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El carbón que nos ha traído hasta aquí

escrito por Luis I. Gómez 8 agosto, 2017

El uso del carbón como fuente de energía produjo el mayor cambio en la historia de la humanidad. Durante decenas de miles de años el hombre había vivido en la era que podemos llamar pre-carbón. Nuestra vida era corta y dura. Padecíamos hambre, nos congelábamos de frío, moríamos de peste. Nuestros recursos  eran todos “renovables” – poco fiables, dependientes de la meteorología y el clima. Hubo progresos, sin duda. El uso del fuego, la agricultura y la ganadería, los asentamientos y el surgimiento de las ciudades, la minería, la extracción de metales/minerales y su procesamiento. En general, sin embargo, la humanidad llevaba luchando por su supervivencia, con poco éxito, durante toda la era preindustrial, tal y como podemos ver en el siguiente gráfico [Fuente: Ian Morris’ Why the West Rules – For Now: The Patterns of History, and What they Reveal About the Future].


El carbón, y gracias a él la imparable revolución de la máquina de vapor y las tecnologías industriales asociadas, subyace al repentino progreso exponencial en el desarrollo social humano, no sólo en la población humana. Por fin habíamos logrado superar las limitaciones del trabajo muscular y animal y se hicieron accesibles cantidades masivas de energía útil, lo que condujo a la posterior multiplicación de la innovación tecnológica y el progreso. Las fábricas, el transporte, la urbanización … todo lo demás que constituyó la Revolución Industrial surgió a lomos del hoy denostado carbón.

El carbón como fuente de energía dominó el siglo XIX. Durante todo el siglo XX, proporcionó más energía que el petróleo. Hoy, a comienzos del siglo XXI, mantiene su importancia mal que le pese a los carbonófobos. Para 2030, el carbón se mantendrá como uno de los mayores proveedores mundiales de energía  [Fuente]. Y son los países emergentes, relativamente pobres, los que en primera instancia y de forma irrenunciable necesitan de las piedras negras. Su demanda, ya inmensa, está creciendo constantemente. El carbón es, como antes lo fue en Inglaterra o España, el “puente hacia el progreso” de todos esos países en vías de desarrollo.

Fuente: BP Energy Outlook 2017 https://t.co/QRoBNOKEyg

El año pasado se extrajeron cerca de ocho mil millones de toneladas de carbón en el mundo. A finales del siglo pasado, la producción era de 3.600 millones de toneladas anuales; eso es lo que producen las minas de carbón chinas hoy en día. El segundo productor más grande es Estados Unidos con mil millones de toneladas, seguido por India, Indonesia y Australia. Dos tercios de la producción mundial de carbón provienen de la región de Asia y el Pacífico. En esa región, no sólo se extrae la mayor parte del carbón, sino que también se consume: la mayor parte de los humanos de nuestro planeta vive allí.  Y la demanda es inmensa: 1.300 millones de personas en todo el mundo viven sin electricidad, y otros cuantos miles de millones tienen acceso insuficiente a la energía eléctrica. Aproximadamente seis mil millones de personas acceden a mucho  menos de los 5.500 kWh al año que los ciudadanos de la UE tenemos -de media- a disposición.

Tres cuartas partes de la producción del carbón se usa para producir electricidad. El resto se divide en partes aproximadamente iguales en la industria siderúrgica y en otros sectores industriales como la producción de cemento. La electricidad es el alma de las sociedades modernas, el carbón  el mayor productor. Más del 40 por ciento de la electricidad del mundo proviene de centrales térmicas de carbón; De 1990 a 2010, su peso se ha duplicado.

A medida que un país se desarrolla, la proporción del uso de energía eléctrica aumenta más que, por ejemplo, la calórica. La  electricidad es práctica, limpia y fácil de manejar. Presione un interruptor y se encenderá la luz. Algo que nosotros consideramos habitual, pero que es un milagro cuando se experimenta por primera vez. La luz eléctrica, según nos cuenta el Banco Mundial, “permite un aprendizaje mejor y más largo en los países en desarrollo, más horas de trabajo en las pequeñas empresas y más seguridad”. Y la electricidad salva vidas, mediante cocinas eléctricas, por ejemplo. Tres mil millones de personas todavía cocinan con madera o estiércol, quemándolos en hogueras abiertas. El resultado son “viviendas” atiborradas contínuamente de  humo y hollín. La OMS estima que más de cuatro millones de personas mueren anualmente prematuramente debido a esas “viviendas” llenas de humo.

El consumo de electricidad y la calidad de vida están estrechamente vinculados. El Índice de Desarrollo Humano (IDH), introducido por las Naciones Unidas, es una medida del nivel de vida de un país, valorando la esperanza media de vida, la educación y los ingresos de sus habitantes. Como muestra la siguiente figura, existe una buena correlación entre IDH y el consumo de energía per cápita. En países con bajo IDH, como Etiopía o India, el consumo per cápita de electricidad es inferior a 1.000 kWh al año. En promedio, muchas personas en ese país no tienen ningún acceso a la electricidad.

Fuente: https://www.cgdev.org/media/electricity-consumption-and-development-indicators

A partir de 4.000 kWh per cápita  y año comienza la vida decente. El promedio anual es de unos 3.000 kWh al año. China ya supera esta cifra; La India, con una población de 1.200 millones de habitantes, todavía tiene mucho camino por delante. Hoy en día los hindúes sólo disponen, de media, de 700 kWh por año. Alrededor de mil centrales eléctricas a carbón tendrán que ser construídas para alcanzar la marca de 4000 kWh per cápita/año.  Están en ello:

Un espectáculo de terror para los ecologistas, las ONG y la burocracia climática global. Abogan por las energías renovables, ignorando completamente el orden de magnitud en que nos movemos hoy en día a la hora de planificar y construir plantas de generación energética. Incluso el alarmista James Hansen, asesor de Al Gore, lo reconoce: “La suposición de que Estados Unidos, China, la India o el mundo entero podría renunciar rápidamente a las energías fósiles usando energías renovables es equivalente a la creencia en el conejo de Pascua o en el Ratoncito Pérez”.

Recuerden:

El desarrollo más importante en el mundo de hoy es el hecho de que China, la India y otros países en vías de desarrollo se están convirtiendo en países prósperos gracias al carbón: el carbón sigue siendo el puente hacia el progreso.