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Las pitadas a Piqué o el Himno Nacional. La libertad de expresión

escrito por Luis I. Gómez 10 septiembre, 2015

Es la libertad de expresión, punto. Aquí debería acabar este artículo en condiciones normales. Pero en nuestro mundo de lo políticamente correcto y el buenismo, ya no hay condiciones normales.

¿Por qué digo que no vivimos en “condiciones normales”? Porque la mayoría no sabe lo que realmente significa “Libertad de Expresión”. No es que la mayoría sea boba, que no lo es. Pero nos han educado en la corrección política y lo que yo llamo “sentimentalismo preventivo”, que no es otra cosa que la institucionalización del miedo a opinar diferente de como creemos que espera la gente que lo hagamos.

Por eso leemos o escuchamos absurdas declaraciones de periodistas, políticos, deportistas o tertulianos que vienen a significar “debemos limitar la libertad de expresión por el bien de la libertad de expresión”. Ahora puedes montar una pitada… ahora no puedes.

La libertad de expresión no significa que debamos prestar atención a todo lo que se dice. La desmelenada activista de Femen que sube a una tarima con las bragas ensangrentadas al grito de “liberad para los toros” está en su perfecto derecho de hacerlo tal y como lo hace. La única consecuencia “normal” de tal aparición sería el gesto de desagrado al ver una persona atentar contra lo que hemos aprendido que es higiénico y pudoroso, o la indiferencia más absoluta, o el apoyo incondicional a su proclama. En cualquier caso, lo políticamente correcto no debería obligarnos a hacer de ello una “noticia”…. y sin embargo lo hace. Se llama “cuota de opinión” o “pluraridad autoimpuesta”.

La libertad de expresión no significa que no podamos criticar ninguna opnión. Opiniones las hay para todos los gustos porque no existe órgano de gobierno que nos impida pensar a cada uno de nosotros como nos sale de la neurona. No niego que no se intente desde el estatismo la domesticación neuronal del pueblo, pero les aseguro que aún no lo han conseguido. Ello significa que no sólo podemos criticar opiniones, debemos hacerlo si creemos que queremos. Y nada ni nadie puede impedírnoslo, excepto mediante el uso de violencia.

La libertad de expresión no significa que lo expresado no deba nunca tener consecuencias negativas. El otro día Manolo Millón quería escribir un artículo defendiendo la importancia del estado en las relaciones interpersonales. Le dije que si lo publicaba le echaría de Desde el exilio. Me respondió que soy un criminal que no respeta la libertad de expresión. Pues no. No soy un criminal y respeto hasta el extremo su opinión, pero le digo que no en mi casa, que opine lo mismo en otro sitio. En…. una asamblea de Podemos, por ejemplo. Si no me hubiese avisado y hubiese publicado el texto, le habría expulsado del blog. Es una consecuencia negativa legítima: en mi ámbito de propiedad no se defiende al estatismo. Pero no debemos confundirnos, ¡Ojo!: no es lo mismo castigar una opinión que atenta contra una persona (difamación demostrable), que crear leyes para limitar las opiniones que pueden ser vertidas sobre lo que sea. De hecho, en esta publicación online, todo el mundo opina lo que le sale de la neurona.

La libertad de expresión no significa que las opiniones “buenas” tengan que ganar o ser mayoritarias. Tan libre es en su libertad de expresión el que pita al Himno Nacional como el que pita a Piqué. Y no pierdo de vista que considerar lo primero “normal” y lo segundo “maleducado”, incluso “vergonzoso”, o viceversa, no deja de ser una opinión libremente expresada carente de toda objetividad. Ningún intento de “consenso” podrá jamás sacarnos de la subjetividad de nuestras pitadas. A pesar del gobierno y sus palmeros.

La gente tiene ideas, creencias, y las expresa. Y en eso consiste la libertad de expresión: en que ninguna ley puede limitar a nadie a la hora de expresar lo que piensa. Nos guste, o no nos guste lo expresado. ¿Hay excepciones? Sí. La palabra también puede ser una agresión. Pero entramos en un terreno resbaladizo: usted, ¿cuándo se siente agredido? ¿Si alguien opina diferente? ¿Si alguien opina que usted es un ladrón mentiroso? ¿Son perseguibles por la ley -esto es, debemos limitar la libertad de expresión de quien dice- frases tipo “Jesús era un cabrón” o “Mahoma era un menorero”?

Y usted, ¿qué opina? Díganoslo aquí -> comentarios