Home Política 1-O, esa cadena de despropósitos

1-O, esa cadena de despropósitos

escrito por Luis I. Gómez 2 octubre, 2017

Lo ocurrido ayer en Cataluña quedará como uno de los episodios más esperpénticos de la reciente historia de España. Esperpéntico en el sentido de ridículo y grotesco.

Tras más de 30 años en los que hemos sido absolutamente incapaces de dotarnos de un marco legal que mejorase el muy mejorable modelo autonómico y lo transformase en un modelo federal moderno, estaba cantado que lo ocurrido ayer en Cataluña era únicamente cuestión de tiempo. En España existe un número no menor de personas que, ya sea por interés político/de poder (los líderes), ya sea por deformación educativa (los muchos ciudadanos que han aprendido incluso falsedades en las escuelas públicas) o por verdadero convencimiento (los pocos que se mueven por un sentimiento legítimo de pertenencia a un “pueblo”, que también los hay) no están satisfechas con la actual estructura del estado. El proceso contínuo de “negociaciones-votaciones-enfrentamientos parlamentarios-incumplimientos de la ley-reformas oscuras de la ley” al que hemos asistido en los últimos decenios apenas sirvió para generar un ambiente cómodo a ciertos procesos de chantaje económico y político al tiempo que enturbiaba, aún más si cabe, el marco legal constitucional.  Ante la pasividad de casi todos, la reverencia al erróneo principio de que la soberanía reside en el pueblo y no en cada uno de los ciudadanos, el conservacionismo de unos principios constitucionales obsoletos y la enorme ausencia de comprensión sobre lo que significa el diálogo entre “rule of law” y “democracia”, lo que ocurrió ayer era tan previsible como que el sol sale por oriente. Cualquier movimiento secesionista, legítimo o ilegítimo, debería plantearse desde la ilegalidad sí o sí. Tal y como ha ocurrido. Tal y como está ocurriendo. Es RIDÍCULO lo miren por donde lo miren.

El referéndum planteado desde el “Govern” de Cataluña, desafiante, mal organizado, con reglas que cambiaron incluso pocas horas antes de celebrarse, incumpliendo las mínimas normas de transparencia democrática, es más una pataleta visceral que un acto sereno y maduro como cabría esperar de una sociedad que se autocalifica de serena y madura. Nada de lo iniciado por los separatistas en las últimas semanas se sale de lo grotesco, de lo meramente propagandístico … lo que no quiere decir que esta sea una mala estrategia. De hecho, hoy todos los medios europeos hablan del tema, que ha regresado a la mesa de debates gracias al empeño de unos pocos y sin la decidida oposición de la mayoría.

Pero si la actuación de los Puigdemont-Boys ha sido grotesca, ¿cómo calificar la respuesta de los Rajoy-Boys? Ignoro quienes asesoran al presidente del gobierno español en estos asuntos, pero todos son carne de despido inmediato. Veamos. Si el referéndum era ilegal -y con la ley y la Constitución en la mano lo era- nada de lo que vimos ayer era necesario. Se espera tranquilamente a que se cometa el delito, que no es un delito de sangre ni necesita de acciones preventivas, se acude a los juzgados y se aplica la ley con los infractores en aquella medida que los jueces estimen justa. Luego se puede volver (se debe volver) a discutir si el marco legal es el adecuado o no. Pero la ley es la que hay, dice lo que dice, y quien atenta contra ella debe asumir responsabilidades.  Responder al órdago separatista, a la pantomima ilegal, con la pantomima policial en una especie de contraórdago gubernamental, únicamente consigue enfrentamiento … y ayuda a los separatistas a justificar su “lucha”. Gracias a la grotesca reacción de Rajoy, hemos sacado un tema del marco de la disputa sobre la ley y lo hemos llevado al marco emocional, imprevisible, irracional, de “la lucha”.

¿Qué debería pasar ahora? Apenas les puedo dar mi opinión. Opino que los organizadores del referéndum deberían ser detenidos y juzgados, que el presidente del gobierno español y su vicepresidente y el ministro de interior deberían dimitir inmediatamente (por ineptos) y que se deberían convocar elecciones generales inmediatamente para crear un nuevo parlamento capaz de discutir -y llevar adelante las reformas pertinentes- el marco constitucional bajo el que vivimos. No tengan miedo: si el referéndum de ayer hubiese sido legal y contado con una participación del 70% de los catalanes, estoy seguro de que hoy habríamos asistido a la derrota del separatismo. En las urnas. Como debe de ser.

 

Nota: yo estoy a favor del derecho de secesión de las personas. Y si hay secesión de “pueblos” o “naciones”, esta sólo es legítima si permite a su vez nuevas secesiones dentro de la entidad administrativa creada. No parece que esto último fuese la intención de los Puigdemont-Boys, por lo que no hubiesen contado con mi apoyo. Ni en un referéndum legal, ni en uno ilegal.