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La Burbuja Catalanista

escrito por Germanico 8 noviembre, 2017

La farsa independentista catalana, tal y como se está desarrollando, se está convirtiendo en un vodevil frenético espantosamente ridículo, un ridículo que nos abochorna a los españoles en la medida en la que quienes la protagonizan son españoles. Viéndolo a través de la lente de un extranjero lo más que podemos experimentar es vergüenza ajena. Podríamos sentir un desgarro interior. ¿Deberíamos considerar a ese grupo de lunáticos que viven en una burbuja de opinión, mentiras, autoengaños y mitología como compatriotas? ¿No deberíamos darles la razón, condescendientes, y decir: “sí, son catalanes, y así son los catalanes”? No. No podemos, no debemos. No podemos ni debemos porque del mismo modo que cuesta reconocerlos como españoles también debería resultar difícil considerarlos catalanes, habiendo tantos y tantos catalanes que merecen toda nuestra consideración, respeto e incluso admiración.  No es cierto eso de que Cataluña no es España. Lo que si es verdad es que la Cataluña de la burbuja independentista no es ni España ni Cataluña, sino otra cosa, que flota ahora en un aire turbio y enrarecido. Se mueve entre los alrededores de la sede de la Unión Europea, donde mendiga oídos y signos de aprobación para su cada vez más absurda y, ay, quijotesca causa, los espacios cerrados de las cárceles madrileñas, y el suelo de la tierra prometida dónde las tropas de vándalos dañan todavía más el tejido económico de Cataluña para rematar la faena…y Olé.

Los tíos de la Vara

La burbuja Catalana se mantiene suspendida con un gran bullicio en su interior, llena de alcaldes que parecen, con sus bastones de mando, el tío de la vara versión payesa, aclamando a un líder fantasmal e histriónico que no tiene autoridad, ni reconocimiento y que, en su delirio final, ve dictadores y fusilados de hace casi un siglo por todas partes.

Definitivamente no es preciso mirar a través de la lente del extranjero al interior de esa burbuja llena de extraños especímenes políticamente patógenos. Mientras su esférica forma, acorde con las ideas cerradas y circulares de quienes la habitan, se dirige hacia el inevitable final de toda pompa lanzada al viento, uno se pregunta cómo ha sido posible todo esto, tan absurdo, tan risible, tan patético, tan contrario a toda lógica y sentido del gusto, del ridículo y de la decencia.