodista, sino como una periodista a secas, sin género, pero cuando regreso a España se me pregunta mucho acerca de eso. He llegado a la conclusión de que magnificar la situación de la mujer musulmana o de la mujer en el Islam y la discriminación que padece es una forma de negar la represión que vivimos las mujeres occidentales, donde somos igualmente discriminadas y agredidas por nuestro género. La realidad es tan dura que preferimos pensar que el resto está peor como forma de consuelo, en lugar de comprender que el problema de las mujeres (profesen la religión que profesen, o la no religión) reside en el sometimiento de la sociedad patriarcal, que ve en la dominación de la mujer una forma de confirmación del poder masculino.

5.-Después de las historias relatadas por Javier Espinosa y por ti en La Semilla del Odio y Siria, el País de las Almas Rotas, el tiempo ha corrido y no han dejado de sucederse los acontecimientos en la demencial dinámica de la zona. Entre otras muchas cosas, unas que llegan a los medios y otras no tanto, por ejemplo: el ISIS ha perdido mucho de su poder territorial, los kurdos han hecho un referendum de independencia no reconocido por Irak y Arabia Saudita sigue su guerra en Yemen y amenaza a Qatar por financiar el terrorismo (ejem)….¿Qué fotografía sacarías del momento actual en Oriente Próximo? ¿Es posible extraer un balance positivo en alguna de las muchas balanzas suspendidas en el vacío?

En Oriente Próximo parece funcionar la consigna de cuanto peor, mejor. Esos líderes pirómanos de los que hablábamos antes, con escasa visión de futuro, siguen modelando guerras por proxy (antes en Palestina o Irak, ahora en Siria o Yemen, las futuras parecen perfilarse en el Líbano -de nuevo- y Afganistán, que lleva 50 años en guerra) para preservar sus intereses y expandir su influencia, a costa de las vidas de ciudadanos de otros países. En ese juego, todo vale, incluida la promoción de grupos como Al Qaeda o el ISIS (o Hamas en Palestina como contrapeso a Fatah) aunque la creación de monstruos armados de ese tipo suele terminar mal, dado que son muchos los monstruos que devoran a sus creadores.

Ha sido interesante ver cómo el ascenso del califato ha sido tan rápido como su caída en picado, aunque creo que no se puede hablar del final del ISIS sino de su transformación. Sobre el terreno, no es la primera vez que el califato desaparece (ocurrió en Irak en 2009, cuando se disolvió y sus combatientes terminaron en el desierto, como lo están haciendo ahora) pero en esta ocasión, su derrota por las armas conlleva que su apoyo exterior también caerá bajo mínimos: a nadie le gusta aliarse con el perdedor sino como el ganador, y por eso el Estado Islámico atrajo tantos voluntarios entre 2014 y 2015 en todo el mundo, porque acababa de hacer historia derribando las fronteras coloniales que separan Irak y Siria para declarar un califato transfronterizo. Pero me temo que se transformará a otra cosa, porque la sensación de injusticia, la islamofobia y el doble rasero occidental siguen estando ahí, seguramente más crecidos que nunca. Eso recluta candidatos para sectas del estilo del ISIS, tengan el nombre que tengan.

No veo un balance positivo a corto plazo de lo ocurrido en los últimos 20 años en Oriente Próximo: desde la fatídica invasión de Irak, la guerra sectaria que desataron Bush, Aznar y Blair (por la que nunca pagarán lo suficiente, incluso si pagan) hasta las revoluciones árabes, todos los cambios se han traducido en un retroceso para Oriente Próximo con escasas excepciones (Tunez se podría citar en ese sentido). Es cierto que la Historia se escribe con sangre y que no hay cambios incruentos salvo contadísimos casos, y es posible que el proceso que vive la región revierta en algo positivo en el futuro, pero me temo que la represión brutal de los regímenes contra sus poblaciones, las guerras civiles y las guerras regionales alentadas por Irán y Arabia Saudí sólo han empujado al mundo árabe a la edad de piedra, para mayor seguridad de Israel, que es el único estado que gana de todo esto, y de las dictaduras que han salido airosas de las revoluciones, porque han dado una lección de sangre a sus poblaciones que ahuyentará futuras revueltas durante algunos años.

