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Las desventajas de ir en autobús

escrito por Miguel A.Velarde 3 marzo, 2017

MarquesinaSiempre me han sorprendido las personas que afirman tener absolutamente claras y firmes sus ideas acerca de temas relacionados con convicciones morales y opciones vitales. Ello es porque a pesar de que evidentemente tengo mis propias opiniones e ideas, no puedo evitar algunas dudas (mayores o menores) al respecto. Quizás debido a que echando la vista atrás, a lo largo de mi vida, aunque mis convicciones iban variando, siempre estaba seguro de tener razón. Es posible que un signo de la edad sea percatarse de ese fenómeno.

Sin duda mi postura política liberal proviene de lo que he descrito. De que a lo largo de mi vida siempre hubiera estado seguro de tener razón ante los conflictos morales. Eso me hace agradecer el hecho de no haber tenido nunca la fuerza (ni la intención) de obligar a otros a aceptar mis convicciones, y por supuesto, que no me agrade la idea de que alguien pueda imponerme las suyas a mi o a quienes me importan.

A lo largo de la Historia, esas cuestiones relativas a elecciones vitales siempre han sido objeto de imposición por parte de quien tenía poder para hacerlo. E incluso cuando no se han podido imponer por la fuerza, se ha intentado por otros medios. Siempre, sin excepción, por una buena causa. Y cuando los vientos políticos y sociales cambiaban, las antiguas víctimas se convertían en los nuevos opresores, imponiendo su moral desde la recién adquirida posición de fuerza. Se suponía que los Derechos Humanos y su asunción por parte de los Estados se idearon para evitar estas situaciones, pero el mundo no es perfecto, y a parte de las situaciones políticas reales de cada lugar, los derechos reconocidos en los diversos tratados sobre derechos humanos fueron rápidamente desactivados por la vía de ahogarlos y disolverlos bajo otros supuestos derechos colectivos, a los que también se les dio la misma denominación.

Es evidente que el motivo de este artículo es el autobús que una organización de inspiración conservadora ha hecho circular por Madrid. Sobre el fondo del asunto, es decir, sobre la colisión de visiones acerca de las identidades sexuales y de género de cada uno, no tengo nada que decir. Siempre he tenido mi propia identidad clara, y respecto de la de los demás tengo mis propias ideas y convicciones, la principal de las cuales es que allá cada uno con su vida. No voy a entrar en si es una cuestión social o biológica, porque a los efectos prácticos no me importa. Para mi, los gustos sexuales de cada cual, o la imagen que alguien tenga de sí mismo, entran en la misma categoría que sus gustos gastronómicos, su color de pelo, su equipo de fútbol o sus preferencias musicales.

 

BusateoMás delicado es lo que ocurre con los menores de edad. Como expliqué antes, a pesar de que tengo mis ideas, no puedo evitar sentir dudas. Creo saber de manera bastante aproximada qué hacer en cuanto a la educación de mi hijo, pero no tengo ningún derecho a meterme en la de los hijos de los demás. Y de igual forma, nadie tiene derecho a meterse en la del mio. Y cuando digo nadie, también me refiero a quien se viste con la toga senatorial y pontifica desde un boletín oficial, o quienes parasitan a su alrededor, tratando de usar del poder del Estado para sus fines personales (imponer su visión del mundo no es otra cosa). La formación moral de un menor es responsabilidad de sus padres y de nadie más. A mi pueden no gustarme las ideas que mi vecino trata de inculcar a sus hijos, pero no tengo legitimidad moral para negárselo. Y el Estado (que no es un ente divino, sino el conjunto de unas personas con poder y otras que aplican sus órdenes) tampoco.

Ahora bien, estamos en una sociedad que ha asumido que la camarilla de quien tiene en cada momento el poder, pueda inculcar sus convicciones morales sobre elecciones vitales a nuestros hijos. Como dije, eso lleva a que cada vez que cambia el grupo dominante, esos valores obligatorios cambien, y los que antes imponían, pasen a ser llorosas víctimas, mientras que las anteriores víctimas se convierten en los nuevos inquisidores, que se autojustifican en ofensas pasadas. Y la herramienta que viejos y nuevos tiranos usan es no ya limitar el debate (algo que realmente ninguno de los dos quiere), sino impedir que las ideas contrarias a su visión del mundo puedan siquiera ser expresadas. Dado que quien manda decide qué se inculca a los menores, lo quieran o no los padres, además hay que impedir que cualquier idea contraria llegue a sus mentes, ni siquiera por casualidad.

