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Debemos recuperar el derecho a la autodefensa

escrito por Luis I. Gómez 15 noviembre, 2015

Los ataques terroristas en París tuvieron lugar en lugares públicos y en contra de civiles desarmados. No hay medio más adecuado para sembrar el terror y el pánico. Los grupos fanáticos de delincuentes lo saben y se sirven de ello de manera calculada y consciente. Y es que no hay ningún objetivo que pueda ser peor protegido con garantías por la policía y los servicios de seguridad que la población civil haciendo lo que siempre hace: vivir en sus ciudades y pueblos.  Cualquier acción política que tenga como objetivo proteger al público, es siempre una medida perfectamente apropiada para restringir las libertades de aquellos a quienes se pretende proteger.

“Al igual que en España, el gobierno francés asumió en su día ante su población una promesa de seguridad que no puede cumplir. Mediante el progresivo endurecimiento de las leyes, el gobierno incluso se ha autotransferido cada vez más competencias, enviando a  la población un mensaje fatal: usted no tiene ya que preocuparse por su propia seguridad, lo hacemos nosotros.”  Uno puede discutir sobre los motivos de los terroristas, hablar en acalorados e interminables debates sobre cómo combatir el terror con aún más vigilancia policial, más intervención en nuestras vidas, expulsión de éstos o de aquellos, o incluso, como ya escuchamos desde las esferas políticas, el envío de fuerzas terrestres occidentales a aquellos países desde los que llegan y en los que se cultivan los terroristas que nos amenazan. Pero todos esos debates jamás nos aliviarán de lo que realmente importa: los muertos.

Al igual que en España, el gobierno francés asumió en su día ante su población una promesa de seguridad que no puede cumplir. Mediante el progresivo endurecimiento de las leyes, el gobierno incluso se ha autotransferido cada vez más competencias, enviando a  la población un mensaje fatal: usted no tiene ya que preocuparse por su propia seguridad, lo hacemos nosotros. Una enorme falacia, como se ha demostrado una vez más estos días en París. Bastan algunos criminales altamente motivados para burlar todo un aparato policial  y dejarlo incapaz de algo más que la pura reacción ante una situación desconocida, en la que la policía no dicta las reglas.

¿Es así como debemos imaginar nuestro futuro y el de nuestros hijos cuando utilicemos espacios públicos?

Antes de permitir -otra vez- que nos impongan un nuevo debate sobre nuevas leyes de seguridad que debe imponer el estado y participar -una vez más- en la venta masiva de nuestras libertades, deberíamos hacer una pausa y preguntarnos:  ¿ qué es lo que realmente queremos para nosotros mismos?

Nadie está encantado de vivir en constante temor de si podrá volver a casa sano y salvo tras su próxima salida al supermercado, visita a la discoteca o cena romántica en una terraza pintoresca. Tampoco creo que nadie esté especialmente interesado en tener que identificarse ante agentes de policía  cada viente metros en su camino hacia el cine  o incluso limitar su radio de movimiento a ciertas zonas seguras.

La amenaza del terrorismo islamista nos obligará a  un replanteamiento profundo de la política de seguridad en toda Europa. Y la solución no puede ser más de lo mismo, más de lo que ya hemos visto cientos de veces que no funciona.

Lo que necesitamos es una crítica seria de la doctrina “El Gobierno garantiza la seguridad” para avanzar en la recuperación de la capacidad de defensa propia de los particulares.

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El gobierno puede seguir trabajando sus sofisticados conceptos de seguridad, mantener a las fuerzas especiales preparadas y ampliar la vigilancia incluso a los dormitorios de los ciudadanos. Nunca tales medidas tendrán efectos realmente preventivos o inmediatos, si acaso agilizarán el tiempo de llegada de la policía al lugar del crimen para tomar nota de los fallecidos e iniciar la inverstigación. La única arma que tendrá el ciudadano para defenderse seguirá siendo su teléfono y su fe inquebrantable en la efectividad de las medidas de seguridad estatales.

¿ He dicho “fe”? Sí, he dicho “fe”. Nos han programado en la creencia de que el estado nos protege, cuando no lo hace. Es una superstición. No me malinterpreten, lejos mi alegato de ser una crítica a la labor de las Fuerzas de Seguridad del Estado, que son personans como nosotros y hacen su trabajo lo mejor que pueden. Pero creo que ellos son los primeros que saben que eso no basta.

Ustedes pueden seguir profesando la fe en las estructuras del estado. Yo me sentiría mucho más seguro si pudiese llevar un arma con la que defenderme en el momento de una agresión contra mi vida o la de mi familia. ¡Reclamo mi derecho inalienable a ser yo quien defienda mi propia vida!