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La historia oculta de la Talidomida, la FDA y los Beta Bloqueantes.

escrito por Arturo Taibo 11 septiembre, 2015

El pasado 10 de agosto apareció esta noticia en el ABC   (supongo que en otros periódicos también).

La profesionalidad e insistencia de la farmacóloga canadiense salvó a miles, tal vez decenas de miles, de niños yankis de la muerte o terribles malformaciones. Hasta aquí la buena noticia.

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Pero la historia no acabó ahí. Como consecuencia del éxito en la prevención de los efectos secundarios de la talidomida se emprendió una campaña en USA para endurecer los controles sobre los nuevos medicamentos. Finalmente, y como es típico en USA, el Senado abrió un comité de investigación al frente del cual se puso al senador Kefauver.

La comisión concluyó que fármacos de “dudoso valor” se estaban vendiendo a “precios desorbitados” (el entrecomillado es mío). Y como consecuencia final se establecieron unas enmiendas que modificaba la ley de 1938 (Food, Drug and Cosmetic Act) que creó la FDA.

La ley de 1938 establecía el control del Estado sobre la denominación y publicidad de los alimentos, los fármacos y los cosméticos. Así mismo, dicha ley exigía que todos los nuevos fármacos superasen una prueba de seguridad a cargo de la FDA, de tal forma que se comprobase su falta de efectos secundarios graves,  antes de que fuesen objeto de comercio interestatal. La aprobación se tenía que conceder o denegar en un plazo de 180 días después de la solicitud de la empresa correspondiente.

Las nuevas enmiendas aprobadas en 1962  añadieron a la prueba de seguridad una prueba de eficacia. De este modo que ningún medicamento puede ser aprobado hasta que la FDA compruebe no sólo que es seguro si no también  que es eficaz para el uso a que se destina. Además otra enmienda eliminaba el plazo de 180 días dando un plazo indefinido para que la FDA se cerciore de la seguridad y eficacia de un nuevo fármaco.

Las consecuencias de estas nuevas enmiendas fueron que mientras que a finales de la década de los 50 costaba, de media, medio millón de dólares y unos 25 meses desarrollar y comercializar un nuevo medicamento, 20 años después el coste era de 54 millones de dólares y el tiempo de 8 años en hacer lo mismo. (la inflación en esos 20 años fue de un 100 % por lo que el coste en términos reales aumentó de 1 millón de dólares a 54 millones, un 5.400 %). Además el número de nuevos fármacos bajó en un 50 %.

La FDA no sólo se encargó de comprobar la seguridad y eficacia de los nuevos medicamentos si no que también (y debido obviamente al escándalo de la talidomida, que sí fue aprobada en UK , y que provocó los resultados que remarca la noticia del ABC) se negó a admitir las pruebas de otros países, fundamentalmente europeos, afirmando que sólo ella podía determinar la seguridad y eficacia de un nuevo medicamento y en consecuencia su comercialización.

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Pero esos fríos datos también tuvieron sus dramáticas consecuencias.

En los 10 años siguientes a la aprobación de las enmiendas de 1962 no se aprobó en los USA ni un sólo fármaco para el control de la presión sanguínea. Mientas en UK sí se aprobaron nuevos fármacos, y en concreto unos conocidos como obstructores Beta.

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En 1978 el doctor William Wardell declaró el uso de los obstructores Beta podrían haber salvado la vida de unas 10.000 (diez mil) personas al año en USA.

Unas 50.000 personas podrían haber muerto en USA entre la aprobación del fármaco en UK y la aprobación en USA.

Y no fue el único caso.

Evidentemente de eso no habla la noticia del periódico.

Obviamente si ese resultado lo hubiera causado una empresa privada se estaría hablando de una matanza, de un acto criminal.

 

EFECTOS INDESEADOS.

Toda acción del Estado (como la de toda empresa) tiene efectos positivos y negativos. Muchas veces la acción del Estado tiene unos efectos beneficiosos claramente superiores a los perjudiciales (y a los posibles beneficios del mercado), y por tanto la intervención del Estado está justificada. Pero eso no es siempre así.

