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¿Es la envidia la base del anticapitalismo? No parece

escrito por Luis I. Gómez 13 febrero, 2017
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Releyendo algunos de mis artículos pasados sobre el movimiento anticapitalista o sobre el colectivismo en general, encuentro una especie de reincidencia en la idea de que la mentalidad anticapitalista nace de la envidia. Sin duda tiene ello mucho que ver con la obra de Ludwig von Mises “The Anti-Capitalism mentality”, publicada en 1956 y que cayó en mis manos allá por los finales del siglo XX. Este libro echa mano del vicio de la envidia para explicar el anticapitalismo: quienes son perdedores en el intercambio voluntario, o al menos no logran todo lo que quieren por sus propios medios, hacen responsable al mercado de su falta de éxito.

Dado que la lectura de Mises no me impidió seguir leyendo (antes al contrario) y que la vida y otras fuentes siguen obligándome a revisar de vez en cuando con profundidad mis “creencias” comparto con ustedes algunas nuevas consideraciones que ponen de manifiesto que la envidia no es en absoluto la explicación última y definitiva de la mentalidad anticapitalista. Incluso puede que no tenga nada que ver.

Cierto, los perdedores quizás pueden crear un cierto clima social, cuando forman una masa suficientemente grande, pero no son, por definición, los que determinan la dirección del desarrollo social y político. En otras palabras: si los perdedores ejerciesen influencia en el desarrollo social se convertirían en ganadores. La pregunta entonces es: ¿Por qué los ganadores, aunque fueran antiguos perdedores, iban a mantener la mentalidad anticapitalista? Además, también sabemos que a la vanguardia de la lucha contra el capitalismo no encontramos únicamente, ni siquiera principalmente a los ex-perdedores; en esa vanguardia encontramos mayoritariamenteganadores, poderosos, incluyendo especialmente a los ganadores del capitalismo, empresarios de mucho éxito. Si limitamos el análisis de la mentalidad anticapitalista al análisis del perdedor, estamos obviando al grupo más importante de anticapitalistas, el grupo que va a aplicar en la práctica medidas políticas y económicas.

La tesis de la mentalidad anticapitalista basada únicamente en la envidia de los perdedores flaquea también desde otra perspectiva. Se presupone que el capitalismo produce esencialmente perdedores hasta alcanzar éstos una masa crítica que termina haciéndose con el poder ya sea mediante revoluciones o por medio de elecciones democráticas. PSin embargo, no necesitamos fijarnos sólo en la obra de Ludwig von Mises para entender que el capitalismo ha traído riqueza sin precedentes, especialmente para los antiguos pobres (perdedores) mediante una resdistribución expontánea de la riqueza históricamente inigualable Incluso Karl Marx era consciente de ello.

¿De dónde viene el anticapìtalismo, entonces?

Por medio del poder del estado diferentes grupos de interés pueden acceder – y recibir- a beneficios especiales. El término “beneficios especiales” sólo tiene sentido cuando se trata de beneficios que no se pueden alcanzar a través de la interacción voluntaria. Son beneficios frente al mercado libre, frente al capitalismo.
Corporativismo
Para mantener altos los ingresos procedentes desde las ventajas que generan esos beneficios especiales al tiempo que se reduce la resistencia popular contra las ventajas especiales y sus beneficiarios, es racional que el grupo de quienes reciben las ventajas especiales sea lo más pequeño posible, mientras que el grupo de quienes costean los beneficios especiales sea lo más grande posible. Exlicado (simplificado) desde las ideas de Robert Nozick: dividimos la población a grandes rasgos en clase alta, media y baja y asumimos que cada clase acude a unas elecciones defendiendo sus intereses económicos. Con el fin de ganar la mayoría, dos clases tienen que votar muy similar. Fíjense que la clase alta siempre podrá hacer una mejor oferta económica (mejores y mayores y más provechosos beneficios especiales) a la clase media. Por tanto, es probable que la clase media obtenga siempre más provecho de las medidas del gobierno, lo que explica el comportamiento sumiso de sus representantes políticos. De las filas de los ricos, incluso y sobre todo de las de los empresarios de éxito, lo único que se espera es continuísmo, que no cambie nada.

Ahora bien, al tiempo que el grupo de quienes quieren asegurarse por medio del poder estatal los beneficios especiales debe ser pequeño para maximizar las prestaciones generadas per cápita, surge la necesidad de construir un consenso de muy amplia base que permita una mayoría democrática capaz de mantener el status de poder estatal. Este objetivo se consigue mediante la producción de ideología: la ideología que sugiere a las masas que la actividad del gobierno les es útil y necesaria. Esta utildad debe ser ponderada económicamente para que los del grupo de verdaderos beneficiarios no experimentes pérdidas notables en sus prestaciones. Y la mejor promesa que puede hacer el político sin que suponga un coste material es la de una idea, un ideal: la actividad del poder del Estado nos protege a todos frente a los efectos negativos del capitalismo.

Finalizando mi análisis, la mentalidad anticapitalista no es una consecuencia de debilidades del carácter como la envidia o de la incapacidad para darse cuenta de la fuerza positiva del capitalismo,sino el resultado ideológico de la aplicación de políticas en defensa de intereses económicos, violentando las premisas del libre mercado. Cuanto más entrometido está el poder del Estado en la economía y en la vida diaria de la gente, mayor es el número de personas que deben confiar en las instituciones del Estado para asegurar el funcionamiento de su existencia económica y social. Para los beneficiarios de los privilegios estatales declararse anticapitalistas le “deja bien” socialmente, les genera beneficios económicos y consolida la magia negra entorno a la que gira el estatismo … anticapitalista.

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