Home Liberalismo En defensa del modelo social liberal

En defensa del modelo social liberal

escrito por Luis I. Gómez 24 julio, 2017
Shares

Es completamente natural, que las personas quieran defender sus convicciones y quieran organizar el mundo según les dicta su ideología. La cuestión moral que subyace no se refiere tanto a la legitimidad del hecho en sí, sino a cómo se alcanzan esas metas. Cómo deben ser llevadas a la práctica las ideas políticas, las concepciones religiosas, los modelos sociales y económicos? Cómo, con qué medios, podemos avanzar en la consecución de objetivos de interés general?

Encuentro, fundamentalmente, dos procedimientos. El primero consiste en publicitar las propias ideas e intentar convencer con argumentos a otros para que adopten voluntariamente el proyecto presentado. Sería la manera liberal. La alternativa se basa en la aplicación de “la imposición”. Para ello disponemos de dos caminos. La variante dura hace uso de una dictadura  que sólo acepta una concepción socioeconómica de la vida, variante que fue la elegida por los desaparecidos países del bloque del este, aún mantenida por otros como Cuba o Corea del Norte y deseada por otros como Maduro en Venezuela. La variante más fina utiliza también el aparato represivo del Estado, esforzándose no obstante en revestir sus imposiciones de legitimidad democrática (el famoso “lo hemos aprobado con la mayoría del Congreso”, vaya). Es la manera socialdemócrata actual, la que nos ha tocado vivir a la mayoría de nosotros.

Tenemos aquí, pues, dos opciones: el mercado libre o la política de mayorías:
En la “política de mayorías”, cada ciudadano dispone de la oportunidad de, cada 4 ó 5 años, otorgar su voto a éste o aquél partido, concediéndole por el mismo acto un cheque en blanco con el que el partido ganador podrá hacer y deshacer durante un período legislativo. Los votos de los partidos perdedores se pierden para siempre en el limbo de la “minoría”. Tras las elecciones, todos los medios de represión estatales están a disposición de la oligarquía partitocrática del partido victorioso para imponer sus decisiones.

En el mercado libre, por el contrario, cada billete de cinco Euros es una papeleta de voto. Voto que se puede conceder en cualquier momento. Los votos de las minorías no se pierden. Contrariamente a la política, en el mercado libre todos encuentran respuesta a sus necesidades, por muy minoritarias que estas sean. La libre competencia es un instrumento muy eficaz de “desentronización”. Si el producto no gusta o no es necesario no hay “voto” y desaparece. El mercado libre garantiza la diversidad; la política de mayorías impone la uniformidad. En el mercado libre son los consumidores, sin la exclusión de minorías, quienes determinan que productos (económicos, sociales, …) sobreviven; en la política reina únicamente un pequeño grupo de políticos profesionales sobre la voluntad de todos.

Me podrán objetar  que en el mercado libre, el poder adquisitivo y en consecuencia el peso de los “votos” se distribuye desigualmente, mientras que en la política de mayorías cada voto de un elector tiene el mismo peso. Ello no es un argumento en contra, sino a favor del mercado libre, ya que en él los votos no se asignan, sino que se ganan. El valor de la renta personal es una expresión de la propia productividad y del aprecio de los socios que ejercen su derecho al intercambio voluntario. En el mercado libre los “votos” (los billetes de cinco euros) son fruto del trabajo y no regalo de la “autoridad”.

Además, en una sociedad liberal basada en el libre mercado cualquier tipo de utopía es realizable, por irrealizables o inusuales que parezcan y siempre que la participación en estas utopías se base en el voluntariado.

Consideremos algunos ejemplos:

– La comunidad religiosa Amish en los EE.UU renuncia a las tecnologías modernas y prefiere vivir según el estado técnico de la primera mitad del Siglo XIX. Sin duda, los Amish están en su pleno derecho de vivir sin electricidad, coche y medicamentos modernos. Los liberales defienden la libertad de cada ciudadano particular de elegir el estilo de vida que corresponde a su concepción del mundo. El liberalismo se opone no obstante con determinación a toda tentativa de imponer la propia concepción del mundo a los demás. La semejanza de los Amish con los ecologistas es evidente. Ambos grupos son enemigos de las nuevas tecnologías y proponen una vuelta a los métodos tradicionales de explotación de la tierra. Pero, a diferencia de los Amish, los ecologistas intentan, por medio del uso de la política, convertir sus ideas en obligatorias para todos. Esta forma de “manipular” la política de mayorías les convierte en enemigos de la libertad.

– También válido para el sector “progresista” del espectro político: en una sociedad libre todo el mundo puede vivir según su opinión y unirse con personas que comparten las mismas ideas. Han habido muchas tentativas comunales y voluntarias de vivir y trabajar según los conceptos socialistas o comunistas. Un ejemplo de ello fué la fracasada comuna comunista (valga la redundancia) New Harmony fundada en 1824 en los EE.UU, inspirada y financiada por Robert Owen (1771-1858), el copropietario de una de las mayores empresas industriales de Inglaterra. Owen creó otras comunas en Gran Bretaña y México que, no obstante, fracasaron al poco de su fundación. La experiencia más lóngeva de este tipo son los Kibbuzim en Israel, en los que reina un estricto colectivismo. El trabajo asignado debe realizarse en el Kibutz, sin sueldo, a cambio de la garantía de subsistencia para las familias. Incluso los bebés viven en algunos Kibbuzim separados de sus padres, para que la influencia del colectivismo sobre la educación de los niños siga siendo íntegra. A pesar del gran compromiso de sus miembros y de masivas ayudas financieras, los Kibbuzim están en plena decadencia. Su aportación a la economía israelí disminuye desde hace tiempo de manera constante. Sobre todo las jóvenes generaciones han abandonado este modelo.

En una sociedad liberal, todo tipo de experiencia social o política es posible. El liberalismo apuesta por la libre competencia entre ideas y modelos políticos y sociales. Debo añadir: el mercado libre fija estrechos límites a quienes usurpan o distorsionan o abusan del poder, porque en él solamente son posibles transacciones voluntarias . Por lo tanto, todo aquel que  intente imponer sus ideas sociales, religiosas, nacionalistas y ecológicas es enemigo de la libertad.

Desconfíe SIEMPRE de aquellos cuyo objetivo final sea el control del Estado, ya que con sus medios de represión y legislación puede someter a todos y forzar a optar por sus ideas. Liberales y no-liberales convivimos en una relación asimétrica: mientras que el no-liberal podría vivir según sus ideas en una sociedad liberal, el liberal no puede sentirse nunca libre en una sociedad de diseño colectivista.

 

Shares