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Confianza, responsabilidad y corrección política

escrito por Luis I. Gómez 13 abril, 2017

Aumenta la presión. Los “safe spaces” nacen como setas primaverales, la autocensura es casi un asunto de “etiqueta” y la denuncia de todo lo que huela a “esas ideas no son las mías” se extiende como la pólvora en todos los rincones de internet. Los gobiernos se apresuran a desarrollar nuevas “leyes contra el lenguaje ofensivo e incitante al odio”, a fijar el marco legal necesario para asegurar que todos atendemos debidamente a los principios de la corrección política. Lo importante es no “mear fuera del tiesto”. Es un gravísimo error.

Experimentando con el lenguaje y las ideas es como niños y adultos aprenden, mediante la crítica sosegada y la validación o refutación de expresiones o ideas. El proceso de aprendizaje, de maduración personal e intelectual, se basa en el ensayo y el error. Pare ello es necesario que todos depositemos nuestra confianza en que los humanos aprendemos, en que somos capaces de madurar y crecer desde la exposición de ideas, pero también desde la crítica a las mismas. Para ello se necesita un espacio de libertad indispensable. Limitar este significa limitar la capacidad de roce, las oportunidades de recibir “feedback” de nuestro entorno social, la capacidad de aprendizaje.

El autoritarismo políticamente correcto de nuestros días se basa en una imagen errónea del ser humano. Nos considera a todos como seres altamente vulnerables, necesitados de contínua protección, al tiempo que nos considera labiles en nuestro criterio, presa fácil de cualquier manipulación y peligrosos, por lo que necesitamos de constante e implacable tutorado. Control. Se necesita control. Cada espacio no regulado y sin control se considera como punto de partida de posibles agresiones personales o tentaciones sociales perjudiciales. Envueltos en este paradigma la misma exigencia de libertad es sospechosa: quien reclama una  “desenfrenada” libertad de expresión, sólo puede tener en mente la intención de causar algún daño.

Esta desconfianza agresiva tanto frente a la capacidad de desarrollo (de madurar), como frente a la solidez de las personas, representa el verdadero, por desgracia no reconocido núcleo autoritario de la cultura de la corrección política.

Creo, sin embargo, que esta imagen actual del hombre, dominante aunque errónea, es muy frágil: ha elegido como “enemigo” la sana autoestima humana. Cuanto mayor sea la presión legal ejercida para limitar los procesos naturales de maduración personal mayor será el número de aquellos que se sientan agredidos en su propia capacidad de discernimiento, pensamiento, creatividad y aprendizaje. El único antídoto frente a la dictadura de la corrección política, en mi opinión, es el desarrollo de puntos de vista propios y defender éstos de manera contundente, no permitiendo que nadie nos tape la boca o borre el mensaje. No hay arma más efectiva contra la cultura de lo políticamente correcto que el cuidado escrupuloso  de la propia, radiante y contagiosa cultura de la confianza en la capacidad de todos de aprender.

Y si nos equivocamos, por favor, déjennos pagar por ello, asumir la responsabilidad de nuestros errores. Evitarlos de manera preventiva mediante leyes innecesarias sólo nos impedirá crecer.