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El estado y la seguridad. Cuestión de suerte

escrito por Luis I. Gómez 15 julio, 2016

Constitución Española, art. 104 :

Las Fuerzas y Cuerpos de seguridad, bajo la dependencia del Gobierno, tendrán como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana.”

Caminaba yo tranquilamente por el Barrio Húmedo leonés en una de esas noches templadas de verano. Las calles estaban realtivamente pobladas de otros transeúntes que, como yo, disfrutaban del calor de las piedras centenarias y el olor a morcillas a la plancha. Todo estaba en su sitio, nada podría alterar el sosiego del espíritu: los ojos puestos en cada edificio, de vez en cuando buscando la mirada cómplice y complacida de la familia que caminaba al lado, los pasos pausados, deleitándose de la total ausencia de prisa y estrés.

Había merecido la pena: un año más, tras muchas semanas de trabajo y ahorro, dejábamos el alma mecerse en el entorno reconocible de nuestra infancia invitando a nuestros hijos a compartir con nosotros memorias y sentimientos: colaborando en la creación de sus propias memorias y sentimientos. Al pasar delante del viejo ayuntamiento, las subjetividades que me tenían absorto en algo así como un estado de felicidad dejaron lugar a otras subjetividades no menos importantes. Recordé que la ciudad de León posee (como todas) una historia milenaria digna de ser comentada a mis hijos. Y les hablé del Reino, y de las guerras contra los invasores (islámicos, castellanos, franceses) y de la guerra civil y su desenlace, la dictadura y la posterior instauración de la democracia. Fue la suma de las subjetividades de los leoneses. les contaba, la que les llevaron a mantener una identidad más allá de la toponimia, de lo puramente geográfico. Cazurros nos llaman los de “fuera”.

De repente, aparecieron unos señores con armas de fuego y se liaron a tiros cerca de la Casa de Botines. Gritos, carreras, pánico… nos escondimos como pudimos tras la fuente que hay delante de la entrada del aparcamiento subterráneo. Yo intentaba proteger con brazos, cuerpo y mente los brazos, cuerpos y mentes de mi mujer y mis hijos. Mi hija sacó su arma (un teléfono móvil HTC) y marcó el 091. Que ya estaban al corriente, que no nos moviésemos del escondite, le dijeron. Cuando llegó la policía y logró abatir a los tres asesinos, los cuerpos de los heridos (muchos sin vida) se repartían por la Plaza de Botines como perlas arrancadas de un collar. Dolor y lágrimas.

Nosotros habíamos tenido suerte.