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A la Realidad no le importan tus sentimientos

escrito por Sofía Rincón 14 agosto, 2017

A veces la vida, sencillamente, puede con nosotros, aguantamos como podemos, pero no dejamos de ser ridículamente humanos. No son necesarias grandes tragedias griegas para sumir a una persona en la desesperación, sino que basta con que el choque de lo real con los sentimientos sea lo suficientemente fuerte. He aquí que la vida, incluso la del más dichoso, esté plagada de sufrimiento de principio a fin. ¿Y por qué? Bueno, ya dijo Buitendijk que este se trata de quizá el mayor problema que plantea la metafísica.

No obstante, independientemente de que tengamos tal o cual hipótesis acerca de la existencia del dolor, hay una cosa certera, y es que la realidad no coincide con lo que sentimos. Alguno de mis lectores dirá que a veces sí, pero lo cierto es que entre el yo (difuso y cerrado) y la realidad (clara y distinta) hay un abismo insalvable. Pero dejando esto a un lado, y dando por hecho que ciertas cosas, las más palpables, sí que pueden considerarse como coincidentes entre realidad y yo (salvando las distancias metafísicas del asunto), lo que resulta absurdo es pretender que sea la realidad (cosmos) quien se adapte al individuo (yo). De hecho, este y no otro, este onírico optimismo, esta filantropía del disparate, es el principio del que parten las utopías, que precisamente por tener de base el tomar la realidad como secundaria, cuando se llevan a cabo suelen terminar plagadas de cadáveres (a la Historia me remito). O como bien resume Dávila: “Los aciertos del hombre son casuales, y sus desaciertos, metódicos”.

Esta es una de las claves, en parte, de que hace dos semanas decidiera expresar lo que pienso pese a los riesgos que conlleva. Hoy día es harto habitual escuchar cómo alguien tiene las “soluciones al mundo”, o “sabe lo que hay que hacer”, también son muy frecuentes las ideologías que buscan una “purificación de la humanidad”, en el sentido que sea. Todo esto, y lo digo sin tapujos, es lo más inquietante de este momento histórico. Estas ideologías que se mueven por los sentimientos y no por la “resolución”* práctica de los problemas son peligrosas. Lo real ya es lo suficientemente terrible como para encima negar en rotundo su análisis y renunciar a la búsqueda de posibles formas de sobrellevarla: estas son sólo maneras de agravar handicaps sociales y de debilitar una cultura.

Todo platonismo inmanentista termina en catástrofes.

*Entrecomillo la palabra “resolución” porque a nivel social o humano (ontológicamente) no existe como tal una resolución de nada en sentido absoluto.