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Pactos, elecciones y pitonisas

escrito por Miguel A.Velarde 25 febrero, 2016
-¿Seguro que tenemos suficiente? Que no me he traído calculadora... - Sí hombre, sí. No te preocupes y mira al frente con cara de hacer Historia.

-¿Seguro que tenemos suficiente? Que no me he traído calculadora…
– Sí hombre, sí. No te preocupes y mira al frente con cara de hacer Historia.

Permitanme sumarme relajadamente a la corriente. Dado que todo el mundo se ha vuelto experto en pactos y en aritmética parlamentaria, y el común de los mortales hemos sido tocados por la providencia para obtener las facultades de la pitia (que, recordemos, traducía para los oídos humanos la voluntad de los dioses), he decidido sumarme a la fiesta. Más que nada porque no podrán negarme que es divertido. Adelanto, para evitar decepciones, que suelo fallar en mis predicciones. No mucho más que los reputados profesionales del análisis político, pero no es cuestión de ofrecer falsas expectativas a nadie. Quedan avisados.

Antes que nada, me van a perdonar que comparta una reflexión, que esta vez sí es contraria a la corriente mayoritaria de pensamiento: No creo que nadie, cuando votó en aquel no tan lejano domingo, estuviera pensando que lo hacía para que el beneficiado de su voto tuviese que pactar con otro.

La percepción que tuve en aquel momento era que cada cual votó a aquel que quería que gobernase. No me pareció que nadie cavilara con que iba a elegir a PACMA para que pactase con IU, y así crear una coalición que equilibrase vaya usted a saber qué. Sé de gente que votó al PP porque quería que gobernase Rajoy, conozco a quien votó al PSOE para que Pedro Sánchez fuese presidente, o a Ciudadanos para que fuera Rivera quien ocupase la Moncloa. Incluso conozco a quien votó a Podemos para que le concediese una paga vitalicia, le quitase el dinero a los ricos, y montara guillotinas en las plazas públicas.

Lo digo, más que nada, porque no veo yo eso de que “el pueblo ha pedido pactos” o que “los votantes han querido que se pongan de acuerdo para gobernar”. Pero claro, de momento no he conseguido que Apolo me hable. Será porque no inhalo vapores de ninguna grieta, pero es que me parece poco sano. Manías mías.

Por supuesto, con los resultados que tenemos, si alguien quiere gobernar es necesario un acuerdo entre varios partidos. El problema es que casi todos desean repetir las elecciones, de modo que esos pactos se vuelven muy complicados. Evidentemente no puedo estar en la cabeza de nadie, pero por sus actos se les conoce, como decían San Mateo y Bruce Waine.

Pero como ya me he enrollado suficiente, voy a pasar a dar mi humilde visión sobre la postura que cada partido parece tener al respecto del resultado de las últimas elecciones. Un análisis que, claro está, necesita unas matizaciones bastante más profundas, pero que excederían la extensión razonable de este escrito. Así que me perdonarán que cambie la pincelada por el rodillo para gotelé, y comienzo:

PP: En principio, Rajoy tiene un problema, y es que ha ganado las elecciones. Ese no debiera ser un gran problema, claro, excepto porque es consciente de que le resultará imposible obtener la mayoría mínima imprescindible para formar gobierno. De modo que ni lo ha intentado, y ha maniobrado con vistas únicamente a unos nuevos comicios, quizás confiado en tres razones:

La primera, es que nadie más estaría en condiciones de gobernar. Algo arriesgado, porque fiarlo todo a que políticos rivales se mantengan fieles a sus principios, no sé si en España es una buena idea. Los ultimatums y los puntos irrenunciables podrían pasar en el último minuto y por sorpresa, a ser meros detalles menores.

La segunda, que unas nuevas elecciones actuarían como segunda vuelta, donde se beneficiaría del retorno al hogar del pródigo voto útil. De aquellos descontentos que se marcharon hacia C’s (e incluso a Vox, de quien todo el mundo se olvida, y no sin razón en vista de sus resultados) y que ahora verían aterrados la posibilidad de un consejo de ministros con Podemos dentro.

Y la tercera, que ante un hipotético segundo escenario de negociaciones, haber ganado dos elecciones seguidas lo pondría en una clara posición de fuerza frente a exigencias de otros partidos que se dejasen querer. “La voluntad popular” dando dos veces el mismo resultado ya no podría venderse como un simple accidente o una mera desviación de la realidad frente a cierto ideal muy particular. Me parece evidente, pues, que el PP quiere nuevas elecciones.

PSOE: Aquí sí que tienen un problema. No es lo mismo lo que quiera Pedro Sánchez que lo que deseen una buena parte de dirigentes regionales y mandos intermedios del partido. Los distintos cuerpos de ejército llevan un tempo actuando por su cuenta al margen de las órdenes del Cuartel General, al estilo de la Wehrmacht en 1945, y ese no es un síntoma demasiado bueno.

Posiblemente, el único en todo este drama (¿lo llamamos circo, mejor?) que no quiere nuevas elecciones sea Pedro Sánchez, quien ve que no queda nadie que sostenga el escudo bajo sus pies. O gobierna, o es sustituido. O pudiera ser peor: se podría encontrar con que nadie quisiese ponerse en su lugar ante unas nuevas elecciones en las que todo indica que la bofetada podría ser aún mayor.

No se puede negar que el hombre está pataleando hasta el final. Parece que inútilmente, claro, aunque como ya dije, que haya quienes nieguen rotundamente su apoyo, no significan que no lo vayan a prestar al final. Todo depende del precio que se esté dispuesto a pagar. La memoria es débil, y los fans se tragan cualquier explicación.

