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Cataluña y la libertad

escrito por Luis I. Gómez 4 octubre, 2017

Vivimos en una democracia formal, en la que nuestra seguridad jurídica y la protección de nuestras libertades apenas son conceptos teóricos. El régimen que hemos construído al cobijo de la Constitución de 1978 adolece de gravísimas deficiencias que, antes o después, deberían salir a la luz.  Lo que está ocurriendo estas semanas, meses si me apuran, en Cataluña es simplemente la culminación de un largo proceso alimentado por justamente esas deficiencias.  Mi muy apreciado Miguel Ángel Velarde describe en su artículo “¿QUE CÓMO HEMOS LLEGADO A ESTO? ¿EN SERIO?” perfectamente la deriva que ha terminado desembocando en los acontecimientos de los últimos días. No sólo estamos acostumbrados a poder burlar cicateramente tanto los procedimientos del poder como los mecanismos de control al mismo, la superinflacción legislativa a que hemos asistido durante décadas nos ha puesto a los pies de los políticos: lo que hoy es legal puede no serlo mañana, y viceversa, únicamente dependiendo de las filias, fobias y visiones planificadoras del partido político en el poder.

Ayer todos pudimos escuchar el discurso pronunciado por SM el Rey Felipe VI, el Jefe del Estado.  Desde el punto de vista de la legislación vigente y cómo esta determina y garantiza las estructuras e instituciones del Estado, las intervención del Rey es ejemplar, infinitamente más apropiada que ninguna de las realizadas con antelación por ningún miembro del Gobierno de la nación. Ya les decía yo hace unos días que, con la ley en la mano, sólo la acción judicial contra los iniciadores, perpetradores y colaboradores necesarios del desatino del 1-O puede ser la respuesta correcta. Los miembros del gobierno de Cataluña que inician e incitan, los “voluntarios” que participan activamente y los Mossos, sin cuya colaboración necesaria el 1-O no hubiera sido posible, deben responder ante la justicia. Porque sólo desde la observancia de la ley es posible defender la libertad de todos.

La libertad de todos…. pero ¿no estamos hablando de enjuiciar a los secesionistas? ¿Dónde queda la libertad de los catalanes que quieren formar su propio estado? Unos dos millones de ciudadanos catalanes, según los resultados del referéndum, están a favor de la independencia, de la secesión. Dado el clima de emotividad generado en torno al 1-O, cabe pensar que TODOS los independentistas acudieron a votar el pasado domingo. ¿Entonces?

La desvergüenza con que los separatistas pretendieron sacar partido mediático escenificando momentos “sangrientos”, sólo explicable desde la idiocía victimista que nos azota, es apenas un síntoma de la cultura de la posverdad que tan bien describe Antonio Escohotado en su “Agresiones” (no dejen de leerlo). Lo cierto es que existen numerosas pistas, incontables ejemplos que ilustran a la perfección el carácter iliberal, anti-libertad diría yo, del movimiento separatista catalán:

  • apenas dos millones de catalanes pretenden sustraer de sus derechos como españoles a los otros cinco millones y medio de catalanes
  • no les ha bastado con limitar, mediante leyes liberticidas, el uso de la lengua materna de muchos catalanes, el español
  • no les ha bastado con limitar la libertad de los emprendedores, empresarios y comerciantes catalanes a la hora de publicitar sus empresas y sus productos
  • no les ha bastado con convertir las clases de historia en las escuelas en meros ejercicios de historicismo miope, incluso erróneo y falso
  • no les ha bastado con sustraerse no ya de las leyes y normas que emanan de la Constitución española, también de las normas y leyes que se autopropiciaron con el Estatuto de Cataluña
  • el acoso a los no-nacionalistas ha condenado a buena parte de la sociedad catalana al silencio. Hoy en la ARD entrevistaban a un ciudadano que rogó no ser filmado en la calle, sino en su casa: hablar de ciertos temas en público hoy en Cataluña supone marginación, pérdida de clientes, despido.

No me voy a extender más, todos conocemos decenas de ejemplos que ilustran perfectamente el carácter totalitario del movimiento secesionista catalán. Y es por eso, porque no se trata de un movimiento generador de más libertad, sino de más represión, que no puedo estar a favor del mismo. Por aquello de dejar claros los términos: yo estoy a favor, rotundamente, del derecho a elegir de las personas, pero no encuentro argumentos más allá de los colectivistas que me lleven a pensar que puede haber un “derecho a elegir de los pueblos, o las naciones” a elegir nada. La lucha de soberanías desatada, soberanía del pueblo español frente a la soberanía del pueblo catalán, es una disputa impostada desde la sacralización de un concepto, el de la soberanía nacional, que apenas es una coartada para sustraernos nuestra soberanía individual. Imaginen que, de pronto, la mayoría de los habitantes de la nación son musulmanes y adoptan democráticamente la sharia como ley suprema: ¿seguiría usted pensando que la soberanía nacional (grupal) es más defendible que la suya propia, que su soberanía sobre su vida y sus actos? ¿que está por encima de su libertad? He contado varias veces que los sistemas autoritarios sólo son estupendos cuando el estilo de vida propio se corresponde con el de la autoridad. Pero eso también sirve para los sistemas no autoritarios. Lo único que nos protege frente a la arbitrariedad de las mayorías, o de las minorías violentas, es la consagración, por ley y para todos, del principio de protección de la soberanía individual.

Debemos buscar soluciones, pero soluciones de libertad. Soluciones que garanticen la libertad de los catalanes que no desean ser españoles, pero también, NECESARIAMENTE, para garantizar y proteger la libertad de los catalanes que sí desean seguir siendo parte de España como nación.

¿Me convierten estas ideas en equidistante, o promotor de la sedición violenta? Ustedes opinan, en comentarios, por favor.