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Valores a la baja: el esmero

escrito por Luis I. Gómez 9 agosto, 2017
esmero.

De esmerar.

1. m. Sumo cuidado y atención diligente en hacer las cosas con perfección .

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La información es la herramienta principal de que nos servimos los humanos para afrontar nuestra cotidianeidad… y nuestro mañana. De lo que aprendemos obtenemos los materiales con los que construimos nuestro quehacer y nuestros deseos. Vivimos en los tiempos de la inmediatez, la rapidez, las noticias digitales servidas al instante. El tiempo se nos escapa no ya por horas, ni minutos: Twitter es el segundero, Facebook el minutero y los grandes medios digitales marcan nuestras horas informativas en una loca carrera por ser el primero en contarlo.  Y, con las prisas, solemos dejar a un lado la rigurosidad y el esmero. También en nuestro día a día.

Ocurre que, si deseamos ser cuidadosos y esmerados en lo que hacemos, necesitamos calma y tiempo. Vivimos constantemente en medio de un océano de voces, palabras, mensajes, noticias (ruido) que nos embriaga y contrarresta todos nuestros esfuerzos para fijarnos en una cosa o para observar todos los detalles de la misma, lo que hace casi imposible entenderla o valorar con certeza sus posibles consecuencias. Empezamos a pasar por encima de las cosas con  un cierto grado de indiferencia, hasta que perdemos la capacidad de valorar qué es realmente importante para cada uno de nosotros.

En un contexto más amplio, permítanme que les ponga el foco sobre el constante esfuerzo de ciertos círculos empoderados para dar a los “ciudadanos ansiosos” una buena porción diaria de “informaciones” ausentes de esmero con el fin de alimentar populismos de todo color. Esta marea de “noticias” deliberadamente difusas -más titular que contenido -, genera una cultura informativa que, debido a la ausencia de esmero en su confección, disminuye la capacidad de discernimiento de los “informados”, invitándoles a gestionar sus reacciones más por filias y fobias que por el análisis concienzudo de las cosas. Casi todos los días me pregunto si eso no será premeditado.

En cualquier caso, creo que no podemos seguir cayendo por el precipicio de la mediocridad: debemos nutrir y cuidar – recuperar, si perdido- nuestro sentido del esmero, también como garante del respeto en las relaciones interpersonales, arrojando al fuego de la banalidad todo aquello que nos suene a ruido.