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Juan Ramón Rallo y el nacionalismo reactivo

escrito por Germanico 31 octubre, 2017

Siempre es interesante leer las cosas que escribe Juan Ramón Rallo, un economista liberal de la Escuela Austriaca a quien creo que no es necesario presentar aquí, alguien que se muestra razonable y razonadamente suspicaz frente al estatalismo (y más si tiende al -estalinismo) y a las distintas formas que tienen los Estados de colarse en nuestras vidas, iniciativas y carteras en nombre de un discutible bien común y, en no pocas ocasiones, arruinándolo todo a su paso.

Los Estados-Nación que durante siglos se han hecho la guerra no han hecho más que prolongar y amplificar el conflicto siempre existente entre los hombres, ese todos contra todos hobbesiano que, en puridad, es un “nosotros” contra “ellos”, un conflicto entre grupos que se remonta a los orígenes mismos de nuestra especie social y que ha sido bien documentado en nuestra especie por los psicólogos sociales en experimentos maravillosamente diseñados que nos aleccionan sobre cómo competimos, colaboramos, creamos alianzas y jerarquías y nos declaramos la guerra. Y aunque lo observemos entre nosotros, los humanos, todo ello no es algo que haya surgido como una condena cuando Caín mató a Abel. Los chimpancés, nuestros parientes más cercanos, forman grupos que son mútuamente hostiles, establecen territorios y patrullan sus fronteras, y atacan furibundamente a cualquier “congénere” que no sea de su grupo y haya tenido la feliz idea de entrar en su particular “país”. Y entre los miembros de un grupo pelean por determinar quién ejerce el mando midiendo muy bien sus respectivas fuerzas. Todo esto lo explica muy bien Michael P. Ghiglieri en En Lado Oscuro del Hombre.

Cuento estas cosas porque considero que la violencia y la xenofobia no son algo antinatural o que pueda fácilmente desaparecer con una buena educación en los valores de la convivencia, sino que están bien grabadas por en nuestro ADN. Así pues, visto lo visto, uno se pregunta qué clase de iniciativas, instituciones, ideas, movimientos sociales y avances tecnológicos y culturales pueden contribuir de algún modo a encadenar al perro rabioso que todos llevamos dentro para que no se abalance contra cualquier extraño que le parezca amenazador o un competidor por un cacho de comida. Y más en este mundo imperfecto en el que los recursos son escasos, como bien pone de manifiesto la propia existencia de la Economía, dentro de la cual surgen las corrientes liberales.

No creo que el principio de no agresión sobre el que se sustentan muchas de las propuestas liberales sea aplicable en éste mundo que, como señalamos, es imperfecto. Y dado que es imperfecto se han creado, de momento, soluciones chapuceras a los grandes problemas que se derivan de gestionar recursos escasos y dirimir las diferencias entre los grupos. El monopolio de la fuerza establecido por un Estado sobre un territorio y una población no es una panacea. En sus expresiones más grotescas sirve para que lo peor en nosotros surja en el crisol del grupo en forma de odio, violencia y usurpación de recursos que se dirigen hacia los que no forman parte del “grupo” al que el Estado da carta de ciudadanía…y patente de corso. La Democracia, esto es, dar a todos los miembros de un grupo dado la oportunidad de poder elegir a sus líderes o “representantes” dista de ser un mecanismo que funciona bien, llevando a los sabios platónicos al gobierno de la República Ideal. Y los derechos otorgados de acuerdo con leyes han sido muchas veces disfraces de los privilegios establecidos sutilmente por unos grupos sobre otros.

Desde una perspectiva liberal pareciera que un mecanismo automático que funcionase como un reloj suizo, una mano invisible que operase en unos sistemas complejos (los mercados) en forma de un termostato autoregulador, que distribuyese los recursos entre todos, de acuerdo con unos indicadores fiables, los precios, y conforme a lo que cada cuál aportara en trabajo, creatividad, etc etc, podría salvarnos, al menos en parte, de jugar juegos de suma cero a garrotazos. Y así es. Pero los mercados adolecen de terribles defectos del mismo modo que ocurre con los Estados como monopolio de la fuerza, el derecho como garante de la justicia o la democracia como baluarte de la igualdad en la participación política.

En vista que que ahora Juan Ramón Rallo responde en un Encuentro Digital del periódico El Confidencial a preguntas formuladas por los lectores decidí enviarle una, como un lector más (que a estas alturas es lo que soy, dado que hace mucho que perdí el contacto con él, que es, por cierto, una bellísima persona).

Tratando de ampliar el marco del problema de la libertad conforme a las dimensiones globales que está tomando, le formulé la siguiente pregunta:

El desafío catalán o el brexit ponen de manifiesto la importancia de una vertebración supranacional y postnacionalista. Pero el mercado no puede proveer todas las respuestas, y la política tiene que fortalecerse para garantizar una gobernanza internacional. ¿Dónde termina la iniciativa individual y empresarial y empiezan las sociales y políticas? Un abrazo.

Y la respuesta de Rallo escueta y sugerente:

Puede haber vertebración supranacional sin estructuras estatales supranacionales. De hecho, plantéese si esas estructuras no fomentan un nacionalismo reactivo.

En ese chateo con lectores en el que responde preguntas como un maestro de ajedrez juega partidas simultáneas no esperaba que le dedicase gran tiempo al asunto. Me valía la sugerencia.

Plantéese si esas estructuras no fomentan un nacionalismo reactivo.

He reflexionado sobre ello. Le he dado un par de vueltas. En estos últimos años están reapareciendo en escena grupos que se organizan en partidos de corte nacionalista en Europa. Entiendo que es de Europa de lo que estamos hablando, porque dudo que Sudán del Sur quisiera la independencia de Sudán del Norte por la existencia de la ONU.

Estos grupos nacionalistas muy probablemente sean ése nacionalismo reactivo al que se refiere Rallo. Pero sigo sin verlo claro. Por dos motivos:

1.-¿Han surgido esos grupos nacionalistas como reacción a las estructuras estatales supranacionales (la UE) o como reacción a la islamización de Europa, por ejemplo?

2.-¿Se trata de una reacción a lo que sea, o más bien de algo que siempre ha estado ahí y que ahora simplemente toma una nueva forma de organizarse en un contexto global de mayor incertidumbre?

Sin duda todo aquel que sea nacionalista puede ver con malos ojos los fenomenos de integración internacionales, sean a nivel político, social o económico. Pero la inmigración es un problema, la deslocalización es un problema, la crisis de identidades y el incremento de las incertidumbres son un problema. No creo que el problema que conduce al surgimiento de nuevas formas de organizar los instintos grupales y excluyentes sea la existencia de la UE, organismo supranacional y postnacionalista que, conviene recordar, se creó para poner fin a las guerras generadas por los nacionalismos exacerbados en Europa que por poco acaban con todo.