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Colombia dice “no” a la impunidad, no a la paz

escrito por Firmas Invitadas 3 octubre, 2016

El resultado del referéndum en Colombia al acuerdo alcanzado por el Gobierno deJuan Manuel Santos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ha descolocado a numerosos políticos y periodistas de todo el mundo. No faltan quienes dicen que la población del país suramericano ha rechazado la paz. Sin embargo, eso no es cierto. Lo que han vetado los colombianos es la impunidad y que el grupo terrorista comunista logre en las negociaciones parte de los objetivos no logrados por medio de las armas durante décadas de uso de la violencia extrema.

La trampa dialéctica presentada por , en la que no han caído los votantes, consistió en decir que la única paz posible pasaba por aprobar su acuerdo con las FARC. Eso no es cierto. Ya era sabido (aunque no gustara decirlo, en un intento de inclinar el voto a favor del “sí”) que la cúpula de la guerrilla narcoterrorista estaba dispuesta a retomar las negociaciones si el resultado de la votación era negativo.

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El propio jefe de la organización criminal, ‘Timochenko’ ha dicho tras conocerse los resultados de las urnas que las FARC mantienen su “voluntad de paz“. Desconocemos si esta declaración es sincera, pero tampoco teníamos garantía alguna de sinceridad cuando firmó el acuerdo con una bala transformada en bolígrafo. Lo que cambia el resultado es que ahora Santos, o el presidente que llegara si el actual mandatario tuviera la dignidad de dimitir tras su fracaso, no podrá ceder en tantos extremos ante los terroristas como lo ha hecho hasta ahora.

Plinio Apuleyo Mendoza, uno de los mayores intelectuales colombianos vivos, recordaba recientemente a Mario Vargas Llosa lo que supondría la aplicación del acuerdo firmado por Santos y sometido a referéndum. Lo hacía en una carta abierta en la que se expresaba con una claridad meridiana. Recordada al Noble hispano-peruano, que había tomado partido por el “sí”, que el acuerdo supondría la impunidad para gravísimos crímenes cometidos por las FARC, mientras que policías, políticos y militares podrían ser juzgados y condenados por un tribunal especial sin posibilidad de apelación. Bien está que los miembros de las fuerzas de seguridad y el Ejército que hayan cometido abusos y delitos sean juzgados, pero siempre ha de hacerse con garantías y lo mismo debe pasar con los terroristas.

Apuleyo Mendoza recordaba también que las FARC no iban a renunciar al cultivo y tráfico de drogas, o que se iban a hacer con 23 escaños en el Parlamento sin pasar por las urnas. Todo ello le daría un poder desmedido, sobre todo cuando iba a mantener el control efectivo sobre gran parte del país (donde llegaría a ejercer de Policía). A todo eso hay que sumar que las otras dos organizaciones terroristas comunistas existentes en Colombia, el ELN pro-castrista y el EPL maoísta seguirían activas. Es más, tendrían un incentivo para ser más sangrientas puesto que hubieran visto que esto tenía un premio.

Entre los máximos opositores al acuerdo ahora rechazado en las urnas hay dos ex presidentes. Muchos medios han destacado la postura de Álvaro Uribe, que lanzó en fuertes ofensivas militares y policías que puso a las FARC contra las cuerdas, pero no tanto la de Andrés Pastrana. Este último, por cierto, en una entrevista que le hice en 2014 se refería a la estrategia de Uribe como de “seguridad democrática”.

La oposición de Pastrana al acuerdo era significativa. Si alguien conoce bien a las FARC es precisamente él. Fue el presidente que se sentó en la mesa de negociación, en la selva, con los dirigentes del grupo terrorista en varias ocasiones. Intentó alcanzar un acuerdo que permitiera poner fin a la violencia extrema en su país, pero fracasó en el intento. Y tras ello llegó, en sus propias palabras “el tiempo de la guerra”.

Lo curioso es que, aunque sea menos conocido, es que Uribe también negoció con terroristas. Es más, alcanzó un acuerdo de paz. En su caso fue con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), grupos paramilitares creados por la población para defenderse del terrorismo y que terminaron convirtiéndose en lo mismo de combatían pero de extrema derecha. Las AUC se desmovilizaron, es cierto. Pero eso no supuso el fin de su terrorismo. Una parte nada desdeñable de ellas se transformaron en lo que ahora se llama “bacrim” (bandas criminales), igual de criminales que antes pero sin coartada ideológica.

Con las FARC hubiera pasado lo mismo, pero con el añadido de haberse garantizado impunidad y encima lograr una influencia política que el sistema democrático no les concedería de ninguna otra manera. Seguirían controlando en buena medida la producción y distribución de la droga, un gran negocio al que no iba a renunciar de ninguna manera.

Llega ahora el momento de volver a negociar. Es cierto que cuando se alcance un acuerdo de paz habrá que hacer concesiones dolorosas para las víctimas. Habrá criminales que apenas paguen por sus culpas, sin duda alguna, pero no debe llegarse a la impunidad ni a la entrega del poder, aunque sea parcial.

Ahora sí que llega el momento de alcanzar un acuerdo para lograr el fin del terrorismo. Esperemos que los políticos colombianos hayan entendido el mensaje que enviado por los votantes.

Autor: Antonio José Chinchetru, que publica en su diario, “El Cuaderno de Chinchetru“, y nos cede este artículo.