Sobre el tema, ya se me ha adelantado Luis I. Gómez en un (como siempre) magnífico artículo, pero me voy a aventurar a soltar alguna otra idea sobre lo que de verdad trata todo esto, es decir, de la libertad de expresión.

¿Se debe impedir que alguien publicite su convicción moral, sólo porque sea contraria a la actualmente asumida desde el poder? Supongo que llegados a este punto, es evidente que mi respuesta es no. Y lo es por una mera aplicación del principio elemental de in dubio pro libertate (en caso de duda, a favor de la libertad), incluyendo un aspecto de esa libertad, que es la de expresión. Pero es que además, ninguno de los argumentos que he escuchado hasta ahora justifica un acto de censura que finalmente se ha producido.

 

BuscatolicoEl principal razonamiento esgrimido para defender esta censura es que el autobús de marras ofende a un determinado colectivo. Sobre el tema de las injurias y su colisión con la libertad de expresión ya hablé hace algún tiempo. El principal problema es que entender que todas las personas que comparten una determinada cualidad deben tener los mismos sentimientos, es una reducción tan burda que sí que es un insulto a esas personas. ¿Todos los transexuales deben pensar o sentir igual? ¿Y cuál es la forma correcta de sentirse? ¿La que digan unas personas que se dicen sus representantes? ¿Y si no? ¿Serían malos transexuales? Es una concepción tan totalitaria del mundo y de la sociedad como la que dicen combatir.

No dudo que haya quien a título individual pueda sentirse ofendido, porque el sentimiento es libre. Pero estamos ante la expresión de una idea genérica sobre una concepción moral, y no ante un ataque personal a una persona concreta o concretable, y como tal, debiera ser rebatida, no prohibida. Porque estamos ante un fenómeno muy típico de esta época, que no es sino la adaptación a los nuevos tiempos de los modos de la más tópica moral victoriana. La hipersensibilización moral de algunas personas, que consigue impedir que cualquier idea divergente se discuta por ser considerada ofensiva.

Que las leyes penales, desde tiempos del Derecho Romano, protejan a las personas de las ofensas, no significa que deban blindarlas ante cada idea o situación que pueda resultarles moral, anímica o intelectualmente incómoda. Dicho de otro modo, que alguien tenga una concepción vital opuesta y la exprese, no constituye una agresión. La agresión consiste en tratar de imponer esa visión moral, o en impedir expresarla.

 

BustrumpEl segundo argumento que he escuchado es que el mensaje del autobús fomenta el odio. No es realmente un argumento de fondo sino meramente instrumental. Es evidente que se ha tratado de justificar para así poder invocar el artículo 510 del Código Penal, y de esta forma tener una justificación para que actúe el poder, tanto el más que discutible ejecutivo como el judicial, y justificar la solicitud de medidas cautelares.

Con este artículo estamos ante el ejemplo perfecto de cómo con buena intención se puede perpetrar una pésima norma, que permite atentar contra derechos fundamentales. Pero aparte de las consideraciones sobre técnica jurídica, interpretar que un texto tan simple fomenta el odio, es entrar en elucubraciones propias de los tribunales de la inquisición (y los de las películas, ni siquiera de los que existieron realmente).

¿Es posible que quienes pusieron ahí el autobús o redactaron el mensaje estuvieran llenos de odio? Es posible. Ni idea, porque no los conozco. ¿Es posible que su intención fuera promover el odio hacia alguien? De nuevo, no tengo ni idea. Entramos en el terreno de la mera especulación acerca de intenciones de personas concretas. ¿Fomentan el odio las opiniones (o incluso las noticias) contra el famoso autobús?

Y lo que es más importante, ¿no estaremos confundiendo (me temo que torticeramente) la incomodidad derivada de que existan opiniones diferentes, la falta de unanimidad en cuanto a valores, con el odio? El mundo sería sin duda un lugar muy tranquilo y pacífico si todos pensásemos exactamente lo mismo. Si no existiese conflicto entre pareceres, opiniones, sentimientos ni valores. Es el sueño de todo totalitario.

