Home Liberalismo De la superioridad moral de la izquierda. Una de buenos y malos

De la superioridad moral de la izquierda. Una de buenos y malos

escrito por Luis I. Gómez 21 febrero, 2017

Si todos fuésemos buenos, no serían necesarios ni gobiernos ni leyes. Y si todos fuésemos malos, no cabría esperar que un gobierno o unas leyes nacidas de esa sociedad fuesen buenos en lo más mínimo. Basta con darse una vuelta por cualquier sitio habitado por humanos en este planeta para darse cuenta de que son infinitos los tonos de gris en los que podemos calificar moralmente a cualquiera de nosotros. Los hay mejores y peores, en casi todo buenos o en casi todo malos, fundamentalmente generosos o fundamentalmente avariciosos, violentos y pacíficos. Y es por ello que hay leyes, que tenemos mormas. Así facilitamos la convivencia pacífica… o lo intentamos al menos.

Dentro del grupo (enorme, por cierto) de los que se creen siempre mejores existe un subgrupo (la mitad, diría yo) que piensa que es infinitamente más bueno que cualquiera de los mejores, hasta el punto de que terminan convencidos que éstos, aunque mejores, no dejan de ser malos. Son los que se ven como defensores legítimos y únicos de todas la minorías, todos los discriminados, todos los desfavorecidos, todas las víctimas de la sociedad. Les hablo de la siempre moralmente superior izquierda de progreso, especialmente la occidental, arropada por la creciente cultura del victimismo a la que nos encontramos arrojados. Esta convicción de la izquierda de progreso es la que les lleva a degradar a todo aquél y todo aquello que no participa de su particular cosmovisión de las cosas a la condición de simplemente “malo”.

Es la misma convicción que les autoabsuelve de todo pecado. Si todo lo que hacen lo hacen por el bien de todos, ya no necesitan justificar en cada actuación por qué hacen esto o lo otro; todo persigue un propósito más elevado. Todos los medios son válidos para alcanzar semjante fin. La extorsión, el linchamiento, el escrache, la persecución, el mobbing, la mentira al servicio del bien común. Los que lo reconocemos callamos o lo susurramos en los corrillos de nuestros allegados ideológicos, no sea que luego “la gente” nos señale con el dedo cada vez que salimos a comprar un helado. Y es así que hoy la moralmente superior izquierda domina las universidades, el arte, la cultura y el sector de los medios de comunicación.

No, ellos no son mejores. Pero han sabido autoapropiarse de esa etiqueta y los demás no hemos hecho nada por impedirlo.