6-¿En qué estás trabajando ahora?

Desde hace un par de meses, estoy basada en Shanghai y mi único proyecto a corto plazo es comprender China, un país con la inmensidad de un planeta en todas las esferas, desde la economía hasta la sociedad. Es tan diferente al resto del mundo y al resto de países donde he estado, y tiene tanta relevancia en el mundo, que sólo aspiro a entender cómo funciona este sociedad y su liderazgo. China ha ocupado el vacío de poder dejado por Estados Unidos tras el ascenso de Trump a la Casa Blanca, y creo muy necesario comprender qué mueve al gigante chino para comprender el mundo que nos espera.

  • Germánico

    Pues prepárate porque tengo una alucinante en preparación sobre el eje intestino-cerebro.

  • pvl

    La “inclinación” es mutua 😉 y en mi caso empezó cuando descubrí tus entrevistas “evololucionistas”, porque soy un firme convencido y defensor de que ,en ultima instancia, los comportamientos del ser humano en tanto que bicho biológico, deben tener una base biológica y por tanto, evolucionista.
    pd: entrevistas con las que de paso practicaba (e intentaba mejorar)mi precario nivel de inglés.

  • Germánico

    ¿Por qué me siento casi siempre inclinado a estar de acuerdo contigo?

  • pvl

    Solo como aclaración: en mi primer comentario en este hilo, que está justo debajo, lo 1º que dije fue: “Muy interesante la entrevista”.
    No tengo la menor duda del valor profesional como periodista de la entrevistada. Creo que es muy necesario la labor de estos profesionales que jugándose la vida nos cuentan y dejan testimonio sobre el terreno de lo que es el día a día de las poblaciones que tienen la mala suerte de vivir en zonas en guerra.
    Mi crítica va dirigida a la parte de la entrevista que deja de ser descriptiva de la situación en la zona para pasar a tomar partido y denunciar a los que considera culpables y cómplices de la situación y sobre todo en la ambigüedad o ausencia de un diagnóstico general sobre la “enfermedad” que asola la región y su tratamiento.
    Seguramente tomar partido cuando presencias sobre el terreno tanto horror y tanto sufrimiento es inevitable por la tendencia humana a empatizar con los que sufren y en definitiva con los perdedores de las guerras, pero creo que eso conlleva al error de considerar por sistema que los que sufren son por sistema los “inocentes” y viceversa.
    Para ilustrar con un par de ejemplos históricos contemporáneos lo que quiero poner de manifiesto: cualquiera periodista o persona imparcial que fuera testigo de las violaciones masivas de alemanas a manos del ejercito soviético o el efecto de las bombas atómicas en Hirosima y Nagasaki, sin duda empatizaría con las víctimas de esos horrores.
    Pero, y aquí está la clave, si juzgamos esos hechos de manera aislada, sin atender al contexto de guerra y horror total desencadenado por alemanes y japoneses en la IIGM, tenderíamos a culpabilizar a soviéticos y estadounidenses como responsables únicos por esos actos, en vez de juzgar de manera equilibrada cual fue la responsabilidad de cada país y por tanto de cada sociedad en ese horror colectivo que fue la IIGM. Juicio que que en mi opinión es inapelable a la luz de la Historia: que alemanes y japoneses fueron además de los vencidos, los primeros responsables (y los mayores criminales) en ese horror global.
    Volviendo a la región y al contexto histórico de la entrevista, mi subjetiva impresión es que es muy evidente la culpabilización por parte de la entrevistada de Israel y Occidente, frente a otros actores, en mi opinión mucho más o tan directamente responsables, junto a una muy ambigua definición de cual debería ser la postura de Occidente en la región, incluyendo la genérica del “deber humanitario de Occidente de acoger a los refugiados”, que se cae por sí sola en cuanto planteas algunas preguntas obvias: ¿Por qué y como acoger a los millones de refugiados de Oriente Medio y no a los millones de subsaharianos, o royingas birmanos o al resto de desfavorecidos del mundo (hispanoamericanos por ejemplo) que quieren emigrar a una zona más prospera y pacífica? ¿Cuando ha ocurrido ese “acogimiento” masivo a lo largo de la Historia, donde y en qué condiciones?.
    En definitiva,tengo serias dudas de que uno pueda ser a la vez testigo, juez y cirujano.

