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Algo está cambiando en España

escrito por Burrhus el elefante neocon 9 octubre, 2017
Hay un montón de buena gente en Cataluña que quiere la independencia. Lástima que estén gobernados por una panda de delincuentes e impresentables.
 
Hay otro montón de buena gente en Cataluña que quiere seguir en España y que se respeten sus derechos. Lástima que estén gobernados por una panda de inútiles y corruptos.
 
Hay un montón de buena gente en España a la que el conflicto catalán le ha sacado su lado más español como muestra de orgullo y forma de autodefensa. Lástima que no sea por hacer las cosas bien.
 
Hay un montón de buena gente que cree que estos problemas se arreglan dialogando. Lástima que no entiendan que no se puede dialogar con quienes pisotean arbitrariamente los derechos y libertades de los ciudadanos que tengan ideas distintas.
 
Éstos son la INMENSA MAYORÍA. Y a mí me parece que entre toda esta buena gente se puede encontrar un marco común para resolver los problemas de manera razonable. No como hasta ahora.
 
Ahora hay unos pocos que se dedican a violar sistemáticamente derechos y libertades de ciudadanos.
 
Hay otros pocos que se dedican a presionar, chantajear, coaccionar o amenazar a aquellos que tienen ideas distintas o no comulgan con su ideario.

El Kalimero Imperial, símbolo de los momentos más “gloriosos y pacíficos de la Nación Española”

Hay otros pocos que se dedican a sacar la siniestra bandera del Kalimero Imperial.

Y hay otros pocos que no tienen ningún reparo en agitar la basura todo lo que puedan por un plato de lentejas o un par de votos.
 
Éstos son la INMENSA MINORÍA. Y muchos de ellos son los que, de una u otra manera, mandan y construyen la ficción que luego vemos.
 
Creo que, por la vía del regreso a la cordura de quienes mandan en Cataluña o por la vía del 155, la situación se estabilizará durante algún tiempo. Más que nada porque la independencia unilateral supone que el 90% de los trabajadores que trabajan en exportaciones o servicios fuera de Cataluña acaben en la cola del paro en menos de 24 horas, y no creo que allí quieran superar a Andalucía en esa nefasta estadística.
 
Creo que se ha producido un enorme cambio sociológico en España. Creo que ahora España es más abierta a la hora de reconocer sus diferencias y a perdonar sus errores cometidos a lo largo de su historia. Esto ya no es el “una, grande y libre”, donde cualquiera que decía sentirse español era calificado automáticamente de “fascista de derechas”. Se entiende que cualquiera puede sentirse español, independientemente de sus ideas (salvo si se tiene el cerebro vacío o completamente fanatizado). Y también se entiende que existen regiones con un sentimiento de identidad fuerte dentro de España. Al mismo tiempo, la gente está orgullosa (en la inmensa mayoría de casos) de “su nación” y de su “Estado de Derecho”. La gente no quiere carnicerías, ni prohibir el catalán, como tampoco reivindica las salvajadas en América o los Tercios en Flandes. Quiere que se aplique la ley y se respeten sus derechos, algo que sí es razonable. Creo que, de alguna forma, somos gente “un poco más madura”. Luego llegarán los políticos y los fanáticos y la cagarán, como siempre. Pero “tal vez” lo que salga de aquí no sea tan malo.
 
Lo que sí está roto es Cataluña. Sea a través de la bajada de pantalones de Puigdemont o a través de aplicar el 155 con todas sus consecuencias, tiene que haber un momento en el que los independentistas catalanes, que no serán mayoría pero sí una parte fundamental de la población, tengan que entender que no se puede ir por ahí acosando a la gente ni fumándote un puro con las leyes porque sea para lo que quieres. Tienen que comprender que las consecuencias económicas de una declaración unilateral de independencia son espantosas. Tienen que entender que les han timado de muy mala manera con las expectativas económicas. Tienen que aceptar que les han fanatizado desde el primer día en la escuela hasta la última comida mientras veían TV3. Tienen que asumir que se han equivocado en la manera de hacer las cosas. Y sí, tragarte el orgullo, reconocer que te has equivocado y rectificar son sendas putadas. Pero no hay nada que no curen el respeto a los demás y el tiempo.