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El estado, la ley, los gobernantes y nosotros

escrito por Luis I. Gómez 22 octubre, 2017

Me resulta muy sorprendente que cada vez que publico una propuesta en la que se hace más hincapié sobre la responsabilidad individual y la libertad individual, algo que se supone es de esperar en un blog como este que se dice “liberal”, los comentarios y respuestas que recibo mayoritariamente van directamente en tres líneas:

  • Sólo unos pocos somos “responsables”, los otros no y sería un peligro, un desastre, la guerra incluso, devolver a esos otros las riendas de sus propios destinos
  • El estado español definido en la Constitución del 78 es lo mejor a lo que podemos aspirar los españoles, no lo toques! Y si lo tocas, es para anular el llamado “estado de las autonomías”
  • La historia nos ha traído-y por lo tanto demostrado- que un estado fuerte y central es la mejor garantía para todos, piensen todos que ello es así o no.

A partir de tales premisas toda disputa es imposible. Uno se desanima no pocas veces, viendo la absoluta falta de valor de muchos compañeros de viaje a la hora de discutir ciertas ideas, viendo el conservatismo implícito en tal actitud, intentando no tomarse de manera personal que se califiquen ciertas ideas simplemente como absurdas.

El “liberalismo” español sigue siendo eminentemente conservador, lo cual no es ni bueno ni malo, es como es. Y no le demos más vueltas. Cuando yo en su día defendí el derecho de secesión, algo por otro lado perfectamente entroncado en la tradición liberal- véase lo que al respecto opinan Rothbard o Mises, por ejemplo- NADIE reparó en que tal defensa del derecho de secesión NO significa que los secesionistas estén legitimados para SECUESTRAR en su territorio o en su nuevo estado a quienes no desean formar parte de tal solución. Y eso que lo he dicho explícitamente por activa y por pasiva más de una vez. ¿Por qué se ignora SIEMPRE ese importantísimo detalle? Solo veo dos motivos: o bien lo que se pretende es mantener el status quo a toda costa, negando cualquier posibilidad de que surjan nuevas estructuras sociales, o bien porque se teme una superfragmentación de esas estructuras que funcionaría como una especie de cascada sin fin. Lo primero es conservadurismo, no le doy más vueltas, lo segundo es únicamente fruto de ignorar perezosamente nuestra propia condición humana: las posibles “miniestructuras” surgidas de un proceso secesionista en cascada no durarían ni lo que un caramelo a la puerta de una escuela: lo nuestro es negociar, asociarnos, en grupos grandes capaces de defender nuestros intereses. Efectivamente, los grupos que surgirían de esas asociaciones no se parecerían -probablemente- a los que identificamos hoy como “nuestros”… o tal vez sí. Dejemos que los responsables y los irresponsables nos muestren de lo que son capaces o incapaces.

Alguno (yo mismo) me dirá: !no hombre! ¿y la propia seguridad? ¿lo dejamos todo en manos de un supuesto orden espontáneo impredecible y caótico? Y aquí es donde entra la LEY. La ley es la que marca las reglas del juego, la que nos protege del caos, de la violencia indiscriminada, la que nos permite identificar a los delincuentes y requerirles reparación, la que nos garantiza nuestra seguridad. Y las propias leyes, en una democracia, proporcionan el marco por el que éstas pueden ser cambiadas, derogadas o mejoradas. La Constitución del 78 es CLARAMENTE mejorable para devolvernos a NOSOTROS la soberanía que hoy reside en “el pueblo” (esa cosa tan compleja de definir y que cada partido político, cada uno de nosotros define así o asá según veamos el cocido), las leyes que regulan el poder judicial en España son NECESARIAMENTE mejorables para alcanzar plena separación de poderes, la ley electoral necesita cambios drásticos IMPRESCINDIBLEMENTE para devolver el comercio de ideologías al ámbito de lo privado (del que nunca debió salir) y recuperar los principios de “un hombre un voto” y “representación directa” (nada de votar listas, se votan personas). Pero no parece que ninguno de los mercaderes mayoritarios de ideologías hoy en el poder o cerca de él tengan la más mínima intención de llevar adelante alguno de tales cambios. La LEY en manos de la partidocracia y nosotros en manos de sus caprichos. Bien, sigamos así.

¿Y los gobernantes? ¡Dios mío!, ¡los GOBERNANTES! ¡Pero si vivimos en uno de los países más corruptos de Europa Occidental! Seamos sinceros: ¿Alguno de ustedes está realmente sorprendido por el hecho de que el GOBIERNO de una Comunidad Autónoma como Cataluña haya actuado al MARGEN de toda legalidad, incluso de su propio Estatut, para intentar IMPONER la voluntad de la CASTA y los ADOCTRINADOS que les mantienen en el poder sobre TODOS los demás catalanes? ¿En serio? ¿Les sorprende? Más sorpresas: y luego llega el gobierno central, el de MADRID, aplica un artículo de la Constitución NO DESARROLLADO mediante, por ejemplo, una Ley Orgánica, a ciegas, casi con vergüenza, inventando plazos …. conscientes de que ellos, en su financiación, en su ejercicio de poder ejecutivo, son autores o cómplices (tanto si son del PP como si lo son del PSOE) de innumerables casos de corrupción, de la cristalización de una nefanda cultura del padrinazgo que anquilosa España en su capacidad de crecimiento y nos convierte a todos en peleles apenas dirigidos por el capricho regulador del mercader de ideologías de turno en La Moncloa.

Lo siento, de verdad, pero yo no puedo ponerme del lado de los separatistas totalitarios que ignoran la ley, del mismo modo que no puedo defender -ni siquiera con la nariz tapada- un modelo de estado español que no ha sabido en 40 años despertar nuestra generosidad, anular nuestro cainismo o desterrar la arbitrariedad administrativa y gubernativa. Tal vez, y esto me llena de tristeza, porque en el fondo somos una sociedad de cicateros, envidiosos y conniventes con cualquier desmán de nuestros gobernantes, siempre que sean eso: los “nuestros”.