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Si te gusta el fútbol eres gilipollas

escrito por Sofía Rincón 25 octubre, 2017

Marchando una de tópicos.

El otro día quedé con unos unos amigos y salió el tema de los deportes, cada uno dijo cuáles le gustaba practicar y/o ver, un intercambio cotidiano de información irrelevante para generar un ambiente relajado y conocer esas facetas referentes a las trivialidades que tan importantes son cuando se trata de nuestros amigos. La conversación iba como por turnos, exponiendo cada uno su subjetividad, hasta que de pronto una de las presentes soltó “¿en serio te gusta el fútbol? yo pensé que eras más intelectual”. Vaya, resulta que si te gusta el fútbol automáticamente te baja cincuenta puntos el CI… Lamentable. No os imagináis como la afirmación “veo fútbol de vez en cuando” condicionó el resto de la velada.

Si fuera algo puntual pensaría meramente que aquella imbécil quizá bromeaba, quién sabe. Pero no: lo decía completamente en serio siguiendo ese lugar común de que el fútbol es para personas con discapacidades mentales. Me siento bastante impotente escribiendo este artículo, porque contaba esto dando por hecho que cualquier persona con un mínimo de inteligencia no juzgará el intelectualismo de otra en función de algo tan fuera de lugar, pero ¿Cómo le explicas a alguien que cree que el gusto por un deporte determina tu nivel cultural, que no tiene nada que ver? Me deja patidifusa ver cómo existen personas que aunque les vinieran Aristóteles o Kant, si les gustara el fútbol dirían que su obra no debe valer gran cosa… En fin, cosas del Zeitgeist supongo. Quizá en la cabeza de esta mujer al lado de la palabra “fútbol” iba la expresión “unga unga”. Me fascina en el peor sentido, es verdaderamente desquiciante que alguien se considere mejor que otra persona porque no le guste el fútbol y al otro sí. Obviamente tal juicio va ligado al cliché de que los aficionados al fútbol son el Paco del bar de siempre que grita y escupe y ese largo etc. Obviamente tales clichés existen, todos lo hemos visto alguna vez, pero no es porque les guste el fútbol, sino por un cúmulo de características deleznables en el interior de una personalidad cuyo eje central ha sido el fútbol como podría haber sido cualquier otra cosa.

En fin, todo esto que estoy explicando es tan de sentido común que me siento estúpida por estar escribiéndolo: es sencillamente OBVIO, pero aquí sigo, aquí sigo escribiendo pues no deja de parecerme tan excesivamente ridícula esa actitud de superioridad en base una chorrada tan inmensa como una trivialidad subjetiva… Y lo peor es que por mucho que se les razone, seguirán en sus trece juzgando a diestro y siniestro por tamañas gilipolleces. Por un lado todo esto lo asumo como lo que es: una muestra más de la miseria humana del mundo que nos toca a todos en mayor o menor medida, nada nuevo bajo el Sol; pero por otro lado me asombra, no dejo de tener veinticuatro años, aún no he visto la suficiente cantidad de estupidez humana necesaria como para practicar ese tan ansiado estoicismo que tienen algunos amigos míos cuando alcanzan la cuarentena, y por eso escribo este artículo, para mostraros uno de tantos tópicos más.

Cuando veo tanta campaña “contra los prejuicios” haciendo alusión a cuestiones de raza o sexualidad no puedo evitar reírme… Un ser como nosotros, que por un puto gusto deportivo ya crucificamos a alguien, cómo va a dejar de lado algún día cualquier tipo de diferencia. Deberían dejar de usarse términos como “racista”, “homófobo”, “machista”, etc. y empezar a usarse simple y llanamente “imbécil” para abreviar, porque alguien que menosprecia a otro individuo por algo como que le guste el fútbol o el tenis me parece igual de absurdo como que lo haga por cuestiones de raza o sexualidad, denota la misma mentalidad gregaria.

Yo ya tengo asumido que el mundo está condenado. Y ahora me voy a ver la pelea de Antonio Silva contra Fedor Emelianenko, así soy de lamentable y gilipollas qué le vamos a hacer. Leer a Canetti o Wilde de nada me ha servido en la vida, pues sigo disfrutando este deporte, mi caso es incurable, lloraré amargamente llena de culpabilidad tras ver el combate.