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Nosotros, Monos (Entrevista a Pablo Herreros Ubalde)

escrito por Germanico 22 septiembre, 2016
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Pablo Herreros Ubalde

Hace bien poco (nada en términos geológicos) que entrevistamos al divulgador científico inglés Jon Turney en relación con su libro Yo, Superorganismo. A través de la entrevista y de su introducción tratábamos de poner de manifiesto el hecho (hasta hace poco “invisible”) de que nuestros cuerpos son el lugar en el que se desarrollan múltiples ecosistemas interconectados de microorganismos, y que en su papel de hábitat o conjunto de hábitats para distintos ecosistemas, nuestro cuerpo no era un mero receptáculo pasivo, sino un agente activo, tan involucrado y dependiente en el funcionamiento de éstos como todos los demás integrantes de los mismos. Hasta tal punto es así que Turney llega a la nada sorprendente conclusión de que nosotros, los humanos, somos superorganismos. Pero aunque su paso, al principio y al final de su obra, por delante del espejo, le ofrece, desde una óptica renovada, una visión distinta de sí mismo, el hecho es que lo primero que ve siempre que se mira en el espejo es a un primate. La primera declaración que puede hacer tras ver su imagen devuelta por el cristal reflectante es: Yo, Primate.

Dada la escasa comprensión que la mayoría de las personas tienen sobre nuestras relaciones filogenéticas o, para ser más precisos, sobre el “quién es quién” en el gran festival evolutivo de los primates, no resulta extraño que llamen “mono” a todo lo que se menee que pertenezca a nuestra familia extendida. De hecho, cuando Darwin publicó el Origen de las Especies, lo que preocupaba a la gente es que el hombre “viniera del mono”. Una preocupación que, vista la naturalidad con que la gente da la espalda a las conclusiones últimas ineludibles que se derivan de este hecho en sus vidas primates, sigue estando presente, aunque quede arrinconada en el inconsciente. Cualquiera que quiera pasar por ilustrado reconocerá que la evolución es lo que nos ha traído aquí, a partir de lo que Darwin llamó unos “orígenes más humildes”. Pero si tocamos cuestiones políticas, morales, religiosas, de costumbres, tendencias cognitivas etc a la luz de la evolución, de repente algunos exclaman, rasgándose las vestiduras: “El hombre no es cualquier animal. El hombre es único”….en su especie.

Conviene pues que, antes de trasladar al gran público cualquier noción que se asiente sobre la evidencia sólida de que somos animales puros y duros, tal como que somos “superorganismos”, sentemos claramente las bases, empezando por lo más obvio, por aquellos seres a los que más nos parecemos (o aquellos que más se nos parecen, si nos queremos poner antropocéntricos). Nosotros, superorganismos, somos, a primera vista, pero sin ningún género de dudas, primates. Somos, en lenguaje popular, “monos”.

Así que entonemos el mea culpa por obviarlo a diario con nuestras actitudes, creencias y comportamientos a pesar de que nuestra razón nos lo indique, a poco que pensemos en ello. Todas las mañanas querido lector, mírese en el espejo y dígase: “Yo Mono, Yo Mono, Yo Mono”, y acompañe esta letanía de grotescas muecas. Verá como no se defrauda.Tan patético espectáculo, en su comicidad, encierra nuestra esencia.

cubierta_yo-monoNuestro invitado de hoy es, como Turney, divulgador. Su formación en Sociología y Etología le han dado una visión privilegiada para apreciar los matices de lo que somos por encima de todo, primates. Y como Turney ha escrito un libro con un título igualmente enfático respecto a la primera persona, pero que sin duda puede aplicarse a la primera persona del plural: “Yo, Mono” es una humilde declaración ante el espejo de la naturaleza de un humilde observador de nuestros “humildes orígenes”. Pablo Herreros Ubalde es, en esta obra, el “yo”. Los humanos somos en realidad los protagonistas (aunque con un plantel de actores protagonistas muy amplio, que hace difícil que seamos los principales protagonistas), y el título que se termina leyendo, si se comprende cabalmente lo que escribe, es “Nosotros, Monos”.

EN 1967 se publicó el libro del etólogo y zoólogo británico Desmond Morris “El Mono Desnudo”. El libro tuvo ese poder irresistible de atracción de lo prohibido para muchos lectores, y provocó el esperado rechazo por parte de los que, de algún modo, creen que disponemos de facultades “superiores”, más o menos trascendentes. Traía aquel libro de vuelta la “peligrosa idea de Darwin” (tal y como la definió el filósofo Daniel Dennett) del modo más peligroso: incidiendo en nuestra animalidad, manifiesta en nuestros comportamientos más humanos.