  • Germánico

    Por cierto que en sus libros (muy informativos y bien escritos) no recuerdo haber leído nada que me chirriase como un descarado posicionamiento político.

  • Germánico

    A mí me descolocó lo que dijo del Patriarcado, muy de antropólogos culturales pero que choca frontalmente con lo creo saber de psicología evolucionista. Aparte que elude la cuestión de la sumisión de la mujer musulmana…. También que diera por sentado que los inmigrantes que llegan en patera son los mejores porque pueden pagar a las mafias de traficantes humanos su billete….

    No la he entrevistado por sus ideas políticas ni por sus conocimientos y creencias antropológicos, sino por ser una persona valiente que ha ido a los últimos lugares que cualquiera de nosotros elegiría como destino turístico para nuestras vacaciones familiares y por ser los ojos que ven y la pluma que relata los horrores de la guerra.

    Por otro lado no veo una particular virulencia en su ataque a Occidente. Pone de vuelta y media a todos los líderes del mundo “libre” pero también y especialmente a los del mundo musulmán.

  • pvl

    JJI: completamente de acuerdo con tu comentario.
    Exactamente lo que comentas sobre la responsabilidad propia, principal e intransferible de las sociedades musulmanas (al igual que las del resto) en su propio destino es la tesis defendida por el intelectual árabe Fouad Adjami, lo que le valió ser tachado de traidor vendido a Israel y occidente por sus “paisanos”.

    Recuerdo de la lectura de alguno de sus libros una hipótesis que me resultó muy penetrante sobre el fracaso generalizado en las sociedades “árabes” que son las que tienen al árabe como lengua oficial:
    resulta que existe un árabe culto, que es el que se lee y escribe y un árabe popular que es el hablado y que en cada país adopta la forma de un dialecto, de tal manera que entre el árabe popular hablado por un marroquí y pongamos el de un un sirio, muy alejado geográficamente, hay tantas diferencias que apenas se pueden entender (lo cual no ocurre entre árabes más cercanos como un palestino y un sirio), por lo que deben recurrir al árabe culto como lengua franca entre ellos.
    Eso provoca no solo una escisión o división social muy acusada entre las capas populares que prácticamente solo hablan y entienden su propio dialecto y las élites árabes que por formación han aprendido también el culto, sino también el recurso de la religión musulmana como único elemento aglutinador entre todos esas sociedades tan diversas, lo cual se acentúa si se amplía el conjunto a países tan poderosos regionalmente como Turquía o Irán que ni siquiera son árabes.

    Todo esto viene a cuento para explicar el fracaso histórico del panarabismo y el estado usual de guerras regionales a lo largo de la Historia, que echa abajo el mito de que la culpa de ello sea de Occidente.

    Al final, el discurso de la entrevistada, como bien dices es el típico discurso postmoderno, según el cual la culpa de los males propios, ya sea hablando de individuos o sociedades, siempre es “externa”, que por cierto ha sido el discurso utilizado por todos los fracasados del mundo a lo largo de la historia, desde Napoleón a Hitler, desde la URSS a Palestina: mis aciertos son míos y mis fracasos son culpa de los demás.