También hay muchas veces donde las buenas intenciones del Estado tienen efectos indeseados que hacen que la intervención del Estado acabe agravando los problemas que quiere solucionar (o creando otros nuevos y peores).

Pero no voy a entrar en esa discusión de los beneficios y los costes de las intervenciones del Estado si no en algo más básico: en que la gente tenga la información, o al menos una parte, de los pros y los contras de la intervención del Estado.

Desde los medios de comunicación, y desde el mundo de la cultura y los intelectuales se aplica una feroz autocensura/manipulación  que consiste en:

1.- Magnificar los beneficios del Estado.
Ejemplo: “Sanidad universal gratuita”.

2.- Ocultar o minimizar o justificar los perjuicios causados por el Estado.

El de los betabloqueantes en USA de este artículo sería un ejemplo.

3.- Magnificar los fallos de mercado (¡Incluso cuando esos fallos son provocados por el Estado!) y los errores o maldades de los empresarios.
Ejemplos hay a miles. Cualquier fraude, acuerdo para subir los precios, bajos salarios, desigualdades, calidad insuficiente de los productos o servicios, contaminación…
son puestos como ejemplo de que el sistema de libre mercado no funciona y tiene que ser corregido o intervenido (por el Estado o los intelectuales comprometidos).

Está también el cine y la televisión donde, casi al 100 %, el empresario es retratado como un ser dominado por la avaricia y la falta de escrúpulos, capaz de hacer cualquier cosa que perjudique a sus trabajadores, sus clientes y/o el medio ambiente para ganar más y más dinero.

El caso más clamoroso en este apartado sería la Gran Depresión causada por la Reserva Federa,la  Ley Hawley-Smoot y la NRA y que según los medios fue causada por un “capitalismo salvaje”.

 

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4.- La ocultación  de cualquier progreso social que haya conseguido el libre mercado y los empresarios.

Hay excepciones como Steve Jobs fundador de Apple o Elon Musk fundador de Tesla que son simpáticos a los medios.

La cumbre de este negacionismo social es el mito de la lucha obrera según el cual los progresos sociales son fruto de las demandas de los sindicatos, los “activistas”, la gente con “conciencia social” y los partidos de izquierdas  y sus legisladores, y no de la mejora de los procesos productivos y de los nuevos productos o servicios creados por los emprendedores o las grandes empresas.

El mito de que es la politización de la sociedad para pedir “derechos”, y no la acumulación de capital, la competencia y la buena dirección de las empresas, lo que genera “el progreso”.

La consecuencia de todo esto es que, especialmente en España, la gente ha sido condicionada para pensar que el mercado no funciona, los empresarios son unos malvados, el Estado es la solución, la productividad y la producción irrelevantes, que si los precios son “altos” es porque el empresario gana mucho dinero, que si los precio son “bajos” es porque el empresario engaña a la gente con productos de menor calidad o porque quiere hacerse con el mercado para luego subirlos (o las dos cosas)…

Todo resumido en capitalismo (aka neoliberalismo) malo, socialismo bueno.

Sin contrastar noticias, sin publicar las (malas) consecuencias de la intervención del Estado, sin crítica alguna

Y lo llaman periodismo de calidad.

 

Nota 1: El caso de la Talidomida vs. los Beta Bloqueantes está sacado del libro “Libertad de Elegir” de Milton Friedman. El libro  está lleno de ejemplos de los “efectos indeseados” de intervenciones estatales bienintencionadas.

El tema de los “efectos indeseados” de las políticas estatales es un tema recurrente  y objeto de continuas disputas en Economía.

Nota 2: No estoy en contra del Estado. Es más pienso que es imprescindible. Pero no toda intervención estatal, por bienintencionada que sea, tiene (siempre y solo) buenas consecuencias. Y esas (malas) consecuencias deberían ser puestas en conocimiento del público.