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Defensores de los “derechos de los animales” haciendo el mono

escrito por Luis I. Gómez 2 agosto, 2017

Tal vez conozcan la historia del fotógrafo David Slater, quien un buen  día decidió viajar a una isla de Indonesia para fotografiar macacos. Como buen  experto en fotografía animal, montó sus dispositivos y se alejó de la zona confiando en que, como siempre, los sistemas automáticos de disparo de sus cámaras le dejarían una buena cosecha de hermosas imágenes. Un macaco, curioso él, se acercó a una de las cámaras y, jugueteando con ella, se hizo un selfie que desencadenaría una de las disputas legales más absurdas de nuestros días.

Un juzgado norteamericano decidió en 2012 que Slater no posee los derechos de autor de tal imagen, porque fue realizada por “la naturaleza”. Como lo leen.

La organización animalista PETA dio un paso más: demandó al fotógrafo en 2015 en nombre del mono, que es, según PETA, el autor de la foto. PETA está dispuesta a aceptar los ingresos que se generen con esa imagen en nombre de los macacos indonesios y los usará para el bienestar animal. En la actualidad es el Tribunal de Distrito de San Francisco el que se ocupa del caso. El proceso podría llegar a la Corte Suprema de los Estados Unidos. Pero Slater probablemente sólo podrá participar a través de video streaming: años de procesos le han costado mucho dinero, ya no puede permitirse volar a través de los EEUU. El fotógrafo, de 52 años de edad, está considerando incluso  acabar con su carrera como fotógrafo de la naturaleza por razones financieras.

El caso de Slater es paradigmático en este Zeitgeist que nos toca vivir, en el que los animales son fundamentalmente representados como seres oprimidos y explotados por los humanos. Los defensores de los “derechos” de los animales (así como algunos científicos con notoria falta de distancia respecto al objeto de su investigación) pretenden  borrar de la conciencia pública la distinción entre los seres humanos y los animales. En lo que yo llamo el proceso de “disneyzación de las masas” hay quien incluso pone en el mismo escalón de valor a un mono y un humano con deficiencias mentales. El gorila, que hasta hace poco solo deseaba acabar -mediante la violencia- con el “reinado” de su padre, o su hermano y hacerse con el poder sobre las hembras de aquellos, hoy aparece en anuncios de televisión “pensativo”, “acordándose” de cómo su “querido” padre y su “amado” hermano murieron a manos de salvajes humanos.

Muchas personas hoy en día están más que dispuestas a creer en el mito de la supuesta similaridad entre nosotros y los animales. El hecho de que los tribunales se ocupen de la cuestión de si un animal puede ser el autor de una foto y dueño de los “derechos de autor” ilustra la absoluta desorientación de nuestra sociedad a la hora de comprender las características que nos convierten en una especie animal diferente.

Lo siento, pero no, los animales no son personas. Los animales viven principalmente en el aquí y ahora y actúan principalmente guiados por sus instintos. Los humanos, sin embargo, son racionales, capaces de pensamiento conceptual. Gracias al lenguaje, los individuos humanos pueden desarrollar y confiar en el conocimiento colectivo acumulado por la humanidad a lo largo de su historia. Esto permite el desarrollo de capacidades fundamentales de las que carecen los animales:  escribir leyes, desarrollar ideologías políticas,  la cirugía clínica o vivir en una estación espacial. O planear un viaje a Indonesia, seleccionar los lugares apropiados y la escenografía adecuada de forma que los monos se sientan tentados a presionar el disparador automático de una cámara… porque no piensan.

El caso PETA contra Slater ilustra magníficamente el problema más importante en la demanda de “derechos para los animales”. Los animales no son sujetos racionales. No pueden respetar los derechos de los demás, ni pueden luchar legal- o políticamente por esos “derechos”.  No pueden llevar demandas a los tribunales. Y que no le vengan los animalistas con la cantamañanada de que “los humanos incapacitados tampoco” … éstos son una excepción, pero la incapacidad de autorrepresentarse, fuera de la especie humana, es la regla. Ningún animal (ya no les hablo de otros seres vivos “indefensos” como las lechugas, claro) tiene esa capacidad, simplemente porque ignoran lo que es un derecho. Y les importa un bledo, por cierto.

No es el macaco de la selva de Indonesia quien ha litigado en contra del desafortunado fotógrafo británico – como podría hacerlo?-, son sus autoasignados “abogados” humanos de PETA quienes lo hacen. En última instancia, el debate sobre los derechos de los animales no es acerca de los animales, se trata de una lucha entre humanos con el fin de conseguir más influencia para ciertas personas. Personas que no tienen ningún problema en recaudar, mediante demandas absurdas, dinero para su propio club. La ruina financiera del fotógrafo es apenas un daño colateral en esa lucha por el poder.