Pablo Herreros Ubalde, que ha actualizado el mensaje casi 50 años después con su “Yo, Mono”, ha tenido la amabilidad de respondernos unas preguntas. Para seguir sus interesantes artículos pueden acudir a su blog, en El Mundo, y si han estado atentos a la 2 de TVE, en lugar de proclamar que les encantan los programas de naturaleza de la 2 mientras miran los de variedades de otras cadenas (por llamarlos de alguna forma), sabrán que presentó el Programa Yo, Mono, y que fue uno de los asesores De Eduard Punset en el mítico programa Redes.

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Manuela y Pablo

1.- A pesar de las profundas implicaciones de las ideas de Charles Darwin sobre nuestros orígenes la repercusión que han tenido en el imaginario colectivo parecen más bien pobre, consistente en unos pocos estereotipos recurrentes. ¿Como sociólogo y etólogo, cómo explicarías el poco efecto que ha tenido en la gente corriente la peligrosa idea de Darwin?

Efectivamente, una cosa es decir « acepto la Teoría de la Evolución », y otra muy distinta entender los mensajes o realidades que subyacen la que para algunos es la verdadera « peligrosa idea de Darwin ».

Por ejemplo, uno de los mensajes más importantes para un etólogo y primatólogo como yo es el de la continuidad entre los animales y el ser humano. Darwin solía decir que« las diferencias entre el ser humano y los animales son de grado y no de tipo », lo que traducido al lenguaje común sería como decir que lo que nos distingue no es nada excepcional sino solamente un mayor desarrollo de algunas capacidades que son compartidas con otros animales, ni siquiera todas. Esto afecta a capacidades que parecían exclusivas de nuestra especie, como es el caso de la existencia de inteligencia, emociones y toma de perspectiva ajena o empatía en otros animales no humanos. Ya ni menciono el tema del uso de herramientas porque es un debate obsoleto.

Una de las razones más fácilmente detectable es la influencia de la Iglesia y cómo los principios de Darwin ponen en peligro los pilares sobre los que se erige: la creación e inmutabilidad de las especies, el origen de los valores o el perdón.

Culturalmente, es muy difícil de cambiar este modelo mental porque conlleva aceptar por la sociedad que somos iguales a otros animales. Nos obligaría a cambiar casi TODO lo que concierne a las relaciones que tenemos con ellos: industria alimentaria y textil, la investigación biomédica, las políticas medioambientales incluyendo el tipo de energía, el mundo de las mascotas y un largo etcétera más.

Desde el punto de vista espiritual en general se puede resumir en algo muy simple: los seres humanos no somos tan guays, no somos únicos desde un punto de vista estrictamente evolutivo. Eso no quiere decir que no poseamos habilidades excepcionales, pero la brecha con otros seres vivos se elimina.

2.- Desde el Mono Desnudo de Desmond Morris hasta tu Yo, Mono han pasado muchas cosas. Un etólogo tiene mucho más que decir de nuestro comportamiento ahora que en la época de Morris, y desde luego se han superado algunos de los prejuicios que impregnaban su trabajo. Pero el eje central permanece a través del tiempo: somos “monos”…un cierto tipo de “monos”….¿Pero qué clase de monos?  

Desmond Morris, uno de los pioneros en la comparación puso a disposición de la sociedad unas gafas nuevas con las que ver al ser humano que pone de manifiesto las analogías y similitudes con otros animales, especialmente los primates. Es cierto que cuando él lo escribió había pocas investigaciones en las que apoyarse  y muchas son puras especulaciones pero su intuición era acertada en muchas ocasiones. Estoy seguro de que le encantaría volver a escribirlo sabiendo lo que sabemos ahora.

Respecto a qué tipo de monos somos (palabra que solo podemos usar en castellano, ya que monkey en inglés no incluye a los grandes simios) nadie está seguro. Unos que acumulan conocimiento. Unos en los que ciertas capacidades se han desarrollado a marchas forzadas, quizá por el surgimiento de un lenguaje hablado capaz de transmitir con mucha precisión ideas, conceptos, datos y cualquier otra información relevante para la adaptación y evolución cultural. Poder acumular toda esa sabiduría a través de la escritura o la transmisión oral, ahora también en las redes. !Esto es muy fuerte en términos evolutivos! Así que monos acumuladores de cultura, lo que llaman el « efecto trinquete », aquel que nos permite inventar algo basándonos en invenciones que otros han realizado de manera previa. Es algo que marca diferencias a la hora de crear.

