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Ecologismo: características principales

escrito por Luis I. Gómez 5 agosto, 2017

Como todos los movimientos totalitarios, el ecologismo proclama una doctrina de salvación que promete felicidad y redención, y cuyas premisas no deben ser cuestionadas por los fieles. Pero el ecologismo también presenta, en puntos esenciales, diferencias con otras ideologías totalitarias. A saber:

La misantropía ilimitada. Para los ecologistas, la naturaleza es buena / sabia / en equilibrio / perfecta – el hombre, por otra parte, es una carga / perturbación de la naturaleza perfecta, un consumidor de recursos, esencialmente un destructor de la armonía de la naturaleza. Es por ello que los ecologistas sueñan con un planeta con tan poca gente como sea posible. y que esa gente sean ellos, evidentemente. Esta misantropía es una característica clave del ecologismo. Otras corrientes extremistas limitan su hostilidad a ciertos grupos, tales como clases, pueblos, infieles. Sólo los ecologistas declaran a toda la humanidad como una carga/lacra a eliminar.

La exigencia de “riesgo cero”. El principio de precaución ecologista requiere la omisión de cualquier actividad que pudiera estar asociada con un riesgo, ya sea éste real o sólo “modelado/presumible”. Este llamamiento al miedo también distingue a los ecologistas de sus camaradas totalitarios, que usan principalmente la envidia para sus propósitos. Se ha demostrado que la política ecologista del miedo es al menos tan efectiva como la política comunista de la envidia o la nacionalsocialista de la exaltación de la raza propia.

Pero ninguna caracterización del movimiento ecologista puede obviar los puntos comunes con todo totalitarismo de todos los tiempos:

La exageración sistemática. Los ecologistas son muy consistentes a este respecto. Todo comenzó con Rachel Carson, que amenazó con una “primavera silenciosa” porque el DDT supuestamente mataba a todas las aves. Paul Ehrlich profetizó en 1968 que millones de personas morirían de hambre en los años setenta. El Club de Roma, dijo en 1972 que el año 2000 la economía mundial entraría en colapso porque todos los recursos claves, incluyendo el petróleo, se habrían agotado ese año… o antes. La supuesta lluvia ácida en Alemania debería llevar a la desaparición de los bosques. Quedan supuestamente sólo unos pocos años -algunos dicen que apenas tres- para salvar el clima antes de que el planeta se convierta en un infierno de llamas del que no habrá escapatoria. La lista podría ser inmensa. No se trata de una sucesión de errores, sino de una estrategia deliberada y sistemática para alcanzar objetivos políticos.

Absoluta falta de empatía con las víctimas. Lenin ya lo había dejado claro: “No se puede hacer tortilla sin romper los huevos”. Y justamente en esa tradición encontramos a los ecologistas. La  por ellos forzada prohibición del DDT causó la muerte por malaria de millones de personas, aunque con el uso del insecticida se podría haber evitado. La lucha de los ecologistas contra los cultivos transgénicos golpea a los más pobres en los países en desarrollo, cuyo suministro de alimentos es escaso y caro. Bajo la presión de las organizaciones ecologistas, el gobierno de Zambia impidió la venta de maíz modificado genéticamente en Estados Unidos, provocando la muerte de miles de personas durante la hambruna de 2002.  No les importa si el precio de aplicar una de sus medidas es una, cien o mil vidas humanas. Son los “efectos colaterales” que se deben asumir en la consecución del nuevo paraíso gaiano.

Después de medio siglo de experiencia con el ecologismo se puede decir que este movimiento es la mayor amenaza a la libertad a la que la humanidad ha estado expuesta desde la caída del comunismo.