Home Ciencia Adipósitas infantil. ¿Es cierto todo lo que nos cuentan?

Adipósitas infantil. ¿Es cierto todo lo que nos cuentan?

escrito por Luis I. Gómez 14 octubre, 2015

Sobre la alimentación  de los niños no se ha dejado de discutir en los últimos años. Lo que normalemente nos encontramos en circulación  es una larga lista de prejuicios populares: la televisión y la comida rápida engordan; los deportes, sin embargo, adelgazan. Permítanme que refute tales ideas en base a los estudios clínicos más actuales.

Un estudio reciente con 2571 niños de edades comprendidas entre los 7 y 9 años (es decir, bastante representativo) mostró: la televisión, los restaurantes de comida rápida y poco deporte no son factores de riesgo para la obesidad. En su publicación  „Obesity risk factors in a representative group of Polish prepubertal children”, Aleksandra Januszek-Trzciąkowska y equipo refutan la creencia errónea generalizada de que los niños obesos ven más televisión, comen más hamburguesas, patatas fritas y  pizza y hacen menos deporte que los niños de peso normal. Otro estudio reciente, esta vez el de Thayse Natacha Gomes y su equipo titulado „Overweight and Obesity in Portuguese Children: Prevalence and Correlates”,   confirma estos resultados: No hay relación entre dieta “saludable”, actividades sedentarias y la actividad física con el sobrepeso y la obesidad en 686 niños de 9-11 años.

Obesidad InfantilAmbos estudios – que se llevaron a cabo de forma independiente en Polonia y Portugal – sí designan una conexión significativa: los niños de padres obesos son probablemente obesos también, algo que, curiosamente, confirma un tercer estudio, esta vez noruego: Anne Lene Kristiansen et al.: „Tracking of body size from birth to 7 years of age and factors associated with maintenance of a high body size from birth to 7 years of age – the Norwegian Mother and Child Cohort study (MoBa)”. Si tres nuevos estudios europeos independientes obtienen un mismo resultado, podemos hablar sin recelos de los genes como el factor probablemente dominante en la obesidad.

El análisis detallado de los datos del estudio polaco revela  otras conclusiones interesantes: entre los niños que no hacían deporte alguno, no fue posible hacer un cálculo de probabilidad estadística para la obesidad – la razón: entre los niños pertenecientes a los grupos de “no practican deporte”, no había ni niñas ni niños obesos. Y si los niños comían frecuentemente en restaurantes de comida rápida o no, tampoco tuvo ningún efecto sobre el peso corporal – un resultado corroborado recientemente por un estudio estadounidense. Jennifer Poti et al. en su „The association of fast food consumption with poor dietary outcomes and obesity among children: is it the fast food or the remainder of diet?” nos muestra que no existe correlación entre el consumo de patatas fritas, pizza & Co. con el peso corporal del niño. Además, los investigadores portugueses mencionados más arriba, tampoco encontraron ninguna relación entre la dieta “saludable o no” y el peso de los niños.

Además, dos de estos estudios examinaron la relación entre el nivel de ingresos y el nivel educativo de los padres y el peso de los hijos – con el resultado de que no se observa correlación alguna. Este resultado contradice hallazgos previos, sobre todo los presentados por Wolfgang Ahrens et al.: „Prevalence of overweight and obesity in European children below the age of 10”. Según Ahrens,  en uno de los mayores estudios paneuropeos realizado en ocho países, existía una mayor incidencia de niños obesos en poblaciones con bajos ingresos y bajo nivel de educación. Creo que es la versión políticamente correcta del problema que hoy podemos leer en los medios.

Sin embargo, el principal resultado de los estudios más recientes que les traigo arriba, es decir, que existe una correlación entre índice de masa corporal de los padres y la obesidad de los hijos, acaba de ser apoyado por un estudio realizado por el profesor Martin Wabitsch en el Hospital de la Universidad de Ulm: “El peso de las madres antes de quedar embarazadas, determina más tarde el peso de los niños en edad escolar primaria. Las enfermedades metabólicas desarrolladas en el período fetal no se pueden corregir con medidas dietéticas, el metabolismo no puede reprogramar “.

Lo que sí debe ser reprogramado son los mecanismos anticuados de los políticos europeos – no sólo porque los resultados de los estudios actuales desacrediten las políticas nutricionales al uso, sino porque la adopción de medidas innecesarias y absurdas en las escuelas y guarderías infantiles podrían generar situaciones de peligro para la salud de algunos niños simplemente calificados de “obesos”.

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Hasta ahora, la ciencia no ha producido ni una sola prueba de que el uso decidido de éste o aquél alimento o una forma “especial” de dieta sea responsable de que  los niños sean gordos o delgados, enfermos o sanos – y mucho menos ha producido pruebas que demuestren que existe una nutrición infantil más saludable que otra. En Alemania, las instituciones líderes en  nutrición como la  DGE o la DIfE son de la opinión de que la división de los  alimentos en  saludables y no saludables no tiene sentido. Hasta la fecha, y si nos basamos exclusivamente en la ciencia, no hay ninguna medida para prevenir la obesidad en los niños, y mucho menos para que adelgacen de forma permanente. Tampoco tenemos la una idea muy exacta de porqué muchos niños obesos “crecen” hasta ser adultos delgaditos.

La pregunta que deberíamos hacernos es otra: ¿Cuál es el propósito de los políticos  y lobbyistas con su empeño en tutelar la alimentación de todos los niños y adolescentes, cuando en primer lugar, no hay evidencia científica que justifique sus pretensiones y, en segundo lugar, no se pueden descartar daños para el desarrollo del niño? Yo no creo en las conspiraciones, pero sí en el poder de la ignorancia y en el poder que “regala” el ignorante poniendo determinadas decisiones en manos de la arbitraria opinión del burócrata de turno.

Les dejo este texto, pero sobre todo los artículos científicos comentados, por si necesitan argumentos (información) para defenderse de la intromisión incualificada de algún director de colegio, consejería de sanidad o insitución similar en la nutrición de sus hijos.