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Trump el histriónico y las gallinas histéricas

escrito por Luis I. Gómez 1 febrero, 2017

El lamentablemente famoso decreto antiinmigración de Donald Trump revela algunas ideas muy importantes en el pensamiento de Trump y sus frenéticos partidarios del llamado movimiento Alt-Right. Al igual que en el caso de sus enemigos naturales, los políticamente correctos Guerreros de la Justicia Social, pone de manifiesto la cobardía, debilidad y amor por la censura que les son naturales. Básicamente, el decretazo de Trump es un intento de transformar a los Estados Unidos  en un “espacio seguro”, algo así como lo que conocemos, bajo un disfraz diferente, de muchas universidades norteamericanas (safe space). Se trata de la estatalización del sentimento del “estamos rodeados” y del miedo a las ideas consideradas peligrosas (en este caso el Islam), principios en los que se también se fundamenta la corrección política. Trump cree ser capaz de utilizar el decreto para mostrarse como el verdadero defensor de los valores estadounidenses.

ESTATUA LIBERTADEn realidad su decretazo expresa lo contrario. ¿Cuán baja debe ser su confianza en los valores estadounidenses si realmente cree que estos podrían verse existencialmente amenazados por la llegada de personas con ideas diferentes? El tradicional, primigenio enfoque de la política migratoria en USA – pensemos en la inscripción de la Estatua de la Libertad: “Dame tus abatidas, tus pobres, tus amontonadas muchedumbres que ansían respirar libremente…” – se basaba en la convicción de que los valores de la sociedad norteamericana eran buenos y fuertes. Tan fuertes y tan buenos que vale la pena realizar un esfuerzo integrador incluso en aquellos casos en los que, debido a posturas antagonistas, parecería imposible. El enfoque de Trump sin embargo revela una profunda incertidumbre acerca de estos valores liberales. La deprimente y cobarde visión de América como  víctima de innumerables amenazas existenciales plasmada en el decreto de Trump hace que sus seguidores vean un peligro en yemeníes que simplemente están buscando un trabajo, o sirios que solo aspiran a no morir mañana.

Sí, es importante enfrentarse y denunciar  este lamentable decreto. Pero permítanme que les indique cómo creo que NO debe hacerse. No debe hacerse desde el gallinero plagado de gallinas descerebradas, en histérica carrera por huir de un zorro que probablemente apenas sea el perro del hortelano.  Hasta ahora, la oposición al decreto revela por desgracia la misma irracionalidad que  pretende denunciar. Irracionalidad que sustituye a la fría crítica política – que es lo que realmente necesitamos – por otra forma de histeria en el uso de las tácticas del miedo, en concreto el miedo ahistórico a la reaparición del nazismo. Escuchamos por doquier voces alertando frente a un nuevo fascismo, la transformación de Trump en un pequeño Hitler, con el que ningún líder respetable del mundo occidental debería sentarse a la mesa. Si el decreto revela una falta de convicción moral en Trump y sus seguidores, la oposición al mismo está revelando la falta de una política basada en la razón, la confianza propia y en los principios de libertad.hitler-trumpler

El uso metafórico del Holocausto para demonizar a Trump es absurdo por partida triple. Primero, las comparaciones históricas erróneas dañan la historia en sí misma. La increíble barbarie cometida con los Judios se diluye banalizándola en la comparación. Realmente no hay nada – nada – que nos permita comparar la prohibición temporal  de inmigrar a personas procedentes de un puñado de países islámicos con el exterminio planificado por los nazis para eliminar a todo judio de la faz de la tierra. En segundo lugar, las reacciones ahistóricas excesivas son problemáticas porque implican situar las acciones de Trump completamente fuera del contexto de nuestro tiempo, el siglo XXI. Como si no hubiese pasado nada desde que hace 80 años  Alemania  se volvió loca. Las gallinas histéricas  desestiman la responsabilidad de las políticas occidentales recientes – incluyendo la administración de Obama – en la aparición del histriónico Trump. De hecho, el decreto de Trump se entiende perfectamente bien desde el espacio abierto por las políticas autoritarias del miedo y carentes de principios del siglo XXI- por ejemplo, la prohibición temporal de Obama sobre la inmigración iraquí en los Estados Unidos a partir de 2011, o en la política actual de la UE, quien paga a dictadores africanos para que mantengan su población a distancia y disminuir la amenaza de una inmigración masiva (sin mucho éxito, por cierto).

Y el tercer absurdo es que la oposición a Trump obtiene su impulso también en la política del miedo tan popular en la actualidad. La canibalización de horrores pasados al tratar de representar a Trump como una anomalía en el siglo XXI, se utiliza principalmente para permitir que los manifestantes se muestren apasionados y decididos (incluso agresivos). Y es aquí donde se revela su debilidad política. Carecen de una retórica seria con la que competir con Trump más allá del “fuck you”. Evocando los horrores del pasado evitan  una discusión racional sobre lo que realmente importa en este presente. Se limitan a estilizar a Trump como un villano, sin ofrecer una idea de cómo sería una alternativa de libertad en la práctica. Eso es lo terrible de los acontecimientos de los últimos días: Trump nos muestra sus rasgos autoritarios y la izquierda no es capaz de ofrecer resistencia contra su autoritarismo  de una manera racional, positiva y veraz. Tanto la puesta en escena de Trump -el hombre fuerte- como  la reacción histérica de sus opositores son herencia de la política del miedo a que estamos sometidos hace años ya. Entre estos dos polos – el histrionismo y la histeria – hay una alternativa: la razón y los principios – la verdadera y valiente apuesta por libertad de todos.