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Soberanía individual en lugar de paternalismo estatal

escrito por Luis I. Gómez 14 septiembre, 2016

¿Existe, en esta Europa de las socialdemocracias, algún resto de propiedad privada? Hablo de propiedad en el verdadero sentido de la palabra: entendida como la verdadera generadora de individualidad, como autonomía personal, aquello que confiere al producto de lo que hacemos una impronta reconocible y asignable a una persona, no me refiero al sistema legal-estatal de concesión de licencias. No les hablo de derechos abstractos amablemente concedidos por el Estado, les hablo de los espacios privados en los que sólo su voluntad cuenta y a los que los demás sólo podríamos acceder bajo condiciones muy especiales dictadas por el “dueño”. Esta forma de entender “propiedad”, o soberanía individual si lo prefieren, cada vez es más ajena al europeo moderno, cada vez más escasa. Y, tal vez por ello, cada vez más valiosa.

El ciudadano de hoy ha sido declarado oficialmente menor de edad. Él y sus acciones ya no son el punto de partida de la dinámica social, sino que forma parte de una masa social GESTIONADA. Menor de edad y gestionado, el ciudadano debe plegarse a los dictados de quienes dirigen la maquinaria social,  maquinaria en la que es visto como un simple número y cuya única función es la de obedecer los objetivos políticos y sociales fijados.

El ciudadano debe comprar coches eléctricos y gastar su dinero en subvenciones para su implementación, debe fumar menos o no hacerlo en absoluto, moverse más en bicicleta o caminar, comer más sano, elegir a los partidos políticos correctos y defender una opinión política “socialmente aceptada”, fomentar las ONG verdes, vivir más ecológicamente, comprar café de comercio justo, beber menos alcohol, no olvidar revisar su estado censal, no poseer armas, jamás jugar a “juegos violentos” en su PC, dedicar la mitad de sus ingresos para el estado, evitar los alimentos transgénicos, educar a sus hijos tal y como el estado nos dice que se debe educar adecuadamente,  escribir de manera “igualitaria”, convertirse en donante de órganos, denunciar los “anuncios sexistas”, construir su casa en los principios de la “eficiencia energética” y, por último pero no menos importante, denunciar cualquier violación de las “leyes de la comunidad” a través de las Redes Sociales, Este es fundamentalmente el fruto del “orden libre y democrático” al principio del siglo 21.

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Desde el punto de vista pedagógico-terapéutico – la socialdemocracia es terapia y pedagogía- los GESTORES no pueden abandonar a su destino a los miembros negligentes. Después de todo, ellos se autocomprenden como la encarnación de la razón y, por tanto, reconocen en lo “irracional” su peor enemigo. Perseverantes, se fijan como objetivo educar a estos “herejes sociales” para convertirlos en buenos conciudadanos, educándoles políticamente y en la mejora de su conciencia social, convirtiéndoles en demócratas sinceros, prudentes usuarios de las carreteras, estudiantes “críticos” o votantes fieles; entonces, y sólo entonces, tendrán derecho a una vida plena entregada al servicio de los demás. De la “gente”.

El espacio público y privado se disuelven y mezclan lentamente pero con contundencia, fruto de la labor pedagógico-terapéutica de decenios. Ya nadie se corta un pelo a la hora de mostrar su esfera privada: exibicionistas convulsivos, contamos qué comemos, cómo gastamos el dinero, con quien estamos de fiesta y si fulanito  ligó con menganita. Al mismo tiempo, vemos cómo los asuntos privados se transforman en materia estado. Los “gestores” ya discuten en sus sillones parlamentarios temas que hasta no hace mucho eran exclusivos del ámbito privado: si podemos fumar y cuánto y dónde, qué debemos/podemos beber y comer, que chistes deben hacernos gracia y qué podemos decir acerca de los problemas políticos y sociales, no sea que, alejados de la “corrección política”, debamos ser convenientemente reeducados. La supuesta autoridad y superioridad moral de la clase política es algo ampliamente aceptado como verdad por la gran mayoría, hecho este absolutamente irracional e incompresible, sólo apenas justificable desde la intensa indoctrinación a que estamos sometidos.

Los ciudadanos soberanos no deberían ser persuadidos sobre qué productos, personas o formas de diversión tienen que evitar. No, debemos atrevernos a pensar de nuevo y percibir lo que nos parece razonable, y proclamar nuestra opinión con confianza a los cuatro vientos. Porque la vida privada, el compromiso ofensivo y combativo con lo que nos es propio y nos hace singulares, rompe las exigencias políticas de los ingenieros sociales y les priva del monopolio de la supremacía moral. En estos tiempos que corren, preservar nuestra soberanía individual y el espacio de propiedad en que la desarrollamos es un acto subversivo, que debe ser dignificado. Lamentablemente, es bastante infrecuente.

  • Es muy fácil, Plaza:

    todo aquello que me atañe a mí sobre lo que tú (ni otro) puedes opinar, regular o coartar porque supone una agresión, eso es mi ámbito personal, individual. Todas las sociedades reconocen ese ámbito privado, esa soberanía individual, excepto las dictaduras. Todas. Por eso no te cito ninguna.

