Home Política El principio de no agresión y la defensa propia

El principio de no agresión y la defensa propia

escrito por Luis I. Gómez 19 agosto, 2017

Corría aún la sangre de las víctimas de la II Guerra Mundial cuando Rex Applegate escribió en 1943 su “Kill or get Killed“, un clásico del género “autodefensa” o defensa personal, como prefieran.

El duro lenguaje utilizado por Applegate no glorifica la guerra, ni la violencia. Mas bien muestra de forma directa y cruda la inhumanidad de la misma. A pesar de que en la contraportada podemos leer que no es un libro de defensa personal, creo que ningún otro libro muestra tan a las claras cómo defenderse de cualquier ataque. Y para qué queremos nosotros, defensores de los principios de no agresión, semejante obra? Elevar la “no agresión” a la categoría de principio ético sólo puede ir acompañado de la irrenunciabilidad al derecho de autodefensa. Defensa de la propia vida frente a quien pretende agredirla.

En estos días en los que la policía parece estar más ocupada (o tener más éxito) con los infractores de normas de circulación que con los navajeros, ponebombas, mafiosos y demás caterva no se me antoja baladí sacar el tema a colación. No olviden que la “defensa propia” es uno de los pricipios fundamentales de cualquier acción en “primeros auxilios”: asegúrese de ponerse a salvo usted, luego mire de ayudar a los demás (aviones y máscara de oxígeno, bomberos y delimitación de riesgos, etc….)

La autodefensa tal y como la entiende Applegate se desnuda de coreografías empalagosas , centrándose en los movimientos mínimos necesarios para dejar fuera de combate al agresor. Visto así, la autodefensa, que sólo debe ser aplicada en situaciones extremas, se convierte en una especie de “medicina negra”. Los conocimientos de las partes vitales de un humano puestos al servicio de su rápida eliminación como fuente de peligro.

Soy absolutamente contrario al uso gratuito de la violencia. Pero me niego a renunciar al derecho que me asiste para defender mi propia vida y la de mi familia. Les recomiendo el libro. Léanlo. Evidentemente se trata de un libro que sólo debería estar a disposición de quien no desea hacer uso de sus contenidos. Pero con los libros ocurre como con las armas: los “otros” también leen. Los “otros” también disparan. En una sociedad como la nuestra, donde por ley sólo los delincuentes tienen acceso a las armas, no está de más tener la obra de Applegate en la estantería. Mejor sería tener una pistola. Pero no nos dejan. Los “otros” lo saben y acarician las culatas con la sonrisa de quien se sabe en clara ventaja.