Home Política El largo brazo de Vladimir Putin

El largo brazo de Vladimir Putin

escrito por Germanico 4 noviembre, 2017

Algunos se preguntarán que interés podría tener el Kremlin, es decir, el autócrata Vladimir Putin, en una región de España como Cataluña, llena de algunos de los más esperpenticos ejemplos de lo que él consideraría, con toda justicia, como decadentes occidentales.

El líder del nuevo régimen ruso, que es una continuación del anterior con un cambio de decorados y un pueblo inerme y sometido por la violencia, la arbitrariedad y la mentira en su nueva modalidad de postverdad repetida hasta la extenuación, no se ha molestado de momento ni en fingir que simpatiza con los Catalanes y sus “representantes democráticamente elegidos”.

Cuando le preguntaron la primera vez por el asunto catalán dijo que se trataba de “un asunto interno del Estado Español”. Como Putin es un misterio, y ha vivido siempre de serlo, desde sus orígenes como gris agente del KGB hasta su coronación como Zar al estilo de Augusto, ejerciendo como Rey pero sin llamar a su poder por su propio nombre), no sabemos si en algún momento hará el papel de amigo de los Republicanos Catalanes, aunque dado el asco que le producen muy probablemente no haga otros comentarios que los relacionados con la evidente quiebra del modelo representado por la UE que escenifican, y sobre el doble rasero que la UE ha aplicado a Cataluña y a Kosovo (dos regiones con poco en común, pero eso no importa).

Boris Berezovski

Boris Berezovsky

El ya fallecido oligarca ruso Boris Berezovsky, que ejercía de poder en la sombra con Boris Yeltsin, fue seducido por el impertérrito silencio y la discreción marciales de un comandante del FSB (organismo que sucedía al KGB, mismo perro con distinto collar) justo cuando buscaba un sucesor para Boris Yeltsin que ofreciera plenas garantías de salvar al que se convertiría en su predecesor de una derrota electoral y una sentencia judicial que daría con sus huesos en Siberia (ya saben como se las gastan los rusos).

El personaje chato, de mirada fija y penetrante y movimientos de macho alfa, hablaba poco, no aceptaba sobornos y fingía no estar interesado en alcanzar las altas instancias del poder.

Vladimir Putin pasó en pocos meses de la sombra a la luminosa luz de los flashes de la prensa nacional e internacional. Era el inopinado delfín del Presidente de Rusia, Boris Yeltsin.

Pero ¿cómo logró el sastre Berezovsky un traje de Zar adecuado para Putin? El Emperador  iría desnudo, pero nadie se daría cuenta……

Berezovsky jugó la baza mediática: poseedor de la televisión rusa, lanzó una campaña de desprestigio contra la oposición, presentó a Putin como a un héroe con una impecable hoja de servicios y como el líder que Rusia necesitaba en el cambio de siglo.

Pero muy probablemente sin que Berezovsky tuviera conocimiento el propio FSB (el Servicio de Inteligencia dirigido por Putin) organizó una serie de atentados con bomba bestiales contra edificios residenciales, matando a cientos de personas.  Uno de los miembros del servicio de inteligencia, Alexandr Litvinenko, no tuvo oportunidad de demostrar la implicación de la que fue su organización en los atentados porque fue debidamente eliminado con una infusión de Polonio.  Pero había varias pruebas claras de que había sido el FSB el que montó la cadena de atentados. Y dado que en Rusia, y más aún en la Rusia que Putin se encaminaba a apuntalar, las pruebas son las que dice la dictadura de la ley (el Kremlin, Putin), la investigación nunca llegó a ningún lado. Con Litvinenko muerto se esfumaron todas las posibilidades de una prueba presentada en un tribunal de verdad.

Alexandr Litvinenko

¿Pero para qué tanta bomba? ¿Para qué matar a cientos de conciudadanos inocentes? La cuestión era sencilla: había una pequeña República llamada Chechenia, en el Cáucaso Norte, en la que durante el gobierno de Yeltsin se había desarrollado una campaña militar desastrosa. Los rusos clamaban venganza, y el cabeza de turco de los atentados no podía ser otro que el “malvado terrorista checheno”. Putin sacó pecho y dijo que los cogerían allá donde fueran, como a ratas, aunque tuvieran que ir por ellas a las alcantarillas. El funcionario gris se convertía en líder fuerte y preparaba la segunda ofensiva contra Chechenia, que le haría más popular.