  • JJI

    Me parece el cansino discurso de la izquierda de siempre. Mezcla verdades con medias verdades, y probables mentiras, y al final la conclusión es la que se quería: Occidente es culpable. ¡Vale! Aceptemos que lo sea. ¿Por cuál de las sociedades actuales o habidas sustituiría la civilización occidental? Y si la respuesta es ninguna, ¿no será porque sigue siendo la mejor? Pero claro, ¡eso es supremacismo!

    Yo creo que Occidente es lo mejor que ha dado el ser humano, no ya por sus innegables logros (ciencia, arte, música, literatura, derechos humanos, democracia, rechazo del racismo -que lo sufren todos los países-, de la esclavitud -que reinó en todos los países-, y libertad de conciencia, entre muchas otras cosas menores), sino por su demostrada capacidad de autocrítica (por ejemplo, se ha librado de la pesada losa de la religión, pídasele eso a un musulmán). Y como creo que cada cual es el principal responsable de su vida, concluyo también que los países, con más razón, lo son aún de su realidad, y que es de mediocres, resentidos y envidiosos echar la culpa a los demás, porque la que realmente te interesa conocer es la tuya, porque es la que realmente está en tu mano redimir.

    Dicho lo anterior, es de razón reconocer las muchas miserias que también tenemos en Occidente. Los abusos y desmanes que se han cometido en otros países (y los muchos beneficios que se les han aportado también), que ellos también han cometido, y cometen, en la medida de sus posibles, y reconocer que somos tan humanos, con sus virtudes y defectos como cualquiera de los que no son occidentales, pero que por las razones que sean, nos hemos controlado un poco más en nuestras miserias humanas, y que si hay algún camino, es para adelante, y no para atrás, hacia ninguno de los modelos que el resto del mundo nos ofrece, porque si el nuestro es lastimoso (como les encanta resaltar a los postmodernos), los otros no tienen parangón en ese terreno y dan francamente pena cuando no tiran para atrás, de tanto que apestan.

    Así que concluyendo: de lo que pasa en Siria, los principales culpables, a mucha distancia, son los sirios. De lo que pasa en el mundo islámico, idem de idem. Si no empiezan por reconocer eso, nunca saldrán del agujero. Pero claro, cambiar exige levantar la pesada losa que el orgullo y la vanidad coloca sobre la cabeza de todo el mundo.

    Y me niego a sentirme responsable o culpable por lo que le pasa al mundo no occidental. Puedo sufrir, y sufro, por su dolor, y puedo ayudar, y ayudo en la medida de mis posibles, pero jamás admitiré culpa de su situación, ¡malditos criminalizadores!

  • Pvl

    Muy interesante la entrevista aunque discrepo en varias cuestiones con la entrevistada, que además creo que cae en varias contradicciones y omisiones significativas.
    Por ejemplo no menciona que el Isis se encuadra en la rama suni del Islam, que está enfrentada a muerte desde hace varios siglos ( prácticamente desde la muerte de Mahoma) a la rama chií, y de ahí que a menudo se haya acusado a Arabia Saudita de financiarlo.
    Asimismo recalca la alianza entre USA y Arabia Saudita, pero pasa por alto el apoyo de Rusia a Irán, lo cual responde a la estrategia ancestral de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo.
    Por otra parte ataca a Israel como el único beneficiado por la guerras actuales en Oriente Medio, lo cual es cierto pero omite que Israel no ha intervenido en las mismas con excepcion de la guerra defensiva contra el terrorismo de Hamas, tras retirarse de manera unilateral de Gaza. Asimismo omite que el lugar más seguro para musulmanes y cristianos en la zona es precisamente Israel, que además es el único país democrático.
    Y para terminar no termino de comprender si lo que pide a Occidente es mantenerse neutral en las guerras y atrocidades cometidas en esa zona entre musulmanes o involucrarse.