Ciudadanos: El riesgo que corre este partido es bastante alto. Por un lado, todas las encuestas parece que les prometen mejorar sus resultados. Por otro, es de suponer que serán conscientes que una parte importante de sus votos provienen de los descontentos con el PP, y que éstos son volátiles y huidizos.

Por otra parte, aparentemente no renuncian a captar cierto voto que huye del PSOE. En esa línea parece incardinarse el acuerdo actual con éste partido. Porque de ninguna forma pueden ignorar que del mismo, y a menos que cambien mucho las circunstancias, no puede salir ningún gobierno. Las matemáticas son tozudas. Ahora bien, cuando en las nuevas elecciones que sin duda esperan, les echen en cara ser “la marca blanca del PP” (una curiosa acusación, que evidencia lo poco que se entiende la ley D’Hondt), podrán responder que no, que ellos incluso iban a llevar a un socialista a la presidencia.

De modo que al igual que el PP, C’s también se la juega a que los partidos exóticos no se avengan a pactar, y que al final, sean necesarias nuevas elecciones, donde ellos aparecerán como los que hicieron todo lo posible para evitarlas.

¿Es buena idea arriesgar la pérdida de votos hacia el PP para ganar a quienes huyen del PSOE? Quizás sí en las comunidades donde el nacionalismo ha arraigado. Como suele pasar con estas cosas, habrá que ver el resultado final. Ya decía Von Motke el viejo algo así como que no hay plan que sobreviva a los diez primeros minutos de batalla.

Podemos: Es complicado saber lo que les pasa por la cabeza a sus dirigentes, sobre todo porque no parece que todos los de los partidos que lo conforman estén de acuerdo entre sí. De hecho, ni siquiera dentro de la agrupación principal. Que como técnica habitual afirmen sin rubor una cosa y la contraria, tampoco ayuda demasiado. Sin embargo, su táctica parece cristalinamente evidente. La técnica de pedir lo imposible de forma ofensiva, para que resulte inaceptable, es tan vieja como el mundo. Que se lo pregunten a los gobiernos austriaco y serbio en 1914.

Podemos se las promete muy felices absorbiendo, sin prisa pero sin pausa, a los votantes del PSOE. Pero en una segunda vuelta el voto útil que esperan es el de IU, a quien es posible que fagociten sin misericordia (y de nuevo la ley D’Hondt camparía por sus fueros). A pesar de ello, deben de saber que no pueden esperar más: o gobiernan ahora, ya sea directamente o pactando con un presidente débil al que convertirían en un mero títere, o lo hacen en una repetición de comicios. Porque si la situación se estabiliza y la crispación se atenúa, se arriesgan a volver a la cola, convirtiéndose en un mero sustituto de IU.

Rómulo Augústulo y Odoacro.

Rómulo Augústulo y Odoacro.

IU: Supongo que cuando los senadores vieron a Odoacro, con cara de pocos amigos, acercarse al palacio del emperador en Roma, tendrían la misma sensación que muchos militantes actuales de IU. Posiblemente éste sea el único partido (junto con Pedro Sánchez) que no quiera repetir las elecciones. Su esperanza está en mantenerse como sea en el parlamento hasta que las cosas se calmen y Podemos se vaya desinflando poco a poco. Eso o ser absorbidos.

No me extrañaría que Pablo Iglesias ya tuviera preparados los paquetes para enviar por mensajería, al emperador de Bizancio, las insignias y emblemas imperiales.

Los Nacionalistas: Me van a disculpar que los meta a todos en el mismo saco. Pero es que ya llevo escrito mucho más de lo que pretendía, y la relevancia de este grupo es cuanto menos, dudosa. Podríamos distinguir, así a lo bruto, entre los conservadores y los de izquierdas.

Los primeros, a pesar de los vaivenes, se ven bastante seguros como para que no les importe una cosa u otra. Pactarán si se les paga bien, sin importar más consideraciones, o si no, se presentarán a nuevas elecciones confiados en que su resultado será, más o menos, el mismo.

En cambio, los de izquierda están sufriendo el acoso de los bárbaros de las estepas. Al igual que IU, ven sus posiciones minadas sorpresivamente por Podemos y sus filiales. De momento parece que no han decidido aún cómo actuar. No saben si resistir o dejarse llevar, y eso los hace bastante impredecibles. Aunque también bastante irrelevantes, de momento.
En resumen, unas nuevas elecciones me parecen inevitables. Más que nada porque quienes podrían evitarlas, no quieren hacerlo, y quienes quieren, no pueden. De modo que para finalizar pueden surgir dos preguntas:

eleccionesLa primera podría ser si eso es malo. Bien, la falta de gobierno durante unos meses no tiene por qué ser algo negativo. La Administración funciona (al menos lo hace igual que antes de las elecciones, no seamos malos), existe un legislativo (con la ventaja de que es muy difícil que aprueben más leyes, por lo que no están en condiciones de estropear nada más de lo que ya está) y el poder judicial no está afectado. Podría ocurrir alguna emergencia imprevista que hiciese necesaria una acción de gobierno, pero para eso está en funciones uno. De modo que  no veo excesivos problemas. De hecho, me parece una situación bastante atractiva.

La segunda sería sin duda qué ocurriría si se volviese a dar un resultado similar y las nuevas elecciones nos trajesen otra vez a la misma situación. Aquí es evidente que todo el mundo juega sus cábalas sobre votos útiles, maniobras de fusión de partidos, y súplicas a todos los santos (sean católicos o laicos). Este sí que es un asunto para preguntar al oráculo, y del que será mejor hablar en otra ocasión.