Entre la propaganda mediática y el terror desatado por las bombas los rusos sucumbieron “democráticamente”. Una vez Putin tomó el poder ya no iba a ser posible quitárselo, salvo como a Stalin….de sus frías manos muertas.

Berezovsky, el oligarca que había orquestado la campaña mediática, cayó en desgracia y se exilió a Londres, desde donde intentó, inútilmente, hacer caer a Putin. Acabó arruinado y ahorcado en un baño de una de sus mansiones en 2013. Pero el aparato de control y propaganda ruso que él creo no ha dejado de funcionar ni un solo momento, con todos sus engranajes perfectamente engrasados.

Anna Politkovskaya

La oposición más tenaz, mientras tanto, se silenciaba a tiros, como en el caso de Anna Politkovskaya, periodísta que había puesto en entredicho los verdaderos motivos de las guerras chechenas y el orden establecido por Putin.

Putin, por otra parte, en estos 17 años no ha dejado de consolidar su poder y, simultáneamente, preparar su asalto al mundo. Devolver la grandeza a Rusia es una de sus prioridades. Bebiendo de numerosas fuentes paneslavistas se ha vuelto un conservador ortodoxo de conveniencia. Por otro lado ha tratado de crear un bloque fuerte que se enfrente al Occidente decadente, cuya máxima expresión son EEUU y, sobre todo, la UE. Ha pactado con Irán, con Siria….¡Con China! Es obvio por dónde va.

Para Putin constituye un motivo de profundo regocijo poder tomar el pelo a Oliver Stone en largas entrevistas o difundir mentiras a través de sus canales internacionales multimedia en todos los idiomas por el mundo. También lo es ver caer a una enemiga íntima en las elecciones presidenciales norteamericanas gracias a una oportuna filtración de correos comprometedores.

¿Y Cataluña? ¿Qué le importa Cataluña? Nada. La destruiría si pudiera. Llevaría a campos de trabajo forzado, los nuevos Gulags, a los gays, lesbianas, negros o morenos, kaleborrocos de corte catalán e incluso al propio Govern en pleno, haría desaparecer su democracia para montar un teatrillo a conveniencia rusa con marionetas repetidoras de postverdades. Pero no es una opción la vía armada, y, de serlo, se aplicaría antes a Ucrania y así hacia el Oeste, poco a poco.

Contribuir a la confusión existente en cambio es una delicia solamente disponible para los paladares más finos. El psicópata más grande, el hombre más poderoso del mundo, se carcajea del caos y el desorden en la UE, precisamente porque a lo que aspira la UE es a hacer prevalecer una democracia y un Estado de Derecho verdaderos.

No tengo idea del modo en que Putin podría haber interferido en el Process Catalán, si es que lo ha hecho. Pero de que se parte de risa desde su Palacio Ruso con los ridículos acontecimientos que están teniendo lugar en España (¡Y en Bruselas!) no cabe ninguna duda.

Facebook, Google y Twitter

El Senado de EEUU convocó a representantes de Facebook, Twitter y Google esta semana. Supongo que lo que pudiera haberse hecho en Cataluña por parte de hackers y trolls rusos no era lo más importante….a fin de cuentas tienen un Presidente aparentemente empujado a la casa blanca por esos mismos hackers, y eso sí es de la máxima relevancia internacional y, sin duda, nacional de EEUU. Pero Cataluña constituía un ejemplo, y era algo muy reciente, tanto que estaba sucediendo precisamente en esos momentos.

Nadie en su sano juicio podrá decir que Putin está en el origen del Process. Esto lleva ya muchos años cocinándose, aquí, en la cocina española (o catalana), no es una receta rusa. Pero es seguro que en la medida en que pueda sembrar discordia con los medios de los que disponga, el gobierno ruso, esto es, el autócrata Putin, lo hará.

El Estado de Derecho de España es la antítesis de la Dictadura de la Ley de Putin. Verlo derrumbarse le haría estallar de júbilo, no me cabe duda…aunque España, per se, no esté entre sus prioridades, al menos de momento.