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El libre mercado siempre es mejor que el proteccionismo

escrito por Luis I. Gómez 3 abril, 2017

Está de moda: la globalización y la libertad de comercio a nivel mundial puestas en entredicho desde todos los populismos que nos agobian. Es lamentable ver cómo cada vez más líderes políticos se suben al carro de las consignas intervencionistas y proteccionistas de Donald Trump, poniendo en serio peligro la prosperidad que veníamos experimentando TODOS en las últimas décadas.

¿Realmente creen que el proteccionismo ayudará a hacer frente a los problemas económicos y sociales más urgentes? Los problemas mencionados por Trump para justificar su plan proteccionista, es decir, el déficit comercial bilateral y la pérdida de empleos en las industrias tradicionales americanas, tienen en realidad poco o nada que ver con el comercio exterior. Toda consideración económica y político-económica  seria nos lleva a la conclusión de que el libre comercio y los mercados abiertos son la mejor política comercial posible para un país. Sin entrar en academicismos – no soy economista – y abierto a cualquier crítica – me encanta aprender – les dejo un ramillete de razones:

1) El comercio exterior es sólo la expansión de la división del trabajo que tan buenos resultados da en casa. A nadie le sorprende que los productos procedentes de Madrid no sufran ningún tipo de limitación para su venta en Gijón. A nadie se le escapa que obtenemos un gran beneficio de los procesos de especialización en consonancia con las diferentes habilidades y recursos, independientemente de dónde estén estos localizados y en aplicación del teorema de la ventaja comparativa.

2) La libertad de contrato. en otras palabras: con qué derecho se permite el estado decidir que los ciudadanos no podemos establecer contratos con socios más allá de las fronteras de ese estado? Es peor: con qué derecho se permite el estado limitar el contenido de esos contratos? El comercio exterior sin barreras refuerza no sólo este derecho a la libre contratación de servicios y productos o la mismísima libertad del individuo, también refuerza a la sociedad en su conjunto. La apertura de los mercados nacionales aumenta de manera considerable el número de posibles socios comerciales, así como las posibles actividades económicas . Este aumento en la variedad de potenciales socios comerciales reduce además la dependencia de determinados proveedores monopolísticos de servicios y aumenta – al contrario de lo que indican los detractores del libre mercado – la independencia nacional.

3) Eficiencia estática. La división del trabajo mejorada que nace de la globalización permite, al contrario que la autarquía, la especialización según la ventaja comparativa, lo que mejora la asignación de recursos.

4) Eficiencia dinámica. Intensa competencia global aumenta la presión sobre las industrias que compiten con importaciones para aumentar su productividad. Además, las importaciones facilitan la transferencia de tecnología.

A pesar de que estos efectos positivos no aplican directa- o inmediatamente  a todos los ciudadanos de un país, en el medio plazo, las posibilidades de que todos los ciudadanos prosperen en un régimen de libre comercio o en un régimen de mercados abiertos son más altas que en una economía cerrada. Solo quien cree que el comercio internacional es un juego de suma cero (idea esta lamentablemente cada vez más extendida) podrá negar las ventajas para TODOS de un comercio sin barreras.

La idea de que el proteccionismo puede proteger la economía local frente a la explotación por parte de los demás es gravemente errónea. Errónea porque el comercio exterior, como les decía al principio, no es más que la extensión NATURAL de la división del trabajo interpersonal a los socios comerciales de otras naciones. Las diferencias en los sistemas legales de los países involucrados ya son de por si barreras a derribar. Piense que a nadie se le ocurriría considerar la división doméstica del trabajo como un fenómeno de explotación y proponer la autosuficiencia individual como meta para todos los ciudadanos. Bueno, sí hay quien lo cree, desgraciadamente. Y los regímenes y sociedades basadas en tales principios terminan derrumbados por la propia miseria de sus ciudadanos: hambre, necesidad, violencia. Por otro lado, vemos como los proteccionistas establecen barreras comerciales para sectores muy particulares, declarados “en alto riesgo” o “de interés nacional”. Se trata, pues, del manejo premeditado de algunos intereses particulares, no de “la nación”.