    Toda la teoría de la agresión no física en psicología se basa en ese principio percisamente -> nadie tiene derecho a invadir el ámbito personal (su territorio de autopropiedad) de otro, ni a limitar los actos voluntarios que de ello se derivan (soberanía individual) excepto si éstos constituyen un delito. Cualquier medida preventiva (obligar a tu mujer a no salir de casa, impedir a tu hijo/hija salir con el novio/novia de su elección, …) es considerada una agresión. Cualquier psicólogo te hablará de los traumas que ello genera… en el individuo, no en la “sociedad”.

    Efectivamente, Plaza, los grupos siempre han pretendido ser intervencionistas a la hora de asegurarse una determinada homogeneidad que permitiese su subsistencia. No he puesto eso nunca en duda. Pero la Ilustración, el humanismo, habían dado un paso adelante en la necesaria defensa de los derechos de cada uno fente a los dictados del orden establecido. Lo que denucnio es que estamos dando un paso (o muchos) atrás.

  • plazaeme

    No, no, no. No me largues textos en los que no sé lo que quieres decir ni qué buscar, ni qué es lo relevante. Además, no me importa lo que sea la idea de no sé quién de la “soberanía individual”. Lo que me importa es una función que se pueda observar, e idealmente medir. Aún más, la diferencia en las funciones y posibilidades de una sociedad respecto que tenga más o menos “soberanía individual” sea eso lo que sea.

    Entiendo que te niegas en redondo a señalar una sociedad con “soberanía individual” adecuada. Lo que me hace entender que sólo existe en tu imaginación. No es un detalle menor.

    ¿Me señalas en qué no era ayer menor de edad la sociedad? ¿En serio? Supongo que te refieres al párrafo que empieza con “el ciudadano debe comprar coches eléctricos y …”. Vale, señalas una seri de cosas que como antes no había, la sociedad no intervenía. O la obsesión de la salud. Pero, ¿no has considerado la posibilidad de que veas un cambio en las materias de intervención, y no en el intervencionismo? Joé; no te voy a hacer una lista. Tú puedes pensarlo igual que yo.

    Resumiendo. Salvo para “iniciados”, este tipo de entradas le suena a cuento chino al resto de los mortales. Y eso no suele ser lo mejor.

  • Hombre, pues entonces sobre sopberanía individual mejor que leas otras fuentes en lugar de sólo a mí. Por ejemplo Lemieux, que lo explica muy bien: http://unioneditorial.net/nueva-biblioteca-de-la-libertad?page=shop.product_details&flypage=flypage.tpl&product_id=56&category_id=7

    “…me señales en qué ayer no era menor de edad…” … ya lo he hecho, hay un párrafo completo en el que queda descrito… y me dejo cosas en el tintero.

  • plazaeme

    Ni siquiera sé de lo que estamos hablando. Soberanía individual, chupi. ¿Te refieres a la del cazador del paleolítico? Te engañas; tenía mucha el jefe de la banda, y nada los demás. ¿En qué sociedad en concreto había o hay una “soberanía individual” como la que crees que debería haber.

    Es lo de siempre, Luis. Imaginas algo que “debería ser”. Estupendo; puede que tengas razón. Pero es importante saber si eso existe fuera de tu imaginación, o es simplemente algo que debería existir … pero no existe. Porque si no existe, lo primero es preguntarse si realmente puede existir, más allá del mundo imaginario.

    Mi pega creo que es obvia.

    El ciudadano de hoy ha sido declarado oficialmente menor de edad.

    Estoy de acuerdo. Lo que quiero es que me señales en qué ayer no era menor de edad , y qué ventajas tenía el asunto.

  • La adopción de “normas de conducta” para no ser considerado un paria es algo que no es nuevo. La invención de normas de conducta en función de un diseño artificial de sociedad y su imposición vía ley y sistema educativo por parte de los “gestores” si es más nueva. y no es natural, ni social, ni humana.

    De todas formas, en este artículo no hablo de propiedad, hablo de soberanía individual y ámbito privado. Por cierto, antes de que escribas sobre la inexistencia de algo así como “soberanía individual” piensa en los delincuentes … o los pioneros de lo que sea, por ejemplo. Tanto la delicuencia como la innovación nacen (sí, en el caldo de cultivo de la sociedad en que se producen) de la voluntad del delincuente o el innovador. El primero para romper las reglas de su sociedad, el segundo para cambiarlas. Ambos desde su propio ámbito personal. O los etarras son victimas de la sociedad?

  • Carlos

    Vivir en sociedad siempre ha implicado limitar la esfera de actuación de los individuos. Pero ¿realmente hay que regular la forma en que se instala un aire acondicionado en la fachada de tu casa? o ¿el color de los cerramientos? ¿No sería mejor que no hubiera una regulación al respecto y solo si alguien siente su derecho de propiedad afectado recurriese a la admon de justicia?.
    Tengo la sensación de que para cada paso que doy, para cada acción que acometo, hay uno o varios artículos de algún cuerpo normativo desconocido que lo regulan…
    Si pudieramos ver la vida con realidad aumentada, veríamos que nos salen bocatas flotantes de texto junto a cada objeto, a cada acción.

  • plazaeme

    La pega. Que es la de siempre. Observas unas cosas que te parecen mal. Y señalas por qué te parecen mal. Y dices que son nuevas. Pero realmente no muestras que sean nuevas, ni muestras el efecto pernicioso nuevo de esas cosas.

    Eso que observas, aparentemente es una “forma de entender la propiedad”. ¿Podrías señalar el mundo, presente o pasado, donde se “entendiera la propiedad” de una forma que te parezca adecuada?