 

3.-Hablar de humanidad tiene más de hablar de “nosotros” que de “yo” por nuestra faceta social, que es precisamente la que estudias y divulgas. Nuestra cognición social es particularmente sofisticada y vivimos en una permanente contradicción entre impulsos egoístas e impulsos altruistas, tanto con propios (endogrupo) como con extraños (exogrupo). Pero una de las cosas que nos hacen humanos, y que ha generado morales, leyes, costumbres etc…es precisamente esta contradicción. ¿Es entonces un “Nosotros” conflictivo lo que llamamos humanidad? 

Sí, estoy de acuerdo con esa dualidad constante que danza en nuestro interior. Pero también mencionas un nosotros altruista, el cual creo que prevalece frente al egoísta. Me explico. La vida de una persona es muy larga para considerarla como egoísta o altruista. Excepto en el caso de psicópatas, genocidas y demás, sería difícil poner etiquetas de bueno o malo que incluyen toda una vida. Lo cierto es que los cooperadores, los que ponen el énfasis en el nosotros más que en el yo han sido y son mayoría. Si no la vida en grupo no hubiera sido evolutivamente estable, exitosa para que nos entiendan todos y todas. El día que los « free rieres », los individualistas y egoístas superen en número a los colaboradores se acabó la historia.

4.-Edward O. Wilson proponía unificar la sociología con la biología en la Sociobiología, y después Tooby y Cosmides han tratado de fundir la psicología con la evolución humana, con la psicología evolucionista. Y la Etología ha estado siempre ahí,  como un sólido cimiento. ¿Se pueden entender la mente y las sociedades humanas sin la etología?   

No me gusta la prepotencia de algunas disciplinas que se creen capaces de explicar mejor que otras los fenómenos sociales o la psicología del individuo. En realidad estamos trabajando todos a la vez,  alrededor de un mismo problema desde diferentes ángulos. La etología me parece básica pero no menos que la biología evolutiva o esas otras que mencionas. Durante la especialización académica, en posgrados normalmente, te hacen creer que son departamentos estancos. Les gusta sentirse únicos y dar a entender que poseen el secreto que explica todas las cosas incluso dentro de una misma disciplina adhiriéndose a escuelas como el coductismo, la sociobiología, el enfoque cogntivo, etc. A veces se siente ese rechazo a otras disciplinas en las universidades. A la hora de la verdad, debes conocerlas todas, al menos en cierta medida. En fin, una lástima pero aquí nadie es irremplazable.

 5.- Poniendo en un plato de la balanza los parecidos y en el otro las diferencias entre nosotros y el resto de primates     ¿Cuál dirías que pesa más? 

Sin duda, el lenguaje hablado y la capacidad de pensar en el futuro gracia a él. No tanto por la capacidad en sí, ya que otros animales tienen lenguaje, sino por su potencial , por su precisión e impacto en todas las áreas de la vida. Generó una explosión o desarrollo cognitivo sin precedentes. Como por ejemplo, recopilar conocimiento, lo que antes mencioné como efecto trinquete. Este hubiera sido muy muy limitado sin el lenguaje hablado, como les ocurre a los chimpancés. Estos últimos también se basan en el conocimiento de la comunidad, se copian e incluso hay indicios de enseñanza activa, pero la sabiduría se pierden en su mayoría cuando el individuo muere. En nuestra especie continúa aunque también se va perdiendo en gran parte.

6.-¿En qué trabajas ahora? ¿Cuáles son tus proyectos de futuro?

Estoy con un proyecto audiovisual apasionante sobre el arte paleolítico en la Península Ibérica e investigando sobre el fenómeno de los « niños salvajes », tanto los que han crecido entre animales como también los que tristemente han sido aislados desde pocos días después de nacer por culpa de sus familias. Y lo que surja, que será mucho, porque quiero seguir conociendo al ser humano, desde todas las perspectivas que me sea posible. Porque cuanto más conozco a los animales, más conozco a las personas. Lo mismo es cierto a la inversa.

 

Libro:

Yo, Mono. Pablo Herreros Ubalde.