Lo cierto es que desde un punto de vista jurídico, tal fomento del odio no puede limitarse a una mera opinión o a un sentimiento subjetivo. Debe significar cuando menos un paso previo a la inducción al delito, es decir, al menos una provocación. De lo contrario se estarían penalizando meras ideas o sentimientos, lo que nos colocaría fuera no sólo de la Constitución, sino de los principios básicos de nuestra civilización.

Porque nos guste o no, el odio es libre. El odio no es un delito sino un sentimiento tan legítimo como el hambre, la alegría o el vértigo. Hacer público ese odio entra dentro de la libertad de expresión, y sólo cuando dicha publicidad consistiera en impeler a alguien a cometer un delito, estaría legitimada para actuar la administración de justicia.

 

BusprostibuloSe dice también que el autobús atenta contra la identidad sexual de algunas personas. De nuevo, se trata de un argumento que reduce a esas personas a meros integrantes anónimos y homogéneos de un colectivo. La identidad de cada cual depende principalmente de la visión que cada uno tenga de sí mismo. Esa identidad es libre, como lo es la visión que de esa persona puedan tener los demás. Tratar de imponer a alguien una visión sobre sí mismo es no sólo una agresión, sino seguramente un trabajo inútil. Tanto como intentar imponer a los demás una determinada visión sobre uno mismo, e igual de ilegítimo.

Por último, se argumenta que la opinión que expresa el autobús es falsa. Esta es una afirmación bastante problemática, teniendo en cuenta que estamos ante cuestiones morales. Es evidente que quien tiene convicciones opuestas, pensarán que las otras están equivocadas, pero eso no justifica la censura de ninguna de esas creencias.

He llegado incluso a ver discusiones acerca de trabajos científicos sobre el asunto. En un tema tan íntimamente intrincado con la moral y la política (me temo que actualmente es el factor de mayor peso), es muy complicado elaborar estudios serios, especialmente si los resultados difieren de la corriente políticamente correcta, y aún así, los hay para todos los gustos. Y es que lo que está en juego en el fondo no es una cuestión biológica sino de actitud política, social y personal ante un determinado fenómeno, y ahí las ciencias naturales tienen poco que decir. Porque en realidad, independientemente que la transexualidad, la homosexualidad, la heterosexualidad o cualquier situación relacionada sea un producto de la biología o de la cultura, lo cierto que que la relevancia práctica de ese conocimiento es nula, a los efectos morales. Tanto si una elección vital es debida a un impulso biológico, a uno social, a una mezcla de ambos, o a una libre elección personal, la conclusión debe de ser la misma: allá cada cual con su vida.

A menos que lo que se pretenda es que esa situación concreta y tan arbitraria como cualquier otra, sirva como excusa para que el poder aplique un trato diferente al del resto de ciudadanos, para mejor o para peor, que es la intención final que ambas partes esconden en realidad. Pero ese es otro asunto que merece un comentario aparte.

Volviendo al tema que nos ocupa, aún si no hubiera duda alguna desde el punto de vista científico de lo erróneo de los postulados de alguien, su derecho a la libertad de expresión seguiría intacto. Porque éste incluye la libertad de expresar opiniones erróneas e incluso falsas. ¿Vamos a prohibir que alguien diga públicamente que los extraterrestres construyeron las pirámides de Egipto? ¿O que la Tierra es plana? ¿O que imprimir dinero a mansalva no genera ninguna consecuencia negativa?

Si alguien opina que lo que dice el autobús de marras es falso o erróneo, puede usar de su propia libertad de expresión para explicar por qué, y exponer sus razones. Aunque me temo que viviendo como estamos en el mundo de los eslóganes, nadie tiene demasiada práctica en esto de argumentar. De ahí, quizás, el ansia por prohibir.

 

BusperrosEn resumen, la cuestión que nos ocupa no es el choque en si de concepciones morales o de opciones vitales. Sino que en este momento concreto, una de las partes cuenta con la simpatía del poder, y por lo tanto puede imponer una censura sobre las opiniones de la otra. Si admitimos que un bando pueda publicitar su postura, no hay justificación posible para impedir al otro hacer lo mismo. No se puede defender la libertad sólo cuando conviene los propios intereses, y abolirla cuando ya no interese. Luego, cuando los vientos cambien y la censura se ejerza desde el otro lado, vendrán las lamentaciones.