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Papa en Cuba

¿Es el Papa Bergoglio un socialista o simplemente un cobarde?

escrito por Luis I. Gómez 24 septiembre, 2015

Como a la inmensa mayoría de los nacidos e España allá por el 1962, una de las primeras cosas que hicieron mis padres conmigo fué acercarme a la Iglesia para celebrar el sacramento de mi bautismo. Por historia y educación soy católico desde siempre. Por interés propio y las cosas que tiene la vida, además soy teólogo, bachiller obtenido en el Seminario San Martín Pinario de Santiago de Compostela. Como mi vida siguió su curso imparable, no debo ocultarles que hace ya muchos años que debo presentarme como ateo si no quiero faltar a la verdad. Creo qe perdí antes mi confianza en la Iglesia que mi fe en Dios. Sea como fuere, no soy de esos ateos combativos que van por ahí predicando el laicismo a ultranza, proponiendo la prohibición de elementos religiosos en la vida de las personas religiosas o la eliminación radical de la enseñanza de las religiones en las escuelas para aquellos niños cuyos padres así lo desean.

No, soy un ateo al que las creencias de los demás no le molestan en absoluto siempre que no supongan que yo deba creer en ellas también o que deba sustentar con mi dinero las ensoñaciones que de ellas nacen. Si embargo me siento delante de mi ordenador a escribir un artículo sobre la actuación del Papa Francisco estos días durante su viaje a Cuba y USA. Alguno dirá: y si es usted ateo, ¿qué demonios le importa lo que diga o deje de decir el jefe supremo de los católicos? Me importa precisamente por eso: es el representante de Dios en el mundo, la cabeza visible de la Iglesia y la voz de todos los católicos. Al menos eso dicta la ortodoxia. Y no me vengan con aquello de “sí, pero sólo cuando dicta doctrina”. No vale.

Millones de personas se fijan en lo que el papa dice y hace, lo toman como ejemplo de vida. Su Santidad no es sólo guía espiritual, es también el modelo a seguir por los miembros de su Iglesia. Y lo que han visto millones de personas estos días, lo que deben “aprender” y copiar, es profundamente preocupante para mí: vivo entre esos millones de personas.

Efectivamente, el viaje del Papa Francisco a Cuba es un hito en la historia moderna de la Iglesia Católica. El mero hecho de que un régimen comunista permita que la religión, en boca y presencia de uno de sus mayores líderes mundiales, pueda intoxicar las mentes de su clase obrera es un acto que podríamos calificar de valiente, casi aperturista. Ocurre que no ha sido ni valiente ni aperturista, porque ni la palabra ni los actos de Su Santidad lo han sido. Y tras meditar sobre las razones que han podido determinar la actitud del Papa, apenas me quedan dos opciones:  o Francisco ha sido un cobarde incapaz de denunciar la persecución de los disidentes en Cuba (se cuentan por miles, y no parecen que formen parte de los 3.522 presos indultados para su visita) por aquello de “seamos prudentes, es la primera vez”, o es cómplice ideológico de sus anfitriones y le parece magnífico que los díscolos permanezcan tras las rejas de las inmundas cárceles cubanas.

Considero inexplicable la absoluta falta de solidaridad hablada o gestual de este hombre con la “Asamblea Para Promover la Sociedad Civil”, o con las “Damas de Blanco”, o con el “Movimiento Cristiano de Liberación”, o con cualquiera de las otras muchas organizaciones de disidentes en Cuba. Ni una palabra, ni una audencia, ni un gesto. La única explicación que se me ocurre es que Bergoglio, exactamente igual que los Castro y su politburó, piense que se trata en todos los casos de presos comunes, delinuentes. Pero ésta tampoco sirve de mucho: ¿no es la labor del Pastor ocuparse de las ovejas descarriadas de su rebaño?

Este Papa que predica el amor a la pobreza en lugar de su erradicación, abandonado al naturismo angelical, castigador de emisores de CO2, decididamente enemigo del emprendedor, no es un cobarde. Es, simplemente, un socialista unicornial.

Y su mensaje es relevante: son cientos de millones los católicos fuera de Europa, que apenas pueden leer periódicos y cuya fuente de inspiración intelectual y vital se circunscribe a la homilía dominical y las cartas parroquiales. Y lo que escuchan y leen es magia. Una magia peligrosa por cuanto que “convierte” a muchísmos de sus receptores en ovejas pobres a merced del “pastor bueno”, ignorantes de por vida de que ellos también pueden (DEBEN) tomar las riendas de su vida para salir de la pobreza, prosperar y ser más libres. ¿Acaso Dios desprecia al libre